¿HACÍA DONDE CAMINA EL MUNDO?
El cambio que anelamos no llegará por las fuerza de las armas ni por el poder del dinero, sino por la fuerza de la razón y la ética.
Esta reflexión es fruto de largos momentos de silencio y análisis de la realidad que hoy vivimos en el mundo y en España. Esta realidad es la que me ha movido escribir el libro “Ética en la política, para humanizar este mundo”. Solo son unos apuntes.
Vivimos en un momento histórico de desconcierto político global. ¿Hacia dónde camina la Humanidad? Basta abrir los ojos para ver que este mundo ha perdido el norte. Vivimos un tiempo de guerra, de odio, de mentiras, de polarización. Cada vez observamos más crispación social y política en nuestro país y en el mundo.
Vivimos en un tiempo en el que el megalómano de Trump pasa por encima de los derechos humanos, del derecho internacional y de la vida de millones de personas, que son tratadas como animales por el hecho de ser gazatíes, o inmigrantes africanos o latinoamericanos. Trump está socavando los pilares de una sociedad libre y democrática.
Ha normalizado la piratería internacional para eliminar gobiernos que no son de su agrado. Bombardea lanchas de pescadores y comerciantes en El Caribe, so pretexto de ser narcotraficantes, e interviene militarmente para capturar al presidente de una nación. Señaló a Maduro como narcotraficante cuando el mismo sistema de justicia de USA lo ha desmentido como una falsedad. A Trump no le importa los venezolanos, le importa el petróleo de Venezuela, país que posee la mayor reserva de crudo del planeta. Bloquea la economía de naciones que no están en su línea e impone aranceles a todo el mundo.
La llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos ha significado echar por tierra lo que se había logrado durante siglos. Estamos ante un mundo fracturado en donde la democracia queda debilitada frente a gobiernos autoritarios, defensores a ultranza del sistema capitalista ultraneoliberal. “Estamos bajo una economía que mata”, decía el papa Francisco. La presencia de Trump está contribuyendo a la idolatrización de este sistema, al incremento de la producción armamentista y el militarismo. A nivel mundial se destina 3 billones de dólares a armamento y se pide a Europa que aumente al 5 % del PIB para las asignaciones militares. Y sin embargo, se reduce los recursos destinados a la educación, la sanidad y la resolución de problemas globales comunes. La amenaza nuclear está en el horizonte, que puede llevarnos a una catástrofe mundial. Se percibe un panorama global de desorden y de caos global.
Hoy en el mundo hay 56 guerras y, aunque parezcan aisladas, todas están conectadas. ¿Qué tipo de intereses hay en juego tras las guerras? Una consecuencia de las mismas son los 120 millones de personas desplazadas. Pero lo peor es que si llegase a estallar un conflicto nuclear, ¿qué pasaría con la humanidad. La Tierra seguirá girando alrededor del son, pero sin nosotros.
En todo el mundo se percibe un avance de la ultraderecha, que se ha convertido en el principal actor de la nueva era. Este fenómeno obedece en gran medida a la industria de la desinformación que incide en multitud de personas, lanzando mentiras.
No todo obedece a Trump. Él es la cabeza de un cuerpo, la voz cantante de un coro. Detrás de él está el poder económico-financiero y los tecnoligarcas. Son los magnates del mundo. Constituyen el 1% de la población mundial. Poseen la misma riqueza que el 99% del resto (Oxfam). Controlan las redes sociales, inyectan veneno a través de ellas y destruyen la conciencia ética en la sociedad. Niegan el cambio climático. Criminalizan a los migrantes e irradian racismo, odio, xenofobia y aporofobia. Se normaliza la corrupción en el sistema económico-financiero y en la política global.
Sus policías amenazan a quienes protestan de forma pacífica. Agentes encapuchados del ICE entran sin autorización en pueblos y ciudades a la caza de migrantes y matan impunemente a gente indefensa.
Mientras Trump, Putin y Netanyahu cambian el derecho internacional por la ley del más fuerte, millones de personas en situación de vulnerabilidad sufren sus consecuencias en Palestina, Líbano, Siria, Sudán, o Ucrania. Por otra parte, aumenta la confrontación económica, comercial, tecnológica y militar entre Estados Unidos y China.
Estados Unidos y Rusia han debilitado la ONU, organismo que fue fundado tras la Segunda Guerra Mundial, para velar por la paz en el mundo. Estas dos grandes potencias militares se hacen con el control del planeta. En concreto, Trump intenta sustituir a la ONU como actor central para la resolución de conflictos internacionales. Un caso muy concreto es el proyecto de la “Junta de Paz” para Gaza. Él se reivindica como líder de un poder absolutista mundial, para implantar un régimen dominado por hombres blancos y ricos, de ideología neofascista y machista, con el objetivo declarado de acabar con el sistema democrático, pluralista y multilateral, tanto a nivel interno como internacional. El desprecio del derecho internacional como base de las relaciones entre los Estados presagia una era de conflictos y tensiones a nivel global.
Israel, con el apoyo de Estados Unidos, ha implementado una peligrosa y desenfrenada carrera armamentista nuclear y viola sistemáticamente el derecho internacional, realizando bombardeos en Líbano, Yemen, Siria y, sobre todo en Gaza perpetrando un horroroso genocidio. En Gaza son más de 75.000 personas asesinadas, una tercera parte de estos son niños y niñas. Además está invadiendo el territorio de Cisjordania, asesinando a quienes ofrecen resistencia.
Estados Unidos, Israel y Rusia han asumido el lema de los antiguos romanos “Si vis pacem, para bellum”. Llaman “derecho a defenderse” a lo que es un genocidio. No existe un dialogo serio para la resolución de conflictos. Todo se mueve por intereses geopolíticos y económicos. Se ha perdido el sentido humanista de la vida. La ética brilla por su ausencia.
Trump y la ultraderecha internacional niegan el cambio climático, que es consecuencia del acelerado deterioro del medio ambiente y del calentamiento global. Aumentan las temperaturas de la tierra y de los océanos, generando sequías persistentes, incendios y lluvias torrenciales y devastadoras. Aún así, crece el negacionismo ante esta realidad, utilizando mentiras.
Aumenta aceleradamente la desigualdad en el mundo. Nunca ha habido tanta riqueza como hoy. Crece la crisis migratoria en todo el planeta. Los países del norte global, sobre todo Europa y Estados Unidos, criminalizan a los migrantes y refugiados, considerándolos como causantes de delincuencia.
Se percibe una indiferencia generalizada en toda Europa ante los millares de migrantes ahogados en el mar. La Unión Europea guarda silencio ante el genocidio de Israel en Gaza y ante la invasión del territorio en Cisjordania. Callar es legitimar la ley del más fuerte. Aceptar esa lógica es aceptar un mundo más violento, más inestable e injusto.
Las grandes empresas transnacionales saquean los recursos de los pueblos originarios del Sur global, sobre todo el agua, la minería, las tierras raras, el gas y el petróleo y asesina a aquellos líderes que ofrecen resistencia a este saqueo.
A la democracia se la tilda de dictadura y a la dictadura de democracia. La corrupción ha permeado el sistema político y económico-financiero. La política ha entrado en una crisis global.
Existe una preocupante decadencia de ética, de utopía, mística y espiritualidad en la política y en la sociedad, pese a la existencia de multitud de gente generosa, comprometida con las causas justas y que sigue realizando trabajos solidarios al servicio de los más necesitados.
La ética desaparece en las gestiones económico-financieras y políticas y también en los medios de comunicación, sobre todo en las redes sociales. Nos encontramos envueltos en una crisis de valores, en una desertización del espíritu humano, que alcanza a toda la sociedad. Vivimos una crisis de humanidad.
Los poderosos gritan libertad para poder hacer lo que quieran, mientras que la justicia social es calificada como responsable de la pobreza en el mundo (en palabras de Milei).
El premio Nóbel de la Paz se ha convertido en instrumento de guerra. Se propone, e incluso se le concede este premio a violadores del derecho internacional y a promotores de acciones terroristas, como hemos visto este año 2025.
Existe una tendencia en la juventud, sobre todo en España, hacia los partidos políticos de extrema derecha con actitudes ultraconservadoras, supremacistas y racistas. No hay formación seria sobre derechos humanos ni formación política en los centros educativos.
La nueva era trumpista se caracteriza por el uso político de la religión en todo el mundo a pesar del aumento del número de ateos y agnósticos. Los líderes autoritarios utilizan la religión más que nunca, invocando la supuesta protección de Dios como si fueran monarcas absolutos por gracia divina.
Las religiones, salvo algunas excepciones, están más centradas en la dimensión ontológico-cultualista y ritualista, que en la dimensión ético-profética. Persiste la tendencia ultraconservadora tanto en la Iglesia católica como en las iglesias evangélicas y en el islam.
Toda esta realidad nos está manifestando que este mundo camina por senderos equivocados. ¿No será un indicador de que nos estamos acercando a un colapso global de incalculables consecuencias para la humanidad y para el planeta?
“Este mundo necesita un cambio real», señalaba el papa Francisco. Y Óscar Romero decía que «hay que cambiar de raíz todo sistema de muerte para que florezca la vida». Este mundo está urgido de un nuevo modelo socioeconómico y político justo, equitativo y profundamente humano donde el bien común y los servicios públicos estén por encima de los intereses privados, y donde se cuide con responsabilidad y ternura la Tierra, nuestra casa común, para que florezca la vida.
Presiento que si este mundo no cambia de rumbo, tarde o temprano, sufrirá un colapso, que posibilite la apertura a un nuevo camino que abra las puertas a la construcción de una nueva Humanidad.
Es por eso que esta realidad nos lleva a plantearnos ¿Qué hacer? En primer lugar, si queremos evitar este colapso es apremiante una revolución de la conciencia personal y social, ahondar en el silencio y actuar localmente en cambios pequeños y concretos, con gestos de solidaridad y fraternidad con los más cercanos, acogiendo a los que llaman a nuestras puertas. “Estamos llamados a abrazar, acoger, proteger, promover e integrar a migrantes y refugiados” (Papa Francisco). Y a nivel más global, superar los ultranacionalismos, romper con los esquemas armamentistas y militaristas, eliminar las armas nucleares y abrirnos a la fraternidad universal, es decir, tomar conciencia de que somos, antes que españoles, ciudadanos del mundo. Urge la reconstrucción de la ética en la ciudadanía y en la política. Superación de los partidismos, caudillismos y de los imperialismos. Urge la construcción del multilateralismo, la refundación de la ONU, exigir un alto a los combustibles fósiles que son los que más contaminan y destruyen la vida del planeta. Cuidar la tierra es cuestión de supervivencia.
El cambio que anhelamos no llegará por la fuerza de las armas ni por el poder del dinero, sino por la fuera de la razón contra la razón de la fuerza. Urge una revolución ético-espiritual de la conciencia humana y de esta manera, forjar alianzas y redes locales, nacionales y transnacionales. Y seguir soñando y luchando para fortalecer la utopía, caminando con esperanza hacia la conquista de una nueva Humanidad. Es hora de romper fronteras y muros, de abrir puertas y ventanas y tender puentes a los pueblos del mundo en una alianza de civilizaciones, con actitud de respeto, diálogo y acogida, libres de resentimientos y prejuicios, apostando por el amor, la vida y la paz.