Es tiempo de conversión, de mirar a lo que nos hace verdaderamente humanos y aferrarnos a ello. Es tiempo de poner el servicio, el cuidado y la acogida como las claves de un mundo nuevo que gime, ciertamente, con profundos dolores de parto 11-S: el principio del principio del fin

11-S: el principio del principio del fin
11-S: el principio del principio del fin

Estados Unidos comenzó con lo que llamó la guerra contra el terrorismo, una guerra que ya anunciaban larga y costosa. Esa guerra comenzó con Afganistán, veinte años después, se retiran dejando un rastro de muerte y destrucción y sin haber conseguido siquiera los objetivos explicitados

Sin embargo, aquello fue solo el comienzo. Después vino Irak, Siria o Libia

Una de las preguntas recurrentes cuando se cumplen efemérides como la del atentado de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 es: “¿qué hacía usted aquel día, dónde estaba?”. Nunca hube de plantearme tal asunto, pues es una de las cosas que más nítidamente tengo grabadas en la memoria. Creo que fuimos muchos los que lo vivimos en directo como un cambio de época, como el comienzo de algo que no traía buenos presagios. De golpe, una forma de entender el mundo cambiaba y lo hacía de tal manera que no habría vuelta atrás. Los hechos acaecidos aquel día imprimirían tal carácter al devenir histórico que apenas aún hoy somos capaces de hacer una mirada retrospectiva con suficiente distancia histórica. Serán los historiadores de final de siglo quienes mejor puedan analizar los hechos y determinar en qué medida influyeron en el acontecer del mundo.

El 11 de septiembre de 2001 fue martes, un martes festivo en Murcia, pues es el día en el que se sube a su santuario del monte a la Virgen de la Fuensanta. Por ese motivo, yo no trabajé y estuve en casa toda aquella mañana. A muchos les parecerá imposible, pero entonces no había teléfonos inteligentes ni una conexión a internet suficiente. Seguro que los de mi edad recordarán aquellos aparatos conectados a la red telefónica que permitían una conexión muy precaria de ¡56K! Apenas daba para descargar el correo y consultar algo concreto. Todavía estábamos en el mundo lento previo a internet. Las noticias llegaban por la radio, principalmente, y también por la televisión. Pero no es mi costumbre ni escuchar la radio ni ver televisión, sino aprovechar para leer o escribir. En eso pasé aquella mañana. Tras la comida, entonces sí, pongo el telediario. La apertura era confusa: imágenes de una de las Torres humeante y noticias de que un avión se había estrellado accidentalmente contra ella. Y ocurrió lo que nadie podía imaginar, ante nuestros propios ojos, en directo: El segundo avión impacta contra la segunda Torre. En el telediario no salían de su asombro. Conectan con los expertos de la propia casa para que intenten dar luz sobre aquello. Ya se veía con claridad que no estábamos antes un accidente y las televisiones americanas rotulaban: “América bajo ataque”. En el transcurso de aquel largo telediario vimos cómo se hundieron ambas Torres, contemplamos el horror de una ciudad colapsada y sometida a un shock brutal.

19148183_303

Pronto comenzaron los expertos a dar sus versiones de cómo pudo suceder aquello. Desde Estados Unidos nos llegaba la versión de que unos terroristas se habían apoderado de los aparatos y habían obligado a estrellarlos contras las Torres. Un capitán de Iberia invitado a TVE, no recuerdo su nombre, explicó que la maniobra de estrellar un avión de esas características exige una gran pericia, que una persona sin suficiente instrucción sería  incapaz de hacer. Eso me hizo pensar mucho, pues el capitán sabía de lo que hablaba. La versión oficial ni convencía ni convence, pues 19 sujetos sin apenas instrucción en el vuelo de una avioneta, no son capaces de hacer estrellar un avión de esa manera y ningún comandante de vuelo lo habría hecho. Pero, no nos vamos a detener en cómo sucedió, nos interesan más las consecuencias de aquello hoy en día.

Es de sobra conocido lo que vino después. Estados Unidos comenzó con lo que llamó la guerra contra el terrorismo, una guerra que ya anunciaban larga y costosa. Esa guerra comenzó con Afganistán, veinte años después, se retiran dejando un rastro de muerte y destrucción y sin haber conseguido siquiera los objetivos explicitados. Sin embargo, aquello fue solo el comienzo. Después vino Irak, Siria o Libia. Lugares todos ellos destruidos de manera inmisericorde para imponer la doctrina que llevaban rumiando varios decenios: The New American Century. Los llamados Neocons, necesitaban hacer resurgir a una potencia mundial ya en declive. Solo habían pasado 12 años desde su victoria contra la URSS y ya estaba claro que Estados Unidos no podría ser la potencia hegemónica que siempre habían anhelado. El mundo se les quedaba grande. China comenzaba su despertar capitalista y amenazaba al titán imperial, los recursos energéticos estaban a punto de llegar a su cénit y era cuestión de tiempo, como vemos hoy, que escasearan y hubiera que pelear por ellos. Por tanto, se embarcaron en un proyecto nihilista que llevará a la destrucción del Planeta en un intento por sostener su hegemonía. Si Estados Unidos no domina el mundo, que perezca. Esa era su consigna. Y aquí estamos, a las puertas de guerra de todos contra todos por los escasos recursos que ya va dejando el capitalismo neoliberal devorador de la naturaleza y de la humanidad.

Cruz del 11 S
Cruz del 11 S

No se puede decir que todo comenzara aquel día fatídico, pero sí que ese día fue el principio del fin, un fin que no llegará de manera inmediata, pero del que resuena en nuestros oídos el lejano eco de las trompetas del Apocalipsis, un libro que han utilizado mucho los Neocons para inspirar sus delirios de grandeza y ese trastornado discurso de guerra contra el mal que representan todos los que a su parecer se oponen al destino manifiesto de América. Tras aquellos iluminados han llegado las bravatas de Trump, la posverdad y toda la destrucción y miseria que acompañan a esta nueva barbarie que ha de soportar nuestro mundo en este siglo. La Tercera Guerra Mundial comenzó el 11 de septiembre de 2001, decretada por quienes preveían ser perdedores del mundo que nos dejó la Segunda. Se trata de una guerra larga, muy larga, donde los campos de batalla no están limitados ni siquiera a lugares físicos, pues está extendida a la vez por el mundo virtual de internet. Es una guerra que nadie podrá ganar, pues todos somos perdedores en un mundo donde solo sirven la confrontación y la fuerza.

El Papa Francisco ya nos advirtió de que estamos ante una guerra mundial de nuevo tipo. Ahora todos somos víctimas y victimarios, pues este mundo ya es una aldea global definitivamente. Todo nos afecta a todos, todo está implicado en todo. Laudato Si’ es el grito esperanzado de quien sabe que estamos ante una hora decisiva para el Planeta. Es tiempo de un compromiso claro y definitivo de todos, sin dejarnos llevar por las urgencias del momento, mirando a largo plazo y haciendo oídos sordos a los cantos de sirena del tecno-optimismo. Es tiempo de conversión, de mirar a lo que nos hace verdaderamente humanos y aferrarnos a ello. Es tiempo de poner el servicio, el cuidado y la acogida como las claves de un mundo nuevo que gime, ciertamente, con profundos dolores de parto.

Volver arriba