3.1. Aclaración de términos y conceptos sobre la recepeción

Para iniciar nuestra reflexión, hagamos un breve listado de las palabras afines al concepto de “recepción”. Se ha hablado de “asimilación”, “infiltración”, “interpretación”, “inculturación”, “experiencia eclesial”, “adaptación”, especialmente desde una perspectiva más eclesiológica.
Retomamos las acepciones más conocidas para contribuir a la clarificación del sentido del término “recepción”:
* Asumimos para empezar, las acepción más general del término “recepción”, retomada por Christoph Theobald: “... designa ante todo una experiencia, mi propia experiencia que sin duda es también la experiencia de otros cristianos... que quiero recordar con gratitud por cuanto mi propia fe se hizo adulta gracias al acontecimiento espiritual que se vivió mientras la celebración de estas grandes sesiones cristianas de 1962 a 1965”.
* Es muy conocida en el campo teológico la definición dada por Yves Congar en 1972: “[...] el proceso por el cual un cuerpo eclesial hace suya en verdad una determinación que no se ha dado él mismo, sino en cuanto reconoce, cuando ha sido promulgada, una regla que conviene a su vida [...]. La recepción no es la pura y simple realización de una relación secundum sub et supra; comporta un aporte propio de consentimiento, eventualmente de valoración, en el que se expresa la vida de un cuerpo que pone en acción recursos espirituales originales”.

3.2 ¿Diversas hermenéuticas?

Para verificar cómo se ha llevado adelante la “recepción” del concilio Vaticano II es necesario tener presente el criterio desde el que se hace tal verificación. A su vez, el criterio dependerá del tipo de hermenéutica que se asuma. En el momento actual está puesto sobre el tapete la discusión sobre las diversas hermenéuticas que tratamos de resumir, siguiendo el aporte de Giuseppe Ruggieri titulado Ricezione e interpretazioni del Vaticano II. Le ragioni di un dibattito publicado en libro organizado por Alberto Melloni y Giuseppe Ruggieri: “Chi a paura del Vaticano II?”.

Podemos hablar de tres tipos de interpretación, según donde se ponga el acento, de forma que se puede hablar de tres tipos de interpretaciones: interpretación histórica, interpretación teológica e interpretación pastoral.

Desde el punto de vista de los autores, o escuelas, que sostienen cada una de estas interpretaciones se puede hablar de la escuela de Bolonia (interpretación histórica) con la publicación de los cinco volúmenes de la “Historia del Concilio Vaticano II” dirigida por G. Alberigo y traducida en varios idiomas; el coloquio organizado por el Centro Sèvres de Parìs: Vatican II sou le regard des historiens. Coloque du 23 septembre 2005, bajo la dirección de Christoph Theobald; el gran de Comentario teológico dirigido por Peter Hünermann y por Bernd Jochen Hilberath de la Universidad de Tubinga y publicado por editorial Herder; las diversas intervenciones del Vaticano, entre ellas Walter Kasper con un ensayo presentado en 1987; el Papa Benedicto XVI el 22 de diciembre de 2005 en su discurso a la Curia romana; y, finalmente, Mons. Agostino Marchetto con la publicación de un volumen: Il Concilio Ecumenico Vaticano II. Contrappunto per la sua storia.

¿Continuidad – discontinuidad?


Desde estas diversas escuelas (Bolonia, Tubinga, Roma) se plantean diversas tendencias para la interpretación del Concilio Vaticano II:

* Una primera tendencia interpretativa subraya la “continuidad” con la precedente tradición del magisterio católico post-tridentino, y más en concreto con el del Ochocientos y con el de la primera mitad del Novecientos: se da un desarrollo coherente y sin rupturas en las afirmaciones del Vaticano II respecto al pasado (W. Kasper, Benedicto XVI).

* Una segunda subraya, en cambio, la novedad del Vaticano II como evento “epocal”, por el cual el concilio ha creado la diferencia entre un antes y un después:
“Para algunos, el Vaticano II representaría el fin de la época post-tridentina; para otros, sería en cambio el comienzo della “Weltkirche”, de una Iglesia en la que entran en su perfil todos los pueblos y las iglesias de la tierra, con un cambio comparable con el de la iglesia primitiva cuando esta decidió ir a los paganos. Los elementos que apoyan esta interpretación son varios: apertura a la historia como auténtico lugar teológico, con la consiguiente opción por el método inductivo y la superación de una visión de la iglesia como sociedad perfecta”.

