¿Todo vale contra Bertomeu?
El Español ha vuelto a entrar en la polémica en torno a la sucesión de Barcelona. En esta ocasión, el artículo pone el foco en Jordi Bertomeu y plantea su posible proyección como candidato por parte de los sectores eclesiales más nacionalistas a una sede episcopal importante, particularmente Barcelona
El Español ha vuelto a entrar en la polémica en torno a la sucesión de Barcelona. En esta ocasión, el artículo pone el foco en Jordi Bertomeu y plantea su posible proyección como candidato por parte de los sectores eclesiales más nacionalistas a una sede episcopal importante, particularmente Barcelona. El principal fundamento que ofrece el artículo para esa hipótesis es la exposición pública que ha adquirido Bertomeu a raíz de su nombramiento como comisario pontificio para la liquidación del Sodalicio. Sin embargo, ¿qué hay detrás de este nuevo ataque?
1. Las reparaciones a las víctimas del Sodalicio
El artículo pone el acento en los retrasos en las reparaciones a las víctimas. Pero presentar esos retrasos sin explicar las dificultades que afronta el comisario pontificio para conseguir que el Sodalicio asuma su responsabilidad y haga efectiva la reparación con aquellos bienes que eran eclesiales y que habría privatizado, ofrece una visión necesariamente incompleta de la cuestión. Podría ser hasta una instrumentalización de las propias víctimas. Por no hablar de que hay decisiones que dependen de él, otras del propio Sodalicio, o de los obstáculos que siguen estando en el camino.
2. El Canal de Primera Escucha
También se cuestionan las condiciones del procedimiento seguido en el Canal de Primera Escucha abierto por Bertomeu en Perú, presentando como un hecho (sin pruebas) que las víctimas fueron sometidas a determinadas condiciones o que el procedimiento presentaba determinadas deficiencias.
3. Los fragmentos de audios aportados como pruebas
Una frase aislada puede adquirir un significado distinto cuando se escucha la intervención completa y su contexto. En este caso, las declaraciones atribuidas a Bertomeu pueden contrastarse con sus propios escritos académicos y jurídicos, incluidos los relativos a la dispensa canónica.
4. La actuación en Bolivia
El episodio de Bolivia requiere igualmente distinguir entre las distintas versiones existentes. Por un lado, se han producido afirmaciones de víctimas en la persona de un abogado chileno, víctima a su vez de los jesuitas de aquel País: Bertomeu no habría hecho nada por las víctimas de los jesuitas de Cochabamba.
Por otro, existe una posición oficial de la Conferencia Episcopal que afirma que la presencia de Bertomeu en Bolivia fue solo para formar en prevención de abusos y visitar apostólicamente un seminario de El Alto. La diferencia no es menor. Atribuirle una misión investigadora que no tenía modificaría sustancialmente la valoración de su actuación.
5. La exposición pública de Bertomeu
El artículo también utiliza la exposición pública de Bertomeu como elemento para sustentar su posible proyección episcopal. Pero la exposición pública, por sí misma, no demuestra una voluntad de promoción personal. Convertir automáticamente la comunicación pública de una actuación institucional en una estrategia de promoción personal exige una prueba adicional que no puede sustituirse por una mera inferencia.
6. La posible proyección episcopal en Cataluña
Este es probablemente el punto en el que la diferencia entre información y especulación resulta más evidente. Que el nombre de Jordi Bertomeu pueda circular en determinados ambientes como eventual candidato a una sede episcopal no demuestra que exista una candidatura, una decisión de la Santa Sede o siquiera un proceso avanzado en ese sentido. De hecho, no es real, ni existen datos que permitan establecer una conexión entre el nombramiento de Bertomeu como comisario pontificio y una eventual designación episcopal en Cataluña.
7. El episodio de Caccia y Blanco
Finalmente, el artículo alude al episodio protagonizado por Caccia y Blanco, dos conocidos influencers cercanos al Sodalicio. También aquí resulta imprescindible el contexto. La cuestión fundamental no es si Caccia y Blanco tienen derecho a formular críticas —lo tienen—, sino qué valor debe otorgarse a sus afirmaciones cuando existen antecedentes documentados sobre su intromisión obstruccionista en el proceso investigativo de la ‘misión Scicluna Bertomeu’, intentando incluso llevar a Bertomeu a los tribunales, y sobre las legítimas medidas adoptadas por la autoridad pontificia para evitarlo. En concreto, una amenaza de excomunión mediante un precepto penal.
Hechos, documentos e hipótesis
El problema de fondo no es que El Español formule preguntas sobre Jordi Bertomeu. Es legítimo preguntarse por el alcance de su exposición pública, por su actuación como comisario pontificio o por su eventual futuro dentro de la jerarquía eclesial.
El problema aparece cuando una hipótesis se presenta con el peso de un hecho, cuando una actuación se analiza sin explicar el contexto institucional en el que se produjo o cuando afirmaciones controvertidas no se acompañan de la documentación necesaria para verificarlas.
En un asunto tan delicado como el Sodalicio, la exigencia debería ser precisamente la contraria: más documentos, más contexto y menos inferencias. Si existen retrasos en las reparaciones, hay que explicar sus causas y responsabilidades. Si existen irregularidades en un procedimiento, hay que mostrar los documentos que las acreditan. Si una declaración de Bertomeu suscita dudas, debe escucharse completa y contrastarse con sus escritos académicos, que los tiene y muchos. Si se plantea una futura candidatura episcopal, debe distinguirse claramente entre una información contrastada y un nombre que simplemente “circula”.
Los argumentos periodísticos son legítimos. Pero no sustituyen a los hechos.
