Correo intervenido III: Sobre los kikos

He de responder a las distintas protestas provocadas por mi artículo “Los Kikos en el candelero”, y deseo adelantar mi afecto hacia las buenas personas que integran su base y el respeto a la disposición sincera de sus líderes, que sólo Dios conoce y juzga. Pero si nos fijamos en el conocimiento público que de ellos se tiene, mucho han de cambiar para que la Iglesia les consideremos hermanos de una misma fe, a no ser que nosotros nos hayamos separado del todo de la que siempre habíamos profesado.

Ahora pasemos al artículo y los puntos más sensibles que derivan del tema.

El relato de la misa.-

Su recuerdo es impreciso en el orden descrito, mas no por eso deja de ser verdadero en la impresión recogida. No hay discusión, ni de partidarios ni contrarios: los ritos y creencias neocatecumenales son muy particulares, verdaderamente neo-catecumenales y, en consecuencia, ajenos a la tradición de la Iglesia. Además, so capa de primitivos, demasiado cercanos a ciertas celebraciones judías, tanto en sus cánticos como en sus ceremonias de simbología muy alejada de lo católico.

El catecismo secreto.-

¿Pero es que puede haber un catecismo secreto? ¿Es esto cierto? Varios comentarios insisten en que debemos buscarlo y examinarlo. Bueno, está bien. Pero tal consejo ya lo han seguido muchos obispos - ¿hay alguien mejor que ellos? - desde que el Camino empezó a inquietar, allá por los años setenta. Lo cual no ha disminuido la inquietud, como certifica la Iglesia del Japón. Con pesar opino que sucede así por la pasividad de un clero que es, en mucho, auténtico fautor de este desaguisado pastoral. Porque lo es, y en particular el jerárquico, cuando huye de “meterse en líos”, de no pisar callos “a los de arriba” menospreciando a Aquél que está más arriba que todos.

Ese catecismo del Camino es realmente algo incomprensible en una congregación de la Iglesia. En mi artículo selecciono algunas de sus herejías que si cualquiera es asombrosa todas juntas parecen dictadas por el Anticristo. Lo cual nos obliga a hacernos la pregunta: ¿Qué significa esto? ¡Un catecismo hereje! Que sea "ya conocido por la jerarquía” no explica nada ni es argumento bastante. Porque no estamos hablando de una variedad de apostolado sino de una nueva expresión de fe, no católica, que la Iglesia jerárquica acepta de hecho. Nos asalta la duda de si este Catecismo secreto, "privado", "controvertido" no será, quizás, manual gnóstico reservado para selectos, perfectos, por encima de las bases a las que se mantiene ignorantes. Nada nuevo bajo el sol.

Aparte de esto tenemos la afición del Camino por el abuso de la masificación, de la explotación de las multitudes como expresión de fuerza de la Iglesia. Especialmente la excitación colectiva con cánticos y ritmos, directores de coro, etc. Algo de lo que fui testigo cuando asistí, por cortesía, hace muchos años en EE.UU., a unas sesiones de gospel de las que me sorprendió a qué extremos de histeria y despersonalización se puede llegar.

Y ya que...

Recientemente, por imposición misteriosa, en Asís otros dioses se igualaron a Cristo, único Señor y Dios nuestro, rebajado allí a múltiple igualdad por su Vicario. Justo en la persona de quien como Prefecto de la Doctrina de la Fe criticó a su predecesor por presidir estos actos incalificables. (¿Quién manda en la Iglesia?) Por tanto, si se da por bueno Asís ¿por qué no también el catecismo neocatecumenal? Lo uno casa perfectamente con lo otro aunque, a muchos, de miedo debiera temblarles el alma.

El número parece definitorio en esta nueva evangelización. Pero, las jornadas de arropamiento al Papa, las multitudes movidas por el Camino para aclamarle ¿avalan la fe personal de los asistentes? Obvio es que no. La cantidad, la masificación no pueden instrumentarse como carisma que confirme una unidad de fe. ¿Acaso no fueron el fascismo, el nazismo y las concentraciones soviéticas, el mayor alarde carismático multitudinario de la historia?

El Camino neocatecumenal ha provocado innúmeras quejas de católicos fieles y formados, así como cientos de objeciones de muchos obispos de todo el mundo. No sé si por derecho están separados de la Iglesia, creo que no porque disponen del refrendo de príncipes poderosos, pero sí puede asegurarse que sus adeptos no creen en los mismos conceptos católicos que mi generación y que la de mis antepasados. Los kikos son sólo cristianos "del Camino"; no para la Iglesia. Usan de parroquias y templos diocesanos para ellos; no para la Iglesia. No celebran en nuestras parroquias con el Misal ordinario sino con sus ritos, su "partición del pan", su teatralidad. Nuestra fe milenaria es para ellos algo superado, artificioso.

Después de 40 años, plazo suficiente para rectificar, ellos siguen en sus principios y el cáncer de su engaño crece exponencialmente a todos los niveles. Mientras, la Iglesia se divide un poco más y se hipoteca en grados que deberían auditarse...

"Cuando el Hijo del hombre vuelva a la tierra ¿encontrará fe?" (Lc 18, 8)
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