¿Qué nos queda del viaje del Papa?
Es comprensible que cada tendencia política y social interprete la visita y los mensajes del Papa desde su conveniencia. Lo curioso en este viaje, es el interés de algunos en diluir mensajes fundamentales del Papa destacando aspectos secundarios o anecdóticos. Voy a intentar no caer en el mismo error compartiendo cinco aspectos que deben quedar en la retina por su importancia. No olvidemos que este viaje se ha programado para que su repercusión tenga un alcance más allá de los lugares visitados, buscando influir desde las conductas humanas y cristianas sin distinguir colores ideológicos.
Más allá de la impecable organización y cobertura mediática de la apretada agenda y tantos agentes implicados -políticos, religiosos, sociales- el primer aspecto que destaco por su importancia es la contundente postura humanitaria y profundamente cristiana del Papa sobre la inmigración rechazando de plano que los migrantes se conviertan en “simples cifras ni en instrumentos de confrontación política”. León XIV ha pedido una “acogida respetuosa y posibilidades reales de integración”. Que no tratemos a los inmigrantes “peor que a las mascotas de casa o a los animales".
Este tema ha sido el que ha propiciado el viaje. Recordemos que Francisco ya quiso venir a Canarias para manifestar su postura rotunda en este tema, pero la enfermedad pudo más que su deseo. Su sucesor ha querido tomar el testigo remarcando sin ambages la crudeza de la realidad y la responsabilidad moral de los políticos y de quienes se dicen cristianos, teniendo en cuenta que la Unión Europea está decidida a confinar inmigrantes en terceros países.
El segundo tema a destacar unido al anterior es el mensaje de unidad frente a fragmentación llamando a los fieles católicos a ser “testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz”. Somos testigos de Alguien que dio la vida por su trabajo a favor de una humanidad basada en el encuentro frente a la polarización de cualquier signo. Claro mensaje también para los dirigentes que le han escuchado, cuando ha pedido “acuerdos” entre las fuerzas políticas.
A los jóvenes en Madrid les advirtió de que “muchas cosas en las redes nos engañan, buscad siempre la verdad. Dios es verdad”, recordándoles que la verdad debe ser reivindicada y vivida frente a la manipulación, especialmente ahora que surge con fuerza la Inteligencia Artificial.
El cuarto mensaje es su rechazo al ascenso social y político de la ultraderecha viendo como aprovecha la democracia para desmontarla con mensajes ultraliberales en lo económico e imponiendo acciones xenófobas, allá donde gobiernan. En el trasfondo queda el cruce de declaraciones del Papa respondiendo a Donald Trump, así como los ataques verbales de Vox a la Conferencia Episcopal (CEE) por su posicionamiento claro en la lacra de la inmigración.
Por último, y no menos importante, el quinto mensaje central de León XIV en torno a la pederastia dentro de la Iglesia; mejor dicho, sobre la actuación de la CEE con su presidente a la cabeza a la hora de tratar este tema que tanto escandaliza. El Papa ha recordado que se pierde toda credibilidad y denigra el Mensaje del Evangelio cuando no se asumen las responsabilidades con la humildad, el perdón y la reparación necesaria a las víctimas.
Si algo ha faltado, en mi opinión, han sido la falta de alguna referencia a la situación de la mujer en la Iglesia; algún mensaje, teniendo en cuenta que ellas son clara mayoría entre los fieles católicos. Ha faltado alguna referencia a la pederastia también en el monasterio de Montserrat, teniendo en cuenta lo que allí ocurrió en su día. Por último, la sinodalidad es una apuesta decidida de este Papa como forma de ser Iglesia, continuando la estela de su antecesor; alguna llamada en esta dirección no sobraba, teniendo en cuenta la renuencia de bastantes católicos a avanzar en esta dirección.
Este Papa es diferente a Francisco en los ritmos, pero todo indica que su visión de Iglesia trata de materializarla sin grandes zancadas, más bien con pasos cortos que pretenden llegar igual de lejos. No me extrañaría que tras el proceso sinodal que acaba en 2028, se convocase un Concilio Vaticano III en donde se tomarían importantes decisiones. Seguiremos atentos a sus próximas iniciativas y mensajes.