IN memoriam P. Juan Carricaburu SJ
Durante la última década del siglo XX, el Padre Juan Carricaburu estuvo en Mérida como párroco de la populosa barriada de San José Obrero. Agudo, perspicaz, exigente, con alma de niño pícaro, no faltaba a ninguna reunión del presbiterio y participaba con entusiasmo de joven. Nos llega la noticia de su muerte, acaecida en Caracas el 18 de abril 2010.
Nacido en Elvetea, Navarra, en 1926, es uno más de la pléyade de jesuitas vasco-navarros que han dado toda su vida a la evangelización en Venezuela. Desde niño sintió la vocación en la Compañía de Jesús, y en la Escuela Apostólica de Javier (1936-41), al pie del espíritu del gran misionero, descubrió también la suya.
Ingresó al noviciado de Loyola el 7 de septiembre de 1941 y el segundo año, desde el 25 de octubre de 1942, lo hizo en Los Chorros, Caracas, con el Padre Fernando Bilbao. Pasó a hacer el Juniorado (1943-46) en Santa Rosa de Viterbo, en Colombia y los años de Filosofía y Ciencias (1946-50) en Bogotá, obteniendo la licenciatura en la Universidad Javeriana. El magisterio lo realizó en el Colegio San Ignacio de Caracas (1950-53). Fue a hacer la Teología en Weston College, EE. UU. (1953-57), ordenándose allí de sacerdote de manos del cardenal Richard Cushing el 15 de junio de 1956. La Tercera Probación la hizo en Gandía. Y los Últimos Votos en Barquisimeto el 2 de febrero de 1959.
Sus primeros años sacerdotales los dedicó a la educación. Barquisimeto en el Colegio Javier (1958, 62-68); en Los Teques, como formador y profesor (59-62). Luego pasa a la acción pastoral parroquial, primero en Cumaná en la parroquia San Luis Gonzaga (68-70); luego, superior del equipo misionero con sede en Costa Rica (70-75). En Maturín, en las parroquias San José Obrero y San Ignacio (76-79). Párroco en Maracaibo (79-82); de 1982-91 estuvo en Paraguaná en las parroquias confiadas a los Jesuitas. Y durante una década 91-01 estuvo al frente de la Parroquia San José Obrero de Mérida.
La obediencia lo trasladó a la Iglesia de San Francisco en Caracas, hasta el 2006 en el que pasó a la enfermería del San Ignacio hasta su muerte. En Mérida se le recuerda con cariño y gratitud por su disponibilidad permanente, su palabra oportuna y su inserción en la problemática de la iglesia local y la región. Gracias a este hombre bueno y fiel que trasmitió el carisma de San Ignacio con garbo y firmeza. Paz a sus restos.
Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo