Triduo Pascual 2022 "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?": Jueves Santo

Comentario al evangelio de la celebración vespertina de la Cena del Señor (Jn 13,1-15)

Lavement des pieds
Lavement des pieds

"La imagen que Pedro se hace de Cristo no tolera ninguna idea de abajamiento o de servicio. Pedro comparte, pues, la idea mundana de la autoridad" [1]. Nuestro punto de partida en las reflexiones del Triduo Pascual de este año es la pregunta de un Pedro confundido: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?" (v. 6) [2].

La celebración vespertina del Jueves Santo une el pasado de Israel con el presente de la Iglesia: la Pascua del pueblo judío es puesta en paralelo y reinterpretada por la fe cristiana porque, así como comienza el evangelio que estamos comentando, la nueva Pascua relaciona la liberación del pueblo de Israel (Ex 12) con la cruz. No se trata, como tendemos a creer, de un recuerdo anecdótico. Los primeros cristianos/as consideraban que ese "paso" de Dios por la historia se había vuelto tangible en la vida de Jesús por lo que, cada vez que celebraban su vida y su muerte, se comprometían a hacer lo mismo: "Les he dado el ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo hice con ustedes" (v. 15). ¿De qué se trata todo esto? Versículos después quedará más claro en el mayor imperativo de la vida cristiana: "[...] ámense los unos a los otros" (v. 34). El amor del cual se habla aquí tiene su máxima expresión en el servicio, particularmente en el servicio de los olvidados y descartados por la sociedad. Por eso es un amor inédito: "[...] lo que distingue al seguidor de Jesús no es cualquier 'amor', sino precisamente ese estilo de amar que consiste en acercarnos a quienes puedan necesitarnos" [3].

Pero parece que los discípulos de Jesús no entienden este amor. El gesto del abajamiento es, de entrada, rechazado: lavar los pies de sus discípulos es visto como un disparate. No pueden aceptar que "el Señor" y "el maestro" tome la iniciativa de hacer lo que los esclavos paganos, las mujeres y los hijos/as hacían con sus señores, sus maridos y sus padres. Ellos/as lo hacían por una convención que mostraba la estructura de una sociedad jerarquizada, pero Jesús lo hace para indicar un cambio de situación en dicha sociedad: la autoridad, en su comunidad, no se fundamenta en la posición social, sino en el servicio. La verdadera fuerza del cristianismo no radica en la violencia, sino, más bien, en renunciar a ella. Pedro no comprende. Queda anonadado y esto le permite al Jesús joánico profundizar en el sentido de su gesto: solo quien acepta esta esta contraculturalidad del poder puede "tener parte con él" ('éjein ménos metà tínos), es decir, solo quien acepta el drama de la cruz puede asumir que el amor está más allá de cualquier forma de muerte: "Solo quien hace el duelo del Jesús terreno puede encontrar al Jesús elevado, con el que la relación de fe no tiene límites ni final" [4].

Precisamente por eso, el lavatorio de los pies no es solo un gesto de humildad. El verbo griego "lavarse" (nipso) es un término técnico empleado en el Nuevo Testamento para indicar el bautismo. Si ubicamos el fragmento leído en el contexto de las antiguas catequesis cristianas podemos percibir su vigencia para nosotros/as hoy. Compartir su suerte, tener parte con él, quiere decir que nuestro bautismo tiene un componente subversivo para con aquellos espacios y personas que no aceptan la sencillez, la coherencia y la donación de vida. Sobreponerse al orgullo, a la mentira y al egoísmo son señales inequívocas del discipulado que es, realmente, un estilo de vida:

[...] en el momento en que Jesús lavó los pies a sus discípulos se cumplió, me parece a mí, la profecía referente a los discípulos 'Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Nueva' (Is 52,7). Los pies de quienes debían anunciar la Buena Nueva quedaron hermosos, para poder entrar, una vez lavados y secados por las manos de Jesús, en la vida santa y caminar en el que dijo: 'Yo soy el camino' [5].

Referencias

[1] J. Zumstein, El evangelio según Juan, tomo II, Salamanca: Sígueme, 2016, p. 35.

[2] Usamos la traducción de A. Levorati - A. B. Trusso, La Biblia. Libro del Pueblo de Dios, Estella: Verbo Divino, 2015.

[3] J. A. Pagola, El camino abierto por Jesús. Juan, Madrid: PPC, 2012, p. 177.

[4] J. Zumstein, El evangelio según Juan..., p. 36.

[5] Orígenes, "Comentario al Evangelio de Juan" 32,76-77.80-82: J. C. Elowsky y Th. C. Ogden (eds.), La Biblia Comentada por los Padres de la Iglesia. Evangelio según san Juan (11-21), tomo 4b: Nuevo Testamento, Madrid: Ciudad Nueva, 2007, p. 136.

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