El dios de la guerra y el odio (salmo 79)
El antiguo pueblo de Israel
te suplicaba con fervor:
¡Dios de los Ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve!
Y tuvo que llegar Jesús
para desvelar tu verdadero rostro:
¡Felices los que construyen la paz,
los no violentos,
porque esos van a heredar la tierra!
Pero en nuestros días las naciones
siguen gastando gran parte
de su presupuesto en rearmarse,
cuando sus poblaciones
sufren el hambre, el paro,
la crisis económica que
elimina las conquistas sociales
que tanta sangre ha costado
a lo largo de la historia.
Solo quienes trabajan por una paz
construida desde la verdad y la justicia,
crearán una nueva tierra
en la que el entendimiento y el diálogo
serán los medios para solucionar los conflictos,
en la que seremos poseedores
de lo que produzca nuestro trabajo,
en la que no habrá oprimidos ni opresores.
El ídolo de la guerra y del odio
desaparecerá sin dejar rastro,
y no se volverán a rezar salmos
que invoquen a ese dios
que nunca ha existido.