¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

Los terremotos y las guerras nos plantean el interrogante: ¿Dónde está Dios?

El sufrimiento provocado por los terremotos de Turquía y Siria plantea el interrogante: ¿Dónde está Dios?

Jesús en la cruz gritó: "¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?". 

Expresa un sentimiento profundo de abandono, de impotencia y casi de desesperación.

Le grita a Dios y le pregunta:

¿por qué? ¿dónde estás, Dios mío?

¿por que permites tanto sufrimiento?

Parece que Dios calla ante el grito de la víctima inocente y de todas las  víctimas de la historia, hombres, mujeres y niños, que sufren y mueren bajo los escombros de terremotos y guerras o ahogados en el Mediterráneo en su intento de llegar a Europa.

Dios está ahí, clavo en la cruz, sufriendo.  Misterio desconcertante.

Todos aquellos hermanos y hermanas muertos en catástrofes naturales y por violencia a lo largo de los tiempos estaban clavados con Jesús en la Cruz y su grito es el grito de Jesús: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Solo en la resurrección del Crucificado encontramos la respuesta.

¿Dónde está Dios? Está también en todos los gestos de solidaridad, de creyentes y no creyentes. Hombres y mujeres que salen al encuentro de la humanidad sufriente, que sueñan y luchan por una nueva humanidad de justicia y fraternidad.  "Ubi caritas et amor Deus ibi est".

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