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Los inmigrantes como pieza electoral

Me llama la atención la consideración que muchos cristianos tienen de las personas que vienen masivamente de otros países, los “extranjeros”. Hoy se utiliza más “inmigrante” reduciendo su significado a los que vienen de la pobreza severa. Lo menciono porque en las próximas elecciones hay partidos claramente excluyentes con este gran colectivo -prioridad nacional- a los que tradicionalmente les votan personas que dicen seguir el Evangelio, es decir, que se consideran seguidores de Cristo como miembros de la Iglesia católica.

Si lo miramos desde los tiempos de Jesús, Él contrajo muchas veces “impureza” a causa del trato que buscó y nunca rechazó con personas impuras (en este caso extranjeros, personas ajenas al Pueblo elegido) con las que compartió innumerables momentos; un compartir profundo, acogedor y sanador, más allá de un mero contacto físico que ya era suficiente para caer en la impureza. El ejemplo del buen samaritano resulta difícil de sortear a la hora de cuestionarnos la actitud a tener con los necesitados que vienen a nosotros en busca de ayuda, y que tanto importunan a algunos.

Al releer la parábola del samaritano compasivo vemos que desborda el contexto religioso judío de entonces para convertirse en un referente para todos sobre qué hay que hacer y cómo hay que hacerlo, si de verdad queremos ser seguidores de Jesús, teniendo en cuenta que en aquél tiempo, el extranjero estaba mucho peor visto que ahora al considerársele excluido del pueblo de Dios. Recordemos el pasaje de la huida de María, José y el Niño a Egipto, emigrantes hasta la muerte de Herodes el Grande, en donde posiblemente fueron mejor tratados que lo que acostumbraban los judíos seguidores de Yahvé con los extranjeros.

La desconcertante llamada evangélica para amar también a los desconocidos y extranjeros necesitados, ya existía como llamada a la fraternidad en las enseñanzas del Antiguo Testamento. En concreto, aparece en el Levítico y Deuteronomio donde se señala imperativamente el deber que Yahvé traslada al pueblo elegido: “amarás al forastero” al tiempo que se recuerda que el pueblo judío fue inmigrante en Egipto (Levítico). Lo que Jesús viene a confirmar es este deseo divino “desde siempre” en forma de buena y cercana noticia para todos. Y que las normas de Dios no tratan de leyes sino de amor que hay que llevar a la práctica en todo tiempo y lugar.

Hoy abundan los extranjeros que solicitan acogerse desesperadamente a nuestra misericordia, pero no siempre reconocemos en ellos al rostro de Dios en las pateras, en el top-manta, en la prostitución de mujeres engañadas en sus países de origen, en los “sin papales”. En pleno guirigay actual por las medidas de contención a tanto inmigrante en busca de un poco de justicia y alimento, la conducta de Jesús (cristiana) fue clara con este colectivo. En realidad, su pobreza y exclusión los hace ser los preferidos del Evangelio. ¿Cuál sería la actuación de Jesús en su encuentro con personas concretas que se agolpan por conseguir algunas migajas del Primer Mundo?

Por último, es obligado referirme a los encuentros públicos de Jesús con mujeres extranjeras. Sin agotar los ejemplos, la samaritana del pozo fue una lección para los discípulos de cómo podía existir una fe más grande entre las mujeres paganas. La cananea era de un pueblo enemigo de Israel. Por tanto, a su condición de mujer y extranjera, se le sumaba la de pertenecer a un colectivo enemistado con el pueblo elegido, sin que existiera al menos un vínculo religioso como había en el caso de la samaritana del pozo. Tan es así que los apóstoles quieren apartarla de Jesús pues no se merecía la atención de su Maestro. Nuevamente, Jesús alaba la fe de la mujer y atiende su súplica. Curiosamente, el primer caso que se narra en la Biblia de un resucitado sucede por la mediación del profeta Elías, precisamente con el hijo de una mujer extranjera, fenicia de la ciudad de Sarepta. Dicha mujer era viuda, lo que significaba la condena a ser de las personas más pobres y desamparadas, sobre todo si no tenía el apoyo de ningún varón.

En fin, que viene la campaña electoral y las elecciones, y se mantiene en pie la sentencia de Jesús que no admite interpretaciones: por sus hechos los conoceréis. A lo que habría que añadir el pasaje referido a cuando escandalizamos por nuestra hipocresía e incongruencia.

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