Para una vida con sentido (IV) Comprenderse a uno mismo

Autoconocimiento
Autoconocimiento

"¡Cuántas veces nos gustaría ser como no somos, ni llegaremos nunca a ser! ¡Cuántas veces llegamos a envidiar incluso los defectos de los demás, considerando -en nuestra ignorancia- que son más soportables que los nuestros! Es engaño sin igual"

"El principal heroísmo es contemplarse cada uno a sí mismo tal cual es y amar y agradecer por todo lo de bueno que Dios nos ha concedido. Y detestar nuestras faltas"

"Al conocernos, estaremos en condiciones de comprender más a Dios y de entender como conviene el valor de las criaturas"

"El sufrimiento es el altavoz que nuestro Creador emplea en ocasiones para que volvamos a atenderle"

Varios amigos charlaban acaloradamente. Intervino uno con cierta afirmación grotesca. Los perplejos interlocutores le observaron. Antes de que nadie hablara, quien era ahora objeto de todas las miradas volvió a abrir la boca:

—No os pongáis así. Vosotros me aguantáis como mucho unas horas al día. Yo me soporto 24 h cada jornada.

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¡Cuántas veces nos gustaría ser como no somos, ni llegaremos nunca a ser! ¡Cuántas veces llegamos a envidiar incluso los defectos de los demás, considerando -en nuestra ignorancia- que son más soportables que los nuestros! Es engaño sin igual.

Una conocida fábula refleja con acierto la situación de muchos. Andaba por el mundo cierto individuo lamentándose por su cruz: sus defectos, las circunstancias o personas que le desagradaban… Dios mismo le interrogó sobre la causa de tamañas quejas. 

—Padezco una cruz terrible, la peor que podía haberme caído, exclamó enseguida el resentido como un áspero regüeldo.

El Creador le invitó a adentrarse en un inmenso almacén de cruces. Abandonó la suya el malhadado y comenzó a analizar una por una en aquel colosal amasijo. Esta era demasiado grande, aquella muy pesada, la otra rozaba con el suelo, la de más allá de una madera poco noble, de insuficiente abolengo. Al cabo, en un recoveco junto a la entrada encontró una que le pareció apta para él. La agarró y salió de nuevo a los caminos con la sonrisa en los labios propia de un exitoso chalán. Al contemplarla a la luz del sol se dio cuenta de que ¡había vuelto a tomar la que había arrumbado al entrar!

Aconseja el libro de la Sabiduría, desterrar el hechizo de la vanidad que pervierte el ánimo inocente. Hay que desnudar la conciencia ante nuestros ojos para estar en condiciones de poner el remedio oportuno. Debemos aborrecer el idealismo cobarde de los matachines que apartan los ojos de la realidad y de sus flaquezas. El principal heroísmo es contemplarse cada uno a sí mismo tal cual es y amar y agradecer por todo lo de bueno que Dios nos ha concedido. Y detestar nuestras faltas.

Conocerse a uno mismo

Al conocernos, estaremos en condiciones de comprender más a Dios y de entender como conviene el valor de las criaturas. La llamada del apóstol de las gentes es apremiante: en virtud de la gracia que me fue dada digo a cada uno de vosotros que no os estiméis en más de lo que conviene, sino tened un sobrio aprecio, según la medida de la fe que Dios ha otorgado a cada uno. 

Así se logra la felicidad, porque el ansia de cambiarnos -bien diverso del deseo de mejorar- puede desembocar fácilmente en desaliento y tristeza. Reconocer las personales limitaciones, también naturales, contribuye a mantener la paz y la alegría, a no vivir en una permanente soñarrera.

El dolor

El ser supremo, como apto pedagogo, cuenta con innumerables medios para facilitar la reflexión a nosotros, sus alumnos. De múltiples maneras se esfuerza por recordarnos que estamos de paso, que son bambalinas de teatro pueblerino aun las realidades más aparentes con las que nos codeamos a diario.

No es Maestro desconsiderado, pero sabe ser exigente para procurar que las criaturas vuelvan sobre sus pasos, respetando la libertad, cuando estos encaminan hacia el derrumbadero. Cuando considera la oportunidad de emplear instrumentos más contundentes con los díscolos o con aquellos que siendo dóciles, desea preparar mejor para el cielo lo hace siempre con mesura. Una de las lecciones que más eficaces se han demostrado para que el hombre recuerde cuál es el sentido de la existencia es el dolor físico o moral. De modo inefable, y tantas veces contradictorio con los ojos humanos, el señor reclama nuestra atención por medio del sufrimiento, con un oportuno cintarazo. El sufrimiento es el altavoz que nuestro Creador emplea en ocasiones para que volvamos a atenderle. 

Continuará…

Dolor

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