Venezuela- Estados Unidos: ¿De qué lado estar?
Ideologías vs. Humanidad
Estos días se ha vuelto a demostrar la manipulada influencia mediática ya encarnada en el mundo todo, diría, acerca de la supuesta necesidad de tomar partido, siempre.
Liberal o conservador; latín o vernácula; China o Estados Unidos; Rusia o Ucrania; fundamentalistas o aperturistas; creyente o ateo; clasista o popular.
Desde el 3 de enero apareció otra “necesidad” de optar: Trump o Maduro.
Y así el mundo todo sigue desgranándose, dividiéndose, vulnerándose a sí mismo.
La estrategia que persiguen quienes alimentan estas supuestas necesidades es que creamos que en nombre de la libertad y la justicia, nuestro optar edifica la humanidad, cuando en realidad la divide, la enfrenta, la atomiza; y con ello permite que esos arquitectos de la mentira sigan trajinando siempre a su favor en pos de más poder y más dinero.
Lo que se pretende es que no pensemos por nosotros mismo. Quieren hacernos creer que somos libres y que caer en esa trampa nos presenta como ciudadanos jugados e independientes.
Mucho se viene escuchando estos días acerca de si lo que Estados Unidos hizo en Venezuela está bien o no; si nuestro concepto de libertad justifica a uno u otro.
Incluso es miserable la postura de muchos colegas periodistas y comunicadores, además de consagrados, curas y obispos que con una facilidad espantosa y hasta con tono pontifical, justifican a uno o a otro, aunque muestran preferencia por Donald Trump. Preocupante.
Propongo que nos detengamos a pensar un poco más y seamos responsables no sólo a la hora de opinar, sino al tiempo de discernir ese pensamiento.
Justificaciones de un lado y del otro
Mientras el gobierno tirano, absolutista y hasta ilegal de Maduro reclama por la invasión unilateral de Trump que terminó en su secuestro, desde Estados Unidos justifican diciendo que en realidad la no admitida invasión se debió a la necesidad de apresar y juzgar al narcoterrorista más importante de Sudamérica.
… el mismo argumento que se usó en Panamá, Honduras y otros países de la región por el mismo imperio yankee.
A la vez que Trump y su modo de poderoso multimillonario y presidente de una potencia anuncia sin vergüenza que se hará cargo de gobernar Venezuela e invertir en la reactivación de la industria del petróleo del que asegura que le pertenece, la flamante presidenta de transición dice hacia afuera que reclamará por la injusta intrusión y hacia los intrusos que pueden contar con ella.
Es llamativo que Estados Unidos no apoye al partido ultraliberal que se atribuye el último triunfo electoral.
El gobierno totalitario de Nicolás Maduro se queja del totalitarismo de Trump que en nombre de un país, del occidente del mundo y del mundo entero, actúa y amenaza; sonríe y advierte; se regodea de su poder belicista y salta todo acuerdo internacional en nombre de la libertad, aunque sólo se trate de una palabra que define la propia conveniencia imperial.
Ante la casi caricaturesca caía del gobierno tirano de Maduro en un país soberano, Trump y sus peones insisten en que son los dueños de este hemisferio (occidente); y con ello advierte a todos los países que hará lo que crea mejor para sus intereses particulares.
¿No nos da un poco de miedo todo eso?
¿Ni siquiera nos hace pensar un poco que si no somos estadounidenses estamos en la mira de un loco que justifica su locura con la locura de otro loco?
Estados Unidos, que se denomina el país más libre del mundo, en realidad ejerce el esclavismo de opinión abusando y sin explicar nunca con el principio: ¨razones de seguridad nacional¨.
Con ese argumento detiene, tortura, invade, desaparece personas, arruina vidas y justifica criterios personales del pope de turno. Insisto, nunca dando explicaciones.
Elegir entre uno u otro es una trampa.
Es elegir entre una ideología y otra ideología. Y las ideologías siempre dejan muertos, siempre juegan a favor de los poderosos en serio, siempre dividen y garantiza la realidad de aquel refrán: divide y reinarás.
La opción no es ideológica. Cada opción así tomada aparenta libertad y en realidad es jugar el juego de los poderosos … y gratis.
Desde el criterio humano y por supuesto cristiano, no es Trump o Maduro: es la humanidad que sufre esos abusos e injusticias.
Son los seres humanos más desprotegidos y olvidados.
Es jugarse y actuar en contra de la corriente y sin miedo aunque haya consecuencias.
El Evangelio lo enseña: ante el juicio de Jesús, la opción era elegir entre las autoridades judías o Poncio Pilato. Y muchos cayeron en la trampa. Incluso apóstoles.
La opción era Jesús… la opción es Jesús, el que sufre y no se puede defender; el que hace de su debilidad una oportunidad de honrar nuestro ser humano; el que sólo garantiza fracaso en lo inmediato y grandeza en el después. El que se entregó por todos pero que nunca renunció a su identidad judía.
Cómo no entender a tantísimos venezolanos exiliados o subyugados que celebran el golpe armado de Trump como una buena noticia como si fuera el mal menor.
Esperamos que no pasen a ser como los panameños, puertorriqueños, hondureños, argentinos; unos títeres del impune con poder real que se cree héroe por secuestrar ilegalmente a otro impune con poder aparente.
Iglesia hospital de campaña: expresión de Francisco que a la luz de los acontecimientos actuales se convierte en profética: a eso estamos llamados, a levantar nuestra carpa como Iglesia en estos escenarios de guerra siempre injusta donde se benefician los poderosos de turno y caen como moscas los más débiles… es decir los preferidos.
