Don Carlos Osoro, un lujo de arzobispo de Valencia

Rumores de Ángeles: José M. Vidal
08 abr 2010 - 20:35

Humano, sencillo, abierto, asequible. Don Carlos Osoro tiene innato (y lo cultiva) el don de hacer sentir bien a la gente a su lado. El don de la amabilidad suma, de la entrega total y de la confianza absoluta. Soy amigo de Don Carlos, desde su época de obispo de Orense y, por lo tanto, mi obispo. Quizás, por eso, no pueda ser totalmente objetivo con él. Pero el recital que nos dió ayer a Jesús Bastante y a mí ratifica todas éstas y otras muchas cualidades de un arzobispo humano, con corazón, que nos abrió durante todo un día su casa, su intimidad, su mesa, su mantel, su vida, sus recuerdos y algo de la arrolladora pastoral que está llevando a cabo en la archidiócesis de Valencia.

Gracias, monseñor, como amigo y, sobre todo, como periodista. Porque si usted nunca deja de ser arzobispo, uno tampoco cuelga nunca la curiosidad periodística. Satisfecha, a decir verdad, al máximo y en todos los detalles: la capilla privada donde reza, el despacho donde recibe o el suyo personal con el cuadro de su madre en la pared. Y su colección de plumas. Y su iphone, que maneja como nadie. Y el último libro en la mesa de su aparador. Y hasta su habitación privada. O la que utilizó Benedicto XVI en su estancia en Valencia. A su lado, como una sombra, amable, eficaz y siempre servicial, su secretario particular, Álvaro.

La visita a la catedral explicada magistralmente por el canónigo Jaime Sancho: los ángeles músicos, el santo cáliz (para el que prepara una ostensión pública y solemne). O la visita a la Universidad San Vicente Mártir. Con un rector y unos directivos vocacionados que están acercando las aulas universitarias a los pueblos y presumen, con razón, de ser la universidad que menos cobra. Sin dejar de ser puntera en todo.

O la visita a la sala de máquinas madiática de la diócesis, dirigida por Luis Agudo (felicidades, con cámara incluida, maestro). Y allí mismo surgió la idea de grabar una clase en directo. Y el arzobispo aceptó encantado. "No sé decir que no", se justificaba. Y lo cierto es que el celo pastoral lo consume. Y se le nota.

Conozco a Don Carlos desde hace años, desde el Orense donde aprendió a ser obispo y donde dejó parte de su corazón. Su casa está llena de detalles de nuestra tierra: cuadros de Quesada, esculturas de Baltar, el Santo Cristo, las Burgas...y su nombramiento como obispo bien colocado en su despacho. Y montones de amigos, algunos comunes. Dice que Atilano o Raúl serían excelentes obispos de Orense, ahora que la deja vacante monseñor Quinteiro. O algún gallego, como su amigo Segundo Pérez, al que pone por las nubes.

Y salimos a la calle y la gente se la acerca con total normalidad. Y para todos tiene una caricia, una palabra de aliento. Y los pobres le piden y les da lo que tiene. Y sonrie, saluda y ayuda, siempre afectuoso y entrañable. Sin darse importancia. Como un cura de pueblo. Quizás siguiendo el lema (no recuerdo si de Pedro Poveda) que tiene enmarcado: "El obispo tiene que ser la caricia de Dios para los demás".

Seguro que tiene defectos, Don Carlos. Pero yo no se los veo. Al contrario, me parece más sentado, más maduro, más sabio, más bueno y más espiritual. Va ganando con los años. Y ha llegado, además, a una archidiócesis que le viene como anillo al dedo. Una archidiócesis que parece hecha para él. Y el flechazo ha sido mútuo e instantáneo. Y seguro que dura. A no ser que Roma lo tenga en cartera para más altos (¿es posible?)servicios. Hasta podría ser cardenal en el próximo consistorio.¡Ojalá! Podría presumir de tener un amigo cardenal.

Gracias por todo Don Carlos. Más aún sabiendo que, para algunos, esta muestra pública de su amistad y de su aprecio con nosotros y con nuestro portal puede traerle problemas. Pero, ya sabe que a Jesús tamibién lo acusaban de andar con "mnalas compañías". Don Carlos, se hace usted querer y se le quiere.

José Manuel Vidal

También te puede interesar

Lo último

stats