Stabat Mater de Viernes Santo

A veces escuchamos la música sacra sin percatarnos de que hay un ser humano detrás que la compuso, vaya usted a saber en que circunstancias personales. En pleno Triduo Pascual, hay un artista que puede acercarnos el misterio de nuestra fe a la vida diaria, la que Pergolesi vivió, sobre todo al final de sus días.

Giovanni Battista Draghi, más conocido como Pergolesi, tuvo una vida corta (1710-1736). Sin embargo, fue un extraordinario compositor de óperas y comedias musicales, dejando un legado impresionante de música sacra. Sus composiciones religiosas marcaron una profunda huella en la música barroca. El Stabat Mater que compuso en 1736, se considera su obra maestra y uno de los más grandes logros de la música religiosa por su profunda expresión emocional.

Tras esta imagen de niño prodigio se esconde una vida llena de dolores: de niño perdió a sus padres, a lo que hay que añadir que dos hermanos y una hermana murieran en la infancia. Desde su infancia, Pergolesi estuvo aquejado por graves problemas de salud; posiblemente padecía espina bífida, y la causa de su temprana muerte con sólo 26 años fue la tuberculosis, en el convento de los Capuchinos de Pozzuoli, donde se retiró ante la cercanía de la muerte. Allí concluyó el Stabat Mater más famoso de la historia, dos días antes de morir: “El Señor me concedió poder finalizar la pieza. Estoy en paz”.

Se considera esta obra como una de las que mejor engarzan el sufrimiento humano con el drama divino de Jesús desde la actitud que muestra su madre, María, quien sabe por la gracia de una fe inquebrantable que todo no termina tras la muerte,  y dolorosa que pudiera parecer. A su manera, es lo que pudo experimentar este compositor en su particular noche oscura de “viernes santo”, inspirado en los dolores de María.

Pergolesi pasó desapercibido en vida y solo tras su muerte fue elevado a la categoría de genio, impulsado por el éxito de su composición postrera, hasta el punto de que fue la más reeditada del siglo XVIII. 

Todos somos eslabones de una larga cadena de sembradores que no vemos el fruto de la siembra, tantas veces, porque el recolector es Dios en el momento que mejor cree que debe realizarse la cosecha. Y Pergolesi también fue un eslabón. Antes que él, un fraile franciscano del siglo XIII compuso el poema Stabat Mater que pronto se convirtió en una de las plegarias devocionales más populares hasta ser admitida en el oficio de la Iglesia como la secuencia propia de la Virgen de los Dolores.

Pergolesi se apoyó en este texto para su composición musical en medio de tanto sufrimiento, haciendo honor a uno de sus pensamientos: La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible. Es cierto que su actitud no le ahorró una gota de dificultad ni la muerte a una edad tan temprana que suena a fracaso de un genio en plena madurez sin apenas disfrutar de su creación y del reconocimiento. El éxito de la vida fértil sale con frecuencia a la luz en la posteridad.

En este Triduo Pascual, la vivencia de Pergolesi en torno a su Stabat Mater me conecta con la noche oscura de cada ser humano, cuando todo parece indicar que los esfuerzos y anhelos en esta vida, han acabado en fracaso. Sin embargo, nos espera lo mejor: la plenitud de Dios Amor para toda la eternidad… a lo que habría que añadir aquello que nuestros esfuerzos vayan a servir para otras personas tras nosotros, como señalan tantas biografías.

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