"Cuando todo podía derrumbarse": El Evangelio de Marcos según X. Pikaza

Xabier Pikaza, Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2012, 1199 pp.

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Este no quiere ser un comentario de un libro, ni tan siquiera una reseña de una obra importante; quiere, como solo se puede querer lo fundamental, recuperar el valor de la narración para la sociedad humana, un valor que la sociedad del espectáculo está arrinconando y que el cristianismo, si quiere subsistir, tendrá que recuperar a toda costa. Esto es lo que hace l’esprit de finesse de Xabier Pikaza, un espíritu cultivado y cautivado por la Sagrada Escritura, en especial por la figura y la presencia de aquel que, nacido de una joven en extrañas circunstancias, fue el revulsivo histórico que Dios quería para la humanidad; fue la salvación para todos los que se han encontrado con él y los que lo harán. Pero para encontrarse con él es necesario recibir el testimonio, y esto habría sido imposible sin la genialidad de un tal Marcos, allá por el año 70 de nuestra era. Tuvo la osadía y la iluminación de escribir para que no se perdiera, justo en el momento en el que todo podía derrumbarse (28), la experiencia de un grupo de hombres y mujeres que habían compartido con el Nazareno su vida, sus anhelos, sus lágrimas y su fe.


Pikaza, sin grafía, pero con el sentido de una obra completa, pretende también, como Marcos, recuperar la experiencia salvífica de Jesús ahora que todo puede derrumbarse y que los hechos históricos nos conducen a variados caminos sin salida, a tientas, sin la luz de la fe ni tampoco la de la ciencia. Por eso quiere rescatar del olvido, redimir de la condena al abandono, lo que ha sido una gran tradición de liberación de la humanidad vivida con pasión, sufrimiento y compromiso y que, en el devenir de los tiempos modernos, los mismos que debíamos poner en la práctica diaria, hemos dejado de lado por miedo a las consecuencias que tal compromiso arrostra. Son consecuencias para la propia vida, pues lo que Marcos nos da no es sino una biografía de la persona humana de Jesús en la perspectiva pascual. Marcos, dice Pikaza, propone la solución al Calvario: contar la historia real de Jesús, es decir, la pascual. Es el relato del fracaso mesiánico de Jesús Nazareno que, paradójicamente, se construye como la posibilidad de la llegada del Reino de Dios a partir de Galilea para todos los hombres que vivirán, para toda la sociedad y para todas las sociedades. Galilea es el nuevo comienzo del Resucitado en y por sus seguidores para todos los confines del mundo y para toda la historia. Galilea es hoy el signo de la necesitada reconstitución eclesial que debe experimentar en sí misma la Pascua de Cristo. Muriendo y resucitando, la Iglesia será capaz de cumplir su misión, justo antes de que todo se derrumbe.


La obra, magna por su volumen y magnífica por su ejecución, es una lectura y comentario capítulo a capítulo y versículo a versículo del primer evangelio histórico. Quiere ser y es un texto de consulta y acompañamiento para los lectores del evangelio. Los siglos transcurridos y la necesaria traducción, no solo textual, sino vivencial, hacen necesario un texto que acompañe y explique el de Marcos. Solo un especialista puede hacer esta labor, un especialista con la dedicación y la experiencia de Xabier Pikaza. De ahí que esta obra contenga, a partes iguales, la obra del hagiógrafo y la obra del teólogo. Como las grandes obras del siglo pasado sobre Jesús, esta también nos muestra el Jesús de Pikaza, no solo el de Marcos, de ahí que sea el Marcos de Pikaza, el evangelio según Pikaza. Y muy al contrario de lo que cierta exégesis al uso pretende, a saber, recuperar el texto originario sin la mediación del intérprete actual, esta obra es muy consciente de la necesidad de toda traducción y de los medios y métodos que las ciencias hoy nos aportan. Lejos de ser estos métodos impedimentos, son los posibilitadores de todo acercamiento al texto, texto que quedaría como una simple reliquia si no pudiéramos hacer otra cosa que repetir sus palabras sin alcanzar el corazón de las mismas: el sentido que vehiculan. Los textos, sin el acercamiento de los plurales métodos exegéticos, son tumbas del sentido, sarcófagos del pasado, mausoleos de la experiencia humana.


Para hacer una mínima aproximación a la obra lo haremos en tres momentos que presuponen tanto la quiebra histórica del cristianismo marcano como la quiebra posmoderna que nos atenaza. El texto, todo verdadero texto, presupone un sustrato oculto, la trabazón de los hilos de su composición, donde se asienta la trama que se expone. Esa trama nos permite rescribir el sentido de la experiencia humana, recrear la comunidad liberadora y reconstruir la historia de salvación. Esto es lo que ha establecido Pikaza en su obra: un texto que reconstituye el texto de la experiencia creyente de la comunidad marcana.


I. RECONSTRUIR LA HISTORIA

“Cuando muchos pensaban que no había solución (…), Marcos pensó que la solución era contar la historia ‘real’ de Jesús”.

Toda historia real es siempre el relato de un fracaso, cualquier otra versión de la historia siempre es ficción o ideología. No hay más que echar un vistazo a las historias al uso donde se cuentan las batallitas de reyezuelos y generales, sin más profundidad que un devenir de hechos gloriosos que no aportan nada ni al sentido de la historia ni a la vida de los que lo escuchan. Contar la historia es contar la muerte, desde todos los ámbitos posibles, porque vivir no es sino morir, poco a poco o de golpe. Morir es la forma que lo humano tiene de eternizarse y eso mismo es lo que aconteció con Jesús y que tan magistralmente nos relata Marcos. Marcos no se queda en anécdotas episódicas, en la biografía del héroe, en el panegírico del Elegido. No, Marcos, nos introduce en una vida que se da y se desgasta hasta la incomprensión de quien no sabe qué le está sucediendo, hasta la duda existencial más honda posible: saber si tu existencia tiene o no algún sentido. El Jesús de Marcos desciende a los infiernos del sinsentido vital y asciende a la gloria de la victoria sobre la única y verdadera muerte: la muerte de no haber hecho lo que se debía. No hay relato de resurrección, no hay grandes acontecimientos telúricos, solo silencio, miedo, y temblor. Al final, la historia tiene sentido porque uno mismo lo otorga tomando las decisiones adecuadas en el momento justo, decisiones que le llevan a la muerte, como no puede ser de otra forma, pero una muerte preñada de vida, una muerte que es capaz de empujar a otros a vivir con sentido, una muerte viva.

La historia no es la sucesión de hechos gloriosos de prohombres; la historia es una labor humana que debe ser levantada cada día, porque el mundo, como lugar en el que habitan los hombres, no nos es dado sino como una tarea a construir. La cuestión está en si nos construyen nuestra historia, o bien tomamos en nuestras manos las riendas de la vida y asumimos, arrostramos, las consecuencias que ineludiblemente acarrean. Así fue a lo largo de la historia de Israel, una historia marcada por la derrota de la que Dios era capaz de sacar victorias. La historia de Israel es la historia de unos oprimidos capaces de construir su historia, de reconstruir el sentido de sus vidas a pesar de la opresión y contra ella. Sin embargo, frente a las concepciones veterotestamentarias, Marcos nos cuenta la historia carnal de un hombre real. Es un hombre, el Hijo de Dios, no un ser meramente divino. Es un hombre que muere, que es ejecutado y las causas de su muerte son la esperanza para los que le siguen. La victoria no vendrá bajada del cielo, sino construida a partir de los sufrimientos en esta vida. Será mediante el sufrimiento, compartiendo el dolor de los hombres de este mundo, oprimidos por el demonio, cómo Jesús salvará, resucitará la historia y recuperará cuanto de humano hay en el mundo.

Marcos escribe una buena noticia que se opone a las supuestas buenas noticias del imperio romano y que supone su subversión. Ahí comienza la reconstrucción de la historia, en un nuevo relato de lo que es verdaderamente lo bueno frente a lo que se impone como tal por los que rigen el mundo. Marcos ha producido el giro copernicano del cristianismo de los orígenes. Si Pablo, dependiente del cristianismo Sirio damasceno, pone el acento en la muerte y resurrección de Cristo, Marcos define la importancia de la Pascua a la luz de la biografía anterior. Si los hechos y dichos de Jesús antes de la Pascua, nada de lo sucedido allí tendría más sentido que un mero relato de un héroe de corte helenístico. Las corrientes helenizantes corrían el riesgo de acercarse demasiado a una concepción desencarnada de la salvación y Marcos puso la carne, la vida, la historia en el mismo centro de todo. Dios, por medio de Jesús, ha elevado una forma de estar en el mundo, de vivir la experiencia humana, de hacer historia, como la forma por antonomasia. La resurrección es la culminación del proceso, pero lo es porque ha habido un determinado proceso de recreación histórica a partir de los excluidos, los pobres y oprimidos.

Por eso, el evangelio de Marcos no es una mera predicación para la conversión. Es, en el sentido hebreo más profundo, un libro que se hace historia, porque es la historia de un hombre hecha libro. Marcos ha traducido el mensaje de Jesús en forma de libro, nos ha contado la historia mesiánica de Jesús, de su derrota, de su muerte y fracaso y de su victoria contra toda esperanza al vencer a la muerte por la vida.
El evangelio que escribe Marcos es un relato de sentido para la historia de los hombres, no porque de modo mágico estos puedan salvarse por la fe en Cristo, sino porque la vida de Jesús, vivida por ellos en sus propias circunstancias, es salvífica. Si en el año 70 todo estaba para perderse, un libro lo recuperó todo para la posteridad, para que todos los hombres de cualquier lugar pudieran vivir la salvación sin negar nada realmente humano, viviendo hasta las últimas consecuencias su carne, su mundo, pero asumiendo las consecuencias de esa vida de compromiso. Marcos nos cuenta que Jesús así lo hizo y que por ello es en Galilea donde se vive la resurrección. En Galilea volvemos a la historia para recomenzar, volvemos a la vida para iniciar el proceso de ser humanos una y otra vez. No hay lugar para escapismos, fugas del mundo o negación de lo humano. El hombre, histórico como es, solo puede salvarse desde la historia, nunca contra ella. Este es el mensaje de reconstrucción histórica que nos pone ante los ojos Marcos, esta es la novedad que supone su libro, esta es la radical urgencia que nos empuja a vivir, ayer y hoy, como seres de este mundo, pero comprometidos con lo más bajo de él, con los oprimidos y excluidos. Ahí está la verdadera vida, lo demás es muerte y destrucción, el Calvario.


II. RECREAR LA COMUNIDAD

“Marcos quiso abrir a los cristianos otra puerta de evangelio, para que descubrieran la mano de Dios (nueva humanidad) en el mismo camino de muerte de Jesús (…). Por eso, el joven de la pascua dice a las mujeres que abandonen Jerusalén, para reiniciar el evangelio desde Galilea”.

El evangelio es, no palabras o discursos, sino la persona misma de Jesús, la persona completa, integrando toda su existencia, sus vivencias, sus compromisos, sus gestos y dichos, y también su muerte. El evangelio no es meramente Cristo muerto y resucitado. Porque se trata de identificar el por qué fue muerto y por tanto el motivo de ser resucitado. Fue su vida, el modo en que la vivió, lo que le llevó a la muerte; y fue esta muerte, el modo en que lo mataron, lo que llevó a la resurrección. Pero la resurrección no queda atrapada en una cuestión biológica o transfísica, sino que se trata de la continuación de la obra del mismo Jesús, por eso, el joven, envía a las mujeres a Galilea. Tenía que ser un joven, algo nuevo que empieza, y tenían que ser mujeres, los hombres andan demasiado ocupados en gobernar y mandar. Son las mujeres las que han captado perfectamente el mensaje: la buena noticia es una vida para los excluidos en medio de su misma existencia. Jesús, desde Galilea, les hizo ver y probar esa vida de plenitud cuando se experimenta en la comunidad, en la comunidad de los excluidos sociales.

Las primeras comunidades se construyeron alrededor de figuras prominentes de entre los discípulos: Jacob y Roca (así llama Pikaza a Santiago y a Pedro como medio de reconstruir el sentido originario, gastado por el uso y abuso) en Palestina y Siria, y Pablo en Asia Menor y Grecia. Se trata de tres figuras que conforman comunidades sin evangelio biográfico de Jesús. En ellos no importa tanto la realidad carnal de Jesús cuanto su futura venida en gloria. Esto debilitaba la posición de las comunidades cristianas primitivas en el momento en el que la historia se encamina hacia la destrucción de las estructuras sociopolíticas que hubo en Palestina hasta el momento. Los años 62-63 y, sobre todo, 66-67, serán cruciales para el devenir de los discípulos de Jesús. Sin un relato biográfico de Jesús, el cristianismo corría la misma suerte que el judaísmo, pero agravada por el hecho de no ser una religión nacional dentro del Imperio.

Tras la catástrofe del 70, la acción de Marcos de escribir un evangelio biográfico pascual de Jesús supondrá la verdadera reconstrucción de la comunidad, dando un sentido distinto a las tendencias instaladas en Jerusalén, de espera mesiánica, o en los lugares cercanos donde el cristianismo había mantenido el modo de hacer de los primeros discípulos y no sabía cómo hacer frente a la nueva situación. Marcos abrió el camino para lo que será el nuevo modo de vivir la experiencia discipular: construir el Reino de Dios como medio para vivir en un mundo convulso que exigía valentía y sabiduría. Su gesto será imitado y copiado por, al menos, dos evangelios más, que pasarán así a engrosar la lista de biografías de Jesús, cada una con su impronta y respondiendo a las necesidades concretas de las comunidades reinstaladas tras la crisis del 70.

Marcos no hizo otra cosa que lo que hicieron los judíos rabínicos tras la catástrofe: dar nuevas vías de salida a la comunidad que zozobraba en medio del caos. Marcos se comportó como un verdadero judío al releer la historia de Jesús como una buena noticia y no quedar atrapado en la mera Pascua. El gesto paulino y el de los discípulos en Jerusalén no deja de ser una consecuencia de la fe judía. Presuponen la historia carnal de Jesús y la obvian, haciendo casi imposible comprender los acontecimientos pascuales a quien no sea judío, de ahí las derivas gnósticas que se verificaron rápidamente entre los cristianos helenistas. Marcos fue hábil y valiente al unir la Pascua a la biografía de Jesús, contando la historia real de Jesús, que es su historia pascual: toda su vida es la Pascua de Jesús. Recuperar su historia, su vida, es el medio para recrear una comunidad amenazada de extinción. Y recuperar la historia es el medio para rescribir el sentido de la historia.


III. RESCRIBIR EL SENTIDO

“Su libro sigue siendo la ‘buena noticia’ por excelencia, el testimonio originario de la Vida de Dios que vive en Jesús, con los que viven y mueren, adelantando la llegada del Reino de Dios”.

El acto de Marcos es una búsqueda del sentido de la historia que se viene encima haciendo una vuelta atrás, una mirada retrospectiva para descubrir el hilo conductor de los acontecimientos verificados. Las mujeres y Roca, quienes habían visto ajusticiar a Jesús. Ellas, que lo habían visto sepultar, buscan el cuerpo para darle sepultura, para embalsamar al amigo, al amado, pero un joven les indica el camino para encontrarlo. El sentido de los acontecimientos pascuales está en la vida entera de Jesús y allí es donde hay que buscar el sentido para los acontecimientos que los seguidores están padeciendo en los atribulados años que rodean el 70. Marcos, de forma valiente, se plantea una revisión de lo que los seguidores vivían, pero lo hace buscando en la historia real de Jesús y lo que sus discípulos habían verificado en vida con él. No busca una espiritualización de la experiencia creyente, ni una connivencia con la religión imperial, su búsqueda, al fin, radicaliza, lleva a la misma raíz, el mensaje de Jesús que de otra forma habría quedado particularizado en un momento histórico y para un pueblo determinado.

Ni siquiera Pablo, con su mensaje de Cristo muerto y resucitado, podía hacer esto. La pérdida de la existencia real de Jesús habría de resultar irreparable para la buena noticia de Jesús. Recuperar la historia era, en cierto modo, recuperar la universalidad del mensaje de Jesús. La historia de un hombre real puede llegar a todos los hombres reales de este mundo que sufren y mueren, pero que pueden llegar a experimentar una vida de plenitud y de salvación.

Marcos es, en modo singular, el testimonio de una crisis mesiánica, de la crisis de un modo de entender la relación de Dios con la historia y con el pueblo elegido. Tras la catástrofe del 70, Marcos ha querido romper los esquemas que habían configurado al primer cristianismo: etnia, hogar y familia, ya que Jesús mismo fue quien puso en riesgo esos esquemas y por ello mismo fue empujado por los dirigentes del pueblo al suplicio romano. Lo que pretende Marcos es mostrar que ese camino que llevó a Jesús a la ejecución constituye la revelación mesiánica de Dios, el camino del Reino. Por ello, Marcos no es un libro simplemente, es el documento de una praxis, relato y programa de una fuerte mutación social fundada en Cristo (165). Lo es en el contexto en el que nació y lo sigue siendo hoy, casi 2000 años después. Pero, curiosamente, las circunstancias históricas actuales muestran una estructura isomórfica que confieren a Marcos un valor que supera las barreras de la historia. Hoy, como entonces, el mundo se agita en medio de convulsiones y violencias. Hoy, como entonces, las comunidades cristianas tienden a aferrarse a lo conocido. Hoy, como entonces, hace falta asumir riesgos y ser valientes, pero mirando al pasado, como hizo Marcos, mirando a la historia de Jesús para encontrar allí, de nuevo, el sentido para la historia de hoy, para la historia de siempre.

Xabier Pikaza, con esta obra, nos abre el camino para volver a Galilea. Allí podremos reconstruir la historia en medio de la catástrofe y antes de que sea demasiado tarde; recrear la comunidad a partir de la vida real de Jesús que es una vida mesiánica y pascual; y, por fin, rescribir el sentido de una historia que parece haber perdido toda opción para la humanidad, que parece abocada a la barbarie, que empuja al desaliento y nos induce a la desesperanza. En Cristo, en la vida de Jesús, podremos encontrar el hilo que reconstruya nuestro texto existencial en medio de un mundo herido.

La lectura del evangelio de Marcos no puede ser sustituida por ninguna otra lectura, pero hay muchas formas de leer que apenas se diferencian del balbuceo. Con esta obra de Pikaza podremos acompañar la lectura de Marcos y hacer que el texto nos hable hoy y lo haga desde la voz dormida en él en el pasado. Es un verdadero viaje en el tiempo, pero un viaje de ida y vuelta. No es que nosotros vayamos a visitar el mundo de Marcos de la mano de Pikaza, es que el Jesús de Marcos viene a visitarnos hoy a través de las páginas de este Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús. O, como hemos querido llamarle nosotros: El Evangelio de Marcos según Xabier Pikaza.
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