Koovakad: "El otro no es una amenaza que deba mantenerse a raya, sino un interlocutor"

"En las sociedades occidentales pluralistas, el «diálogo» corre el riesgo de confundirse con el «relativismo»; en otros contextos, corre el riesgo de ser sofocado por la violencia o la falta de libertad religiosa para los cristianos", afirma el prefecto de dicasterio para el Diálogo Interreligioso

Cardenal George Jacob Koovakad
Cardenal George Jacob Koovakad | Vatican Media
RD/Vatican News
16 sep 2026 - 16:33

Pregunta. En enero de 2027 se cumplirán dos años de su nombramiento como prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso: ¿cuál es su experiencia concreta sobre el estado actual de las relaciones de la Iglesia Católica con otras religiones?

Respuesta. Aproximadamente dos años después de mi nombramiento como prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, la experiencia concreta que puedo dar es la de un diálogo que ahora tiene profundas raíces estructurales y que, al mismo tiempo, debe afrontar continuamente nuevas tensiones. La Nota «Un Camino de Esperanza» lo expresa claramente: la Declaración Nostra Aetate no es un texto aislado, sino que constituyó una semilla institucional y teológica. Ya en 1964, incluso antes de su promulgación, San Pablo VI había establecido la Secretaría para los No Cristianos, ahora el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. Este organismo, junto con las Comisiones para las Relaciones con el Judaísmo y el Islam, transformó una intuición conciliar en una estructura permanente de la Curia y de la misión de la Iglesia.

R. El estado actual de las relaciones se caracteriza, ante todo, por un cambio de perspectiva estructural. Hemos pasado de actitudes de rechazo, desconfianza o simple ignorancia a relaciones duraderas de amistad entre líderes religiosos, a proyectos educativos y sociales compartidos, a declaraciones conjuntas ante guerras y crisis humanitarias. El diálogo se estructura ahora en múltiples niveles, según el modelo clásico de diálogo y proclamación: diálogo de la vida cotidiana, diálogo de las obras, diálogo de intercambios teológicos y diálogo de la experiencia religiosa y monástica. Ya no se trata de una actividad periférica o diplomática, sino de una dimensión constitutiva de la misión evangelizadora: un verdadero «espacio teológico» donde el Espíritu Santo obra a través de los encuentros con los demás.

El ardenal Koovakad durante su intervención
El ardenal Koovakad durante su intervención | RD/Captura

R. En los últimos dos años, he sido testigo directo de la solidez de muchos de estos frutos. Con el Islam, el camino de la fraternidad sigue generando encuentros, declaraciones y colaboraciones concretas. El diálogo se ha extendido también a las grandes tradiciones asiáticas —hinduismo, budismo, jainismo, sijismo, sintoísmo, taoísmo y confucianismo— y a las religiones tradicionales africanas. Las herramientas operativas desarrolladas en las últimas décadas (la revista Pro Dialogo, los saludos para las festividades de otras tradiciones, la colaboración con el Consejo Mundial de Iglesias, la Red de Mujeres para el Diálogo Interreligioso y los foros «Jóvenes en Diálogo») forman parte integral del trabajo diario del Dicasterio.

R. Se está explorando la apertura al diálogo con los «nuevos movimientos religiosos», con encuentros que no se basan en la teología, sino que se centran en la vida social, los valores y la posibilidad de colaborar por el bien común. En este sentido, el número 42 de la Nota especifica que «Estos encuentros fraternos, que no pueden entenderse ni como diálogo ecuménico ni como diálogo interreligioso, se fundamentan en la claridad de identidad y el respeto mutuo. Pueden ofrecer oportunidades concretas para trabajar juntos en la promoción de valores compartidos y la búsqueda del bien común. Asimismo, pueden contribuir a una comprensión más atenta de las aspiraciones espirituales contemporáneas, ampliando el ámbito del testimonio, la comprensión mutua y la cooperación al servicio de la dignidad humana, la paz social y el cuidado de la creación».

El Dicasterio está llamado a salvaguardar este legado y fomentar su crecimiento, especialmente en las Iglesias locales y entre las nuevas generaciones llamadas a construir puentes, no muros

R. Al mismo tiempo, surgen desafíos: el fundamentalismo, la instrumentalización política de la religión y, en muchos países, un secularismo que reduce la palabra «religioso» a folclore u opinión privada. En las sociedades occidentales pluralistas, el «diálogo» corre el riesgo de confundirse con el «relativismo»; en otros contextos, corre el riesgo de ser sofocado por la violencia o la falta de libertad religiosa para los cristianos.

P. Durante el último cuarto de siglo, hemos visto, por un lado, el aumento de la violencia y el fanatismo entre quienes matan en nombre de Dios, pero también numerosos ejemplos de diálogo, especialmente en el camino de la fraternidad, tal como lo subraya la Declaración firmada en Abu Dabi en 2019 y los importantes encuentros que le siguieron. ¿Pueden cristianos y musulmanes convivir en paz?

R. Sí, pueden y deben. La Nota «Un Camino de Esperanza» lo afirma claramente, situando la cuestión en un marco más amplio: el diálogo interreligioso no es opcional, sino una necesidad vital. El último cuarto de siglo ha puesto de manifiesto de forma contundente ambas caras de la moneda: por un lado, la instrumentalización de la religión con fines de violencia y poder, y por otro, el auge de un diálogo concreto y fraterno, que alcanzó uno de sus puntos culminantes con la Declaración sobre la Fraternidad Humana de 2019.

R. La declaración Nostra Aetate ya había señalado el camino: «La Iglesia también tiene en alta estima a los musulmanes», reconociendo en ellos la adoración al único Dios, la importancia de la oración, la limosna y el ayuno, e invitándolos a olvidar el pasado y a comprometerse sinceramente con el entendimiento mutuo y la promoción común de la justicia social, los valores morales, la paz y la libertad. El magisterio posconciliar desarrolló esta idea. San Juan Pablo II demostró, en Asís y en muchos otros encuentros durante su largo y fructífero pontificado, que las religiones no son fuente de división, sino agentes esenciales para una paz duradera.

R. Benedicto XVI reiteró que el diálogo musulmán-cristiano no puede reducirse a una elección puntual, porque nuestro futuro depende en gran medida de él. El Papa Francisco ha dado a este camino el nombre y la esencia de «fraternidad humana», firmando el Documento sobre la Fraternidad Humana para la Paz Mundial y la Convivencia en Abu Dabi, y continuando con importantes encuentros en Nur-Sultán (Kazajistán), Yakarta (Indonesia) y muchos otros lugares. La nota recuerda que estos gestos forman parte de una continuidad que ha producido frutos visibles y silenciosos, que ya he mencionado: colaboración educativa y social, declaraciones conjuntas contra la violencia en nombre de Dios, redes de mujeres y jóvenes comprometidas con el diálogo para contribuir a causas concretas, como el cuidado de nuestra casa común o la prevención de la guerra, y experiencias de convivencia cotidiana en barrios multirreligiosos. Al mismo tiempo, el documento no oculta las heridas: la persecución que sufren los cristianos en diversas partes del mundo por parte de grupos extremistas, las tensiones vinculadas a los conflictos de Oriente Medio, los prejuicios que persisten en ambos bandos y la manipulación política de las afiliaciones religiosas.

R. La convivencia pacífica es, por tanto, posible, pero no automática. Requiere tres condiciones, que la nota subraya con firmeza. La primera es la claridad sobre la propia identidad: el diálogo no es ni relativismo ni sincretismo. Cristianos y musulmanes dialogan mejor cuando cada uno conoce y vive profundamente su propia fe. El segundo requisito es la valentía de la alteridad: el otro no es una amenaza que deba mantenerse a raya, sino un interlocutor y, potencialmente, un aliado y un amigo. El tercero es la sinceridad de intenciones: el diálogo no puede ser utilizado con fines políticos o diplomáticos a corto plazo.

R. La experiencia de las últimas décadas demuestra que, cuando se cumplen estas condiciones, cristianos y musulmanes no solo coexisten, sino que colaboran fructíferamente. Sin embargo, donde prevalecen el miedo o la explotación, la religión se distorsiona. La tarea de los creyentes es demostrar, con hechos, que la fe auténtica los impulsa a trabajar por la paz. Por esta razón, el Dicasterio continúa trabajando para que el camino de la fraternidad no se quede solo en el papel, sino que se convierta en una pedagogía vivida en las iglesias locales, las escuelas y las familias.

P. El Papa Francisco, en particular durante su pontificado, enfatizó la importancia de caminar juntos a pesar de nuestras diferencias, comprometiéndonos a ayudar a quienes sufren. La Nota afirma que «la atención concreta a los más vulnerables es el indicador esencial para evaluar la corrección de cualquier proyecto» y «la brújula que nos permite saber si avanzamos en la dirección correcta». ¿Podría compartir algunos ejemplos de esta perspectiva?

La Nota, Un Camino de Esperanza, sitúa esta afirmación en el centro del discernimiento sobre el diálogo interreligioso. No se trata de un criterio genérico o sentimental, sino de un principio evangélico y universal: acoger o rechazar a la persona herida al borde del camino. Los pobres, en todas sus formas de precariedad, son nuestra brújula. Todo proyecto —político, económico, social, académico, religioso o cultural— debe medirse con este criterio.

El Papa Francisco ha dejado este principio particularmente claro. En Fratelli tutti y en muchos gestos de su pontificado, como el lavatorio de pies en las cárceles durante la liturgia del Jueves Santo, demostró que caminar juntos a pesar de las diferencias no es un ejercicio intelectual, sino un compromiso concreto con quienes sufren. Esta nota retoma y profundiza esta perspectiva, situándola tras Nostra Aetate y el magisterio posconciliar.

A nivel internacional, los principales encuentros interreligiosos han generado no solo declaraciones de principios, sino también llamamientos concretos y colaboración en favor de migrantes, refugiados, víctimas de conflictos y quienes sufren discriminación religiosa. El Documento sobre la Fraternidad Humana y Fratelli tutti vincularon explícitamente la paz con la protección de los más vulnerables. Las declaraciones conjuntas contra la violencia y el odio, firmadas por líderes de diferentes tradiciones, han incluido a menudo compromisos de solidaridad con las comunidades perseguidas y las poblaciones afectadas por guerras y desastres.

A nivel de las Iglesias locales —que la nota identifica como la «primera línea creativa»— los ejemplos son aún más concretos y, a menudo, silenciosos. En numerosos barrios multirreligiosos de Europa, África, Asia y Latinoamérica, cristianos y musulmanes (y en algunos contextos, judíos, hindúes o budistas) colaboran a diario en proyectos para ayudar a migrantes, apoyar a familias necesitadas, educar a niños y cuidar a ancianos. Existen ejemplos de comedores sociales compartidos, programas interreligiosos extraescolares y asistencia conjunta para quienes carecen de cobertura sanitaria. En zonas de conflicto, las comunidades cristianas y musulmanas han creado, en ocasiones, espacios protegidos para las personas más vulnerables.

Otro ámbito importante es la lucha conjunta contra el antisemitismo y la intolerancia hacia los musulmanes, sin olvidar la discriminación contra los cristianos ni ninguna otra forma de persecución religiosa. Cuando líderes de diferentes tradiciones se unen para defender a quienes sufren discriminación o persecución, miden la validez de su diálogo desde la perspectiva de los más vulnerables.

Finalmente, la formación en alfabetización religiosa y la comprensión de las dinámicas culturales y geopolíticas no es un ejercicio teórico: prepara a generaciones capaces de reconocer el rostro de los pobres y colaborar concretamente en su servicio, más allá de la afiliación religiosa. Todos estos ejemplos demuestran que el diálogo interreligioso, cuando es auténtico, se produce y se purifica en el encuentro con quienes sufren. Si esto sucede, vamos por buen camino.

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