De líderes y liderazgos El chófer loco sigue al volante

Liderazgo
Liderazgo

Durante el nazismo, breve y espantosamente sanguinaria dictadura paralela alprolongadísimo y monstruoso comunismo soviético, para aludir a Hitler se aludía al chófer loco del autobús. En la actualidad, transitamos por un periodo en el que no sólo el piloto de un autobús, sino los conductores de múltiples furgonetas

La primera demostración de decencia es formarse para afrontar con dignidad un puesto de responsabilidad. Aseguraban los griegos que la condena de los dioses a los presuntuosos es esa hybrys que ciega a los mediocres prepotentes. El engreimiento más que un vicio es bobería de ególatras

El 31 de marzo de 2020 publiqué un artículo con el título: La fatuidad del chófer loco. Comenzaba con una chanza que aquí reitero:
-Doctor, soy Napoleón y me dirijo hacia Moscú…, balbuceó el paciente desde el
diván.
Replicó el psiquiatra:
–Pero si la semana pasada era Julio César atravesando el Rubicón.
Se exaltó el aquejado:
–No se preocupe que yo le abonaré la sesión, pero usted se va a ganar el sueldo.
Esta vetusta chirigota sobre psiquiatras me viene a la cabeza cuando analizo desde
la perspectiva de la ciencia del management el comportamiento esquizoide de
personajes públicos que deberían ofrecer solidez -¡al menos sentido común!- a los
ciudadanos o a los fieles de sus creencias.
¿Cómo comprender que un alto mando de una fe, digamos que hablo de Alemania,
afirme que ha dejado de creer en el catecismo que recoge el acervo común de su
feligresía y el sumo responsable mire para otro lado? Esto no debería suceder ni en
una guardería. Hoy en día… es posible.
Desde hace más de dos décadas vengo insistiendo (El idioma del liderazgo, LID
Editorial) en que el liderazgo es una ciencia artística cuyo diccionario es una
miscelánea de tres capítulos:
1.- preparación técnica,
2.- habilidades comportamentales
3.- ética.

foto manipulación 

Si se ausenta el último componente, no hablamos de líderes, sino de manipuladores. Si se carece de la primera no nos referimos a directivos, sino a descocados baldragas con mando en plaza. Y si las segundas se ausentan, parlamentamos de meros administradores.
La primera demostración de decencia es formarse para afrontar con dignidad un puesto de responsabilidad. Aseguraban los griegos que la condena de los dioses a los presuntuosos es esa hybrys que ciega a los mediocres prepotentes. El engreimiento más que un vicio es bobería de ególatras.

Ser líder
Ser líder


Durante el nazismo, breve y espantosamente sanguinaria dictadura paralela al
prolongadísimo y monstruoso comunismo soviético, para aludir a Hitler se aludía al chófer loco del autobús. De ahí, el origen de mis reflexiones.
En la actualidad, transitamos por un periodo en el que no sólo el piloto de un autobús, sino los conductores de múltiples furgonetas -algunos citarían al defenestrado Boris, a Ortega, a Amlo, a Maduro, a Putin…, por no mencionar otros más cercanos- han perdido el oremus. Es altamente aconsejable seguir estimulando un liderazgo distribuido que tantas veces ha sacado a colectivos de los profundos hoyos a los que paranoicos dirigentes les han abocado.

Las enfermedades de los gobernantes


Buen momento este verano para releer la obra de David Owen En el poder y en la
enfermedad: enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno en los últimoscien años. Si alguien se lanza a una edición ampliada que incluya a los psicópatas latinos, algunos mencionados y otros implícitos, el libro ocupará más del doble de la extensión que actualmente abarca. Alguno cercano merecería un amplio volumen por sí solo. Cuando gobernar no es servir, sino servirse de las palancas del poder para darse autosatisfacción -¡no se besa, porque no se llega!-, la distancia entre la democracia y la autocracia va diluyéndose.
En el tiempo transcurrido desde que escribí el artículo al inicio mencionado, la única buena noticia es que un insolente, desmañado, iletrado y fatuo copiloto fue bajado del vehículo casi a empellones de quienes anhelaban oxigenar sus cerebros.

Otras lecturas para aprovechar el tiempo y aprender: Mentiras creíbles, verdades exageradas, de Enrique Sueiro; Pedaleando hacia el éxito, de Igor González de Galdeano; y Simple-Mente un caballo. Liderazgo con valores, de Marta Prieto.
Acabados los cuatro mencionados y si quedan ganas: El encuentro de cuatro
imperios. El management de españoles, aztecas, incas y mayas. Los directivos
de tribus precolombinas mostraban más decoro que quienes emplean medios
públicos para hacerse selfies gratis total al otro lado del Atlántico. En el siglo XV se hallarían bajo custodia en Tenochtitlán y devolviendo lo hurtado. ¡Vivir para ver!

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