"Estamos convencidos de que el Espíritu quiere que sea usted el 'nuevo Moisés'" ¡Felicidades, padre Bergoglio, Papa de la primavera!

Décimo aniversario del Papa Francisco
Décimo aniversario del Papa Francisco

"¡Nos recuerda tanto a Juan XXIII! Como él, es usted el Papa de la primavera y, como él, ha conquistado el cariño de la gente, especialmente de los empobrecidos"

"Ya no miramos al mundo con resquemor. Ya no vemos enemigos por todas partes. Ya no pensamos que el mundo es malo y sólo produce maldades. Ya no nos creemos los mejores ni los únicos ni los elegidos"

"Se está haciendo realidad lo de la Iglesia hospital de campaña y lo de la Iglesia en salida, lo que algunos consideraban simples consignas y meros titulares"

"Diez años que se han pasado como un soplo de aire fresco en un pontificado al que todavía le queda mucha cuerda. O eso le pedimos al Señor. Porque esto no ha acabado. Le queda (nos queda) mucha tarea"

Querido Papa Francisco: ¡Muchas felicidades y larga vida! Se lo deseamos de corazón en nombre de nuestros socios, lectores, colaboradores y usuarios. Y junto a los buenos deseos queremos dar gracias a Dios por lo que es y por lo que hace. ¡Nos recuerda tanto a Juan XXIII! Como él, es usted el Papa de la primavera y, como él, ha conquistado el cariño de la gente, especialmente de los empobrecidos, que saben que cuentan con un abogado defensor que nunca se cansa de defenderlos y de reclamar su dignidad de personas y de hermanos.

Nos enorgullece constatar que es usted un ser de luz, que ilumina a la Iglesia y al mundo. En estos 10 años (camino de 11) de pontificado, su luz penetró por todas las rendijas de una institución encerrada en sí misma, víctima del síndrome de la roca asediada, y le dio la vuelta como un calcetín. Ha cambiado el clima y el ambiente general eclesial y eclesiástico. Vivimos en positivo y en colores. Hemos dejado atrás el blanco y negro, los anatemas y las condenas.

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Papa de la primavera

Ya no miramos al mundo con resquemor. Ya no vemos enemigos por todas partes. Ya no pensamos que el mundo es malo y sólo produce maldades. Ya no nos creemos los mejores ni los únicos ni los elegidos. Ya caminamos, por fin, al lado de la gente, compartiendo sus penas y sus alegrías, sus gozos y sus sombras. Ya volvemos a ser expertos en humanidad, como nos pedía Pablo VI y el Concilio Vaticano II.

Diez años de pontificado en los que puso usted en marcha una revolución imparable, una primavera espléndida en la Iglesia, que nadie puede detener, aunque algunos (ingenuos) lo intenten desesperada y ridículamente, porque nadie puede parar la primavera en primavera. Sobre todo, si florece en alas del Espíritu.

Una Iglesia, la suya y la que cada vez sentimos también más nuestra, que ya no tiene miedo a ser transparente y a reconocer sus errores y sus pecados e, incluso, a pagar por ellos. Herida en los más hondo por la plaga de los abusos, ha pasado del encubrimiento a la tolerancia cero y al cuidado, acompañamiento y resarcimiento de las víctimas. Y a pedir perdón públicamente, avergonzada por sus clérigos delincuentes y por sus altos jerarcas embarcados en el sistema de la negación y del encubrimiento puro y duro.

Ha cambiado usted el clima eclesial y la gente cristiana, antes huraña y amargada, ahora sonríe, canta y ama. Y sale de las sacristías y va a la calle a compartir la vida con los demás, bailar sus alegrías y sanar sus heridas. Se está haciendo realidad lo de la Iglesia hospital de campaña y lo de la Iglesia en salida, lo que algunos consideraban simples consignas y meros titulares. Esos mismos que se pasaron años asegurando que la primavera de Francisco iba a ser una tormenta de veranos, tras la cual todo volvería a ser como antes.

Papa de la primavera
Papa de la primavera Andrés Brown - En Orsai

Los que así pensaban y siguen pensando son los adalides del clericalismo y del patriarcalismo, las dos patologías eclesiales quizás más profundas e hirientes. El primero excluye a los laicos y el segundo a las mujeres. En definitiva, excluyen a la mayoría absolutísima de los creyentes.

Nadie es más que nadie en la Iglesia, proclama usted y fustiga, un día sí y otro también, a la casta clerical de funcionarios de lo sagrado, que confunden servicio con poder y utilizan a la institución para su propio medro personal.

Pero si el clericalismo está poniendo palos en la rueda de sus reformas, el patriarcalismo es una herida abierta que supura constantemente en la Iglesia. La discriminación de la mujer en la Iglesia sigue siendo manifiesta y evidente. Un poco menos en su discurso, pero casi igual en su organización.

Está usted dando pasos decididos para poner coto al clericalismo. Pero no tanto, para acabar con el machismo y la marginación de la mujer en la Iglesia. Y, aunque ha dado algunos, la de la mujer sigue siendo una asignatura pendiente en la Iglesia.

A pesar de algún que otro fallo, está usted aprobando con nota el examen de su pontificado. Diez años que se han pasado como un soplo de aire fresco en un pontificado al que todavía le queda mucha cuerda. O eso le pedimos al Señor. Porque esto no ha acabado. Le queda (nos queda) mucha tarea, para llevar a buen puerto el barco, siempre frágil, del proceso sinodal, en una Iglesia que ha vivido casada con el lujo, el dinero y el poder durante muchos siglos de su historia.

Primavera

Sabemos, que, como repite a menudo, “el tiempo es superior al espacio” y que, por lo tanto, es más importante iniciar procesos de cambio que ocupar parcelas o espacios de poder. Y los procesos exigen paciencia, para dejar que las semillas crezcan y la nieve de las cumbres baje al valle, para hacerlo florecer. Y eso lleva su tiempo y su ritmo.

Estamos convencidos de que el Espíritu quiere que sea usted el “nuevo Moisés”, que conduzca al pueblo a la tierra prometida de la misericordia evangélica. Un Papa-profeta dispuesto a echar el resto, para conducir la barca de la Iglesia por las aguas de la sinodalidad hacia el mar del Evangelio sine glosa, a veces en calma y a veces atormentado. Un timonel seguro. Hasta que Dios lo llame a su encuentro.

Felicidades, de nuevo, Papa Francisco y, para concluir nuestra felicitación, en unión con todos nuestros socios, lectores, colaboradores y usuarios proclamamos:

-Que nos sentimos plenamente orgullosos de tener un Papa tan evangélico como Francisco

-