Nos amó primero
Este año 2026 ha dado comienzo la 4ª Escuela de Teología Feminista Popular “Ester Velasco”, a la que he vuelto a asistir en el Centro Pastoral San Carlos Borromeo del barrio de Entrevías.
Comenzó el 13 de enero con el tema “Esta historia es nuestra historia: Mujeres bíblicas que nos habitan”, que presentaron varias teólogas de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, hablándonos de distintas mujeres que aparecen en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, sin nombre, de forma marginal, pero haciendo un análisis exegético profundo fueron descubriendo la importancia que desempeñaba cada una de ellas en los lugares y comunidades en que vivían, favoreciendo la esperanza del pueblo y la puesta en marcha y participación de forma igualitaria en las primeras comunidades cristianas.
Analizaron cómo tanto esas como otras muchas mujeres a lo largo de la historia han sido ocultadas, habiendo tenido en distintos aspectos una gran importancia. Solo desde una labor de investigación, búsqueda trabajosa, limpieza de la pátina que ha dejado el tiempo sobre su recuerdo, vuelven a alcanzar una nueva luminosidad, para que sintamos y gocemos de su testimonio, descubriendo así cómo nos habitan y nos dan ánimo, fortaleza y esperanza en nuestra vida.
La segunda charla tuvo lugar el pasado 10 de febrero y se titulaba “Transfeminismo y Evangelio”, a cargo de Niurka Gibaja, mujer trans y teóloga diplomada en Comillas, que está muy influenciada por la teología de la liberación y también está comprometida con la Revuelta de Mujeres en la Iglesia.
El transfeminismo es una corriente que une la lucha feminista con los derechos de las personas trans y no binarias, cuestionando el sistema binario de género y el cisheteropatriarcado. Defiende la inclusión de mujeres transgénero, rompiendo con el feminismo esencialista y biológico, y busca la liberación de cualquier tipo de opresión.
Niurka nació en el seno de una familia muy religiosa y se educó en un colegio de monjas. Ella afirma que su identidad trans y su fe cristiana no están enfrentadas, al contrario, son “complementarias y enriquecedoras”. Desea unir y experimentar en plenitud tanto su disidencia de género como su espiritualidad. Ha encontrado en Crismhom (asociación de carácter cristiano lésbico, gay, transexual, bisexual y heterosexual) un espacio fraterno/sororal seguro en el que puede expresar su fe y su identidad personal sin que ello le cause ningún tipo de intranquilidad.
No obstante, las suspicacias la escrutan constantemente, tanto desde la sociedad más tradicional como desde el conservadurismo de la institución eclesial, que la mira con sospecha, desasosiego y repudia su identidad.
Esta mujer se fundamenta en sus estudios de teología para tildar como insostenibles las lecturas conservadoras e interesadas de la Biblia, que se realizan en la Iglesia como institución y pide con determinación su transformación, al igual que en los documentos eclesiales que tratan sobre esta temática.
Los problemas y las dudas que tuvo desde su infancia y adolescencia con respecto a su identidad, se difuminaron cuando en unos ejercicios espirituales escuchó este texto de la 1ª carta de Juan (4,19): “Podemos amar porque él nos amó primero”. Esa certeza del amor de Dios, el que la Divinidad la amaba por encima de cualquier prejuicio y convencionalismo, le dio al fin tranquilidad y seguridad para empezar a vivir una nueva y gozosa existencia a partir de entonces.
Igual de importancia tiene para ella, en su ser cristiana y desde su identidad trans, la frase de Jesús en el evangelio de Juan (15,9-11): “Igual que mi Padre me amó os he amado yo. Manteneos en ese amor que os tengo”. Es decir, el amor de Dios no puede quedarse encerrado en la intimidad, sino que debe transmitirse a nuestro alrededor, especialmente hacia las personas y colectivos más empobrecidos, discriminados y excluidos.
Escucharla fue todo un placer. Es una mujer empoderada, segura de sí misma, efusiva y comunicadora nata, convencida de lo que cree y transmisora, como María de Magdala, de una buena noticia: Dios no rechaza a nadie, todos, todas somos sus hijos e hijas, y quien ponga trabas a esa inclusión desde la fraternidad/sororidad humana y cristiana, sea en los documentos de la Iglesia, en las leyes del Estado, en las ideas más conservadoras de distintos grupos y personas, se alejan de esa Divinidad, Padre y Madre, Fuente de Bondad, Justicia y Esperanza, que nos amó primero, sin ninguna discriminación. Definitivamente, la identidad lésbica, gay, bisexual, heterosexual, transexual y más, es también la esencia y la imagen de la Divinidad: “Y vio que todo lo que había hecho era muy bueno y reflejaba plenamente su Ser. Y lo bendijo con gozo y satisfacción”.