Venezuela y la libertad

Opinión de un cristiano, donde la Iglesia no puede sino tener algo que decir

Trump
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Marco Antonio Velásquez Uribe
06 ene 2026 - 19:53

San Agustín, obispo de Hipona (430 DC), enunció una frase que nunca debiéramos olvidar, para apostar por la concordia y para no exasperar rivalidades sociales:

“En lo discutible, libertad;

en lo necesario, unidad;

en todo, caridad”.

Es una regla esencial de respeto en una comunidad libre y pensante, que tiene sus propias convicciones personales, y que subordina lo personal al bien común. Por eso, “en todo caridad” significa, que ante una polémica hay alguien, igual que yo, que merece respeto a sus ideas y a sus convicciones. San Ignacio de Loyola, dirá lo mismo con la frase “hay que salvar la proposición del prójimo”. No es catolicismo, sino humanidad, vida social en comunidad y armonía.

Las barbaridades del chavismo y el despotismo de Maduro son sabidas y probadas, repudiables siempre y en todo lugar; asimismo como las acusaciones de narcoterrorismo son falaces (Venezuela no está entre los países que introducen fentanilo a EEUU según la IA); y donde el apoyo a la causa libertaria y de DDHH de los venezolanos es más panfletaria que solidaria.

¿Qué hay entonces detrás de la caída de Maduro y de la intervención de EEUU en Venezuela?

El panorama es más complejo y disímil. No existe una interpretación unívoca y unidireccional, siempre sujeta a discusión.

Va quedando evidencia que la caída de Maduro estaba negociada ya en octubre pasado. Sólo faltaba establecer el momentum.

En los últimos días, el presidente Trump era agobiado por el mayor escándalo de pederastia a nivel global, donde su esposa y él no podían desvincularse de la siniestra figura de Jeffry Epstein.

Su política arancelaria comenzó a revelar efectos desastrosos en el plano económico, con perjuicios severos en inflación, en desempleo y crecimiento económico para EEUU. Ello llevó a descontinuar ciertas estadísticas en el país de los números, justificada dicha carencia en el cierre del gobierno reabierto hace una semanas.

La guerra comercial iniciada por la actual administración catalizó el liderazgo de China y activó la hostilidad contra el dólar de EEUU, reflotando con éxito a los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), a quienes se han sumado numerosos países impensados.

La deuda pública del Tesoro de EEUU, cuya expansión fue recientemente aprobada por el Congreso, terminó por socavar la confianza en el dólar, moneda que dejó de contar con el fiat (fe), o credibilidad en el Acuerdo de Breton Wood, que le concedió al dólar norteamericano, después de la Segunda Guerra Mundial, el privilegio de ser la moneda universal de intercambio y reserva global de valor, de riqueza. La evolución exponencial de la deuda de EEUU terminó por promover la mayor apostasía contra el dólar. Prueba de ello, es que su principal aliado económico (Japón) perdió la fe en esa moneda y comenzó a liquidar bonos del Tesoro. El mundo entero se está desdolarizando actualmente.

En su política exterior, el gobierno de Trump, junto con volver la espalda a Ucrania, favoreciendo los intereses de Rusia, terminó por amenazar la soberanía de sus vecinos Canadá y México, así como amenazar directamente la soberanía de Groenlandia, Panamá, Colombia y Cuba. Así, rompió todos los protocolos internacionales con países aliados, especialmente con la Unión Europea.

El apoyo incondicional de EEUU a Israel, justificado en una brutal agresión de Hamas a numerosos ciudadanos judíos reunidos en una actividad cultura pacífica, terminó por justificar el ataque directo de EEUU contra el principal enemigo de Israel, Irán. Siendo insuficientes los efectos del ataque de EEUU contra Irán, se activó la insurrección del pueblo iraní, trayendo al presente la nostalgia de los tiempos de los sha de Irán (reyes).

Esta es tal vez la arista más grave y relevante de la pérdida de los equilibrios geopolíticos del presente, porque en bombardeo perpetrado por EEUU contra bases de enriquecimiento de uranio en Irán fue una señal de hostilidad directa contra China y Rusia, principales aliados de Irán.

Es ahí donde el eje de la geopolítica mundial comienza a ceder a sensibilidades globales mayores, donde Venezuela es una excusa. En efecto, en el Medio Oriente radica la mayor producción de petróleo del mundo, donde EEUU hoy es un actor secundario.

Sin embargo, EEUU ha prometido atacar de nuevo a Irán, y sin duda lo hará, conformado ello la conflagración de mayor escala mundial. Pero, hay un problema, el abastecimiento de petróleo no está garantizado para Norteamérica y mientras ello no esté asegurado el ataque contra Irán está pendiente. Es ahí cuando los estudiosos de la geopolítica mundial apuestan al cierre del Estrecho de Ormuz para asfixiar a EEUU con la falta de petróleo como una medida de presión.

Trump
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En ese contexto, Venezuela es un objetivo estratégico de EEUU, ya que al mantener las mayores reservas mundiales de petróleo, su capacidad productiva debe ser potenciada y modernizada con urgencia. Ese objetivo no es posible de ser alcanzado ni con Corina Machado ni con Delcy Rodríguez en el poder, sólo las grandes compañías petroleras de EEUU pueden lograrlo. Entonces, Delcy Rodríguez es una perfecta comodín para evitar una guerra civil en Venezuela que haría colapsar la producción de los hidrocarburos que necesita abastecer a EEUU en un escenario de conflagración mundial.

Es entonces, cuando conviene separar la gestión del orden civil a cargo de una suerte de continuismo político venezolano con Delcy Rodríguez (afín a Maduro) y la gestión de capitales para revitalizar la industria de hidrocarburos por parte de las compañías norteamericanas.

Parece un plan geopolítico estratégico sensato, a la hora de dotar a EEUU de una capacidad esencial para reposicionarse como un actor político y económico relevante en un mundo donde siguen primando los intereses económicos por sobre los intereses humanos.

Mal comienzo mundial para un incipiente 2026.

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