La crisis en Ceuta y el Evangelio
Después de mucho tiempo de crisis en Ceuta -y lo que queda por delante- veo algunos elementos que son más importantes que las declaraciones políticas que estamos escuchando. Veo un intento de cronificar el problema cuando no se acepta trasladar a menores a centros de la península, que sería lo legal. Y cuando se pretende “devolver” (echar) a Marruecos a los miles de inmigrantes que quedan de cuantos entraron en tromba en Ceuta, algo ilegal a todas luces hacerlo “a la brava”. Pero es lo que dijo el presidente del primer partido de la oposición. Sin olvidarme de que todas las soluciones coyunturales para realizar el triage y el seguimiento sanitario se han torpedeado desde la autoridad ceutí, aceptando primero para negar después el traslado provisional a polideportivos, al puerto, a cualquier lugar para que no haya más remedio que echarles y acabar con “el problema”. Pero así, el problema de los inmigrantes continúa, y son seres humanos como nosotros, exactamente iguales en derechos básicos humanos.
Veo discriminación en sus formas más sutiles conteniendo a duras penas otras formas más explícitas y violentas. Es evidente el tratamiento poco humanitario que existe en torno a los acampados en Ceuta con la anuencia de demasiadas personas de bien. El Derecho español y comunitario, con sus leyes, normas y prácticas administrativas, están siendo violentados por representantes políticos.
No podemos olvidar que no pocos emigrantes regularizados legalmente con su nacionalidad bajo el brazo, pero afrodescendientes, son tratadas como extranjeros en los diversos ámbitos de su vida cotidiana. Lo digo porque la discriminación se basa en múltiples criterios, como la dominación social, el género, la identidad cultural o el nivel de pobreza… este sobre todo. En el discurso social se está imponiendo la idea que la principal causa de la discriminación de las personas migrantes es la pobreza, lo que Adela Cortina llamó aporofobia o rechazo al pobre. No olvidemos que desde 2021 se incluye como conducta en la tipificación de los delitos de odio. Y lo que está ocurriendo en Ceuta con este rechazo y odio no es propio de una democracia, porque no se respetan los derechos humanos fundamentales comenzando por el de la dignidad de ser humanos…
La discriminación social en las condiciones de penuria en Ceuta tendrá su secuela en los privilegiados que logren su objetivo de quedarse, en forma de dificultades añadidas en la búsqueda de empleo, las condiciones laborales, el acceso a la vivienda, el rechazo social, etc., bordeando de nuevo la exclusión. Ser mujer conlleva una especial vulnerabilidad en determinados contextos. Al final, los inmigrantes son la imagen de sus países de origen que viven en tierras con materias primas muy demandadas, pero al mando tienen un sátrapa que amartela el nuevo colonialismo de las multinacionales, nuestras multinacionales del Primer Mundo en el que nos quejamos, pero que en su seno vivimos muy bien mientras nos llega la miseria en forma de miles de africanos, marroquís y subsaharianos, que no tienen nada. Por si fuera poco, estos parias de la tierra en terreno ceutí son vistos como los generadores de problemas, una molestia que para algunos políticos merece a pena transgredir la ética y la ley con tal de servirse del problema. Y los habitantes de Ceuta, en medio de todo el meollo. Es lo que tiene la esclavitud moderna, que además genera xenofobia y odio.
Y ante esta situación, los cristianos, los católicos, ¿qué sentimos? El Evangelio en todas sus páginas habla de los predilectos del Reino y nos señala la acogida como una disposición fundamental (“fui forastero y me acogiste” -Mt 25- en relación con Rom 2,6). ¿Sentimos todos lo mismo al leer el Evangelio? Porque veo a gentes “tradicionales” que pasan por la Iglesia los domingos y se sienten representados por el Partido Popular de Feijóo y por Vox en este tema, llegando a conclusiones que me desazonan como seguidor de Cristo. Está claro que no todos entendemos el Evangelio de la misma manera cuando se trata del problema humanitario en Ceuta, y el todavía mayor que existe al sur de Ceuta. La diócesis de Cádiz y Ceuta, por ejemplo, ha optado por el silencio (¿cobarde?) sin comunicaciones públicas después de la polémica generada el vicario del Santuario de Santa María de África (Ceuta), que habló de una negación de ayuda a quienes cruzaron la frontera envuelta en lo que él llama la “jerarquía de la caridad”: primero los españoles, luego los migrantes.
Quizá la realidad de Ceuta puede ser un banco de pruebas para que, a nivel individual, cada cristiano en su fuero interno hagamos un examen a su conciencia en torno a como sentimos semejante problema migratorio. Cómo vemos a estos miles de seres humanos de tercera, si preferimos soluciones rápidas, o no, con tal de que nos quiten el problema de la tele. En definitiva, con quién tenemos el corazón teniendo presente el Mensaje central del Evangelio.