La vida en mayúsculas

Mi suegro tiene 85 años y es una persona que desde hace años convive con el cáncer; digo convive porque ha integrado esta enfermedad en su vida con una naturalidad extraordinaria, la cual sorprende a propios y extraños. Especialmente a los propios nietos que consideran a su abuelo poco menos que un superhéroe.
Estos últimas semanas su deterioro ya es grande y ha dejado de hacer prácticamente la vida a la que estaba acostumbrado; además en muchos momentos vive un casi dolor insoportable por lo que se le aplican todos los paliativos necesarios para que no sufra. A pesar de estas circunstancias tan terribles, mi suegro mantiene la VIDA. Esa VIDA con mayúsculas que le hace fuerte en la debilidad y le hace responder “bien” cuando le preguntamos cómo está. Esa VIDA que manifiesta agradecimiento, esa VIDA que sigue preocupada por las personas queridas, por sus campos en los que ha trabajado siempre, por seguir manteniendo en pie su dignidad, frente a una enfermedad incapacitante y que puja por borrar todo aspecto humano, pero que sigue sin lograrlo.
Todos nosotros, especialmente sus hijos y nietos, estamos viviendo esta experiencia con una mezcla de amor, tristeza, admiración, orgullo y agradecimiento, que formará ya parte de nuestro ser más profundo para siempre. Él está muy enfermo si, y el cáncer, poco a poco, se adueñará de su cuerpo, pero tengo la certeza que nunca lo hará de su VIDA.

María José
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