Giuseppe Ruggieri ofrece una solución frente al enfrentamiento de estas dos interpretaciones:
“Sustancialmente me parece que se pueden distinguir dos aproximaciones diversas al problema. La primera es típica del teólogo y la segunda del historiador. El Papa Benedicto XVI, por ejemplo, en su discurso a la curia se ha colocado en un nivel típicamente teológico. Explica la hermenéutica de la “reforma”, como comprensión “de la renovación de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha querido regalar; se trata de un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, permaneciendo siempre el mismo único sujeto del Pueblo de Dios en camino” [...]. Diverso, pero no contradictorio con el precedente, es el registro típico del historiador. En la reconstrucción de los diversos momentos de la historia de la iglesia el historiador se preocupa de reconstruir la consistencia propia de cada momento, su especificidad respecto a otros momentos de una historia que abarca dos mil años. Por esto el historiador debe colocarse ante el Vaticano II como “acontecimiento” [...]. Toda la novedad del Vaticano II (el retorno a las fuentes, la puesta en día, la apertura a los hombres y a las mujeres de hoy con su historia concreta, el ecumenismo, la libertad religiosa, la palabra de Dios, la colegialidad episcopal...) no se niega y puede ser asumida dentro de un discurso más amplio en el que se sitúa la interpretación de la continuidad.”

¿Acontecimiento conciliar – Cuerpo doctrinal?

Otro aspecto importante a tener en cuenta para la recepción del concilio, es establecer la relación entre el Concilio como “acontecimiento” y como “cuerpo doctrinal”. Estas dos dimensiones se pueden sintetizar en esta cuestión importante, en definitiva, ¿cuál es la identidad teológica del Vaticano II?
Este planteamiento de base es el que propone Christoph Theobald inicialmente en el Coloquio de París (2005) y que luego desarrolla ampliamente en su reciente obra ya citada. La identidad del Vaticano II es, para el autor, la cuestión central de su recepción. Para encontrar esta identidad se ha de responder a tres preguntas:
Primera pregunta: ¿hoy, qué podemos esperar del Vaticano II? Para algunos, la aplicación del Vaticano II ha terminado y no podemos esperar ya nada nuevo. Para otros, la situación actual es una invitación a releer el Vaticano II y a descubrir en él una llamada para hoy.
Segunda pregunta: ¿hoy, que debemos esperar del Vaticano II? Hay quienes minimizan su carácter normativo a causa de su carácter pastoral. Otros ponen el acento sobre su eclesiología de comunión, sobre las relaciones entre el primado del Papa y la colegialidad de los obispos, sobre el estatuto que da a la Iglesia católica en el debate ecuménico y el diálogo interreligioso. La confrontación entre el aspecto pastoral y el aspecto doctrinal, entre el número y la importancia de los documentos conciliares, tiene con frecuencia el efecto de velar o de atenuar su carácter obligatorio.
Tercera pregunta: ¿hoy, cómo hay que interpretar el Vaticano II?: Unos piensan que es suficiente tomar en consideración los documentos en sí y situarlos en la gran tradición de la Iglesia. Para otros, los documentos conciliares son el resultado de compromisos y son por tanto menos importantes que el acontecimiento conciliar en sí mismo.
C. Theobald concluye así esta cuestión:
Detrás de estas formulaciones y tomas de posición se perfila la única pregunta definitiva que es la de la identidad misma del Vaticano II. Se podría decir que las dificultades de su recepción provienen de la confrontación postconciliar entre las diferentes hermenéuticas, y que por lo mismo es preciso asegurar la identidad del Concilio.
Para responder ampliamente a estos interrogantes y a esta preocupación central, Theobald realiza una amplia investigación en la historia del concilio Vaticano II, en su fase preparatoria y en la manera como se llegó al cuerpo textual. Sobre estas bases aborda el tema de la recepción del cuerpo doctrinal desde la importancia del acontecimiento conciliar. Termina su investigación proponiendo el Vaticano II como iniciación de un proceso teologal de aprendizaje. De esta amplia investigación retomamos sólo la síntesis de dos capítulos que nos pueden servir para el fin de esta reflexión: la lectura del proceso de recepción y las conclusiones o resultados de la misma.

Para la reflexión Personal:
- ¿Qué idea tengo sobre la recepción del Concilio Vaticano II?
- ¿A qué atribuyes que el Concilio siga despertando hoy esperanzas y temores, a la vez?
- ¿Cómo vivo hoy, en la actividad pastoral y en mi vida personal, la propuesta del Concilio?
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