Homofobia, no; la verdad, sí
Nosotros también podemos contagiarnos por los criterios de este mundo, en que no importa la moral evangélica; en que da lo mismo ser fiel en un matrimonio entre hombre y mujer, unidos para siempre, que romper este vínculo sagrado e iniciar otra relación, aunque sean del mismo sexo; en que el modelo tradicional de familia cristiana no cuadra con estos tiempos y se ridiculiza; en que hay que aceptar las nuevas realidades como “normales”, aunque estén contra la “norma” que de Dios hemos recibido. Es la llamada dictadura del relativismo, en que todo se vale y todo se puede.
En los libros oficiales de Biología de 5º. y 6º. año de Primaria, así como en Secundaria, se afirma que el sexo no es algo fijado por la naturaleza humana, sino producto de las formas de pensar y actuar de la sociedad; que por tanto, cada quien es libre de escoger su género como quiera. Esto es lo que se enseña a todos en las escuelas del país.
ILUMINACION
El Papa Benedicto XVI es muy profundo en este tema: “Hoy se presenta el género como una nueva filosofía de la sexualidad. Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente. El hombre niega tener una naturaleza pre-constituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho prestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear.
Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Esta dualidad como dato originario es lo que se impugna. Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: «Hombre y mujer los creó» (Gén 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto.
Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza. Ahora bien, si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad prestablecida por la creación.
Allí donde la libertad de hacer se convierte en libertad de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo; con ello, el hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve también la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre” (21-XII-2012).
COMPROMISOS
Respetemos y tengamos un amor paterno y fraterno como el de Jesús hacia quienes son condenados, excluidos y no comprendidos, pero ofrezcámosles también la Verdad del Evangelio. Dios nos ha enseñado un camino, una luz para distinguir la verdad de la mentira. Para nosotros, su Palabra, no las modas del mundo, es el criterio definitivo para saber qué es bueno para la humanidad y qué le perjudica. Más allá de todo está el amor pastoral, que nos hace hermanos de todos.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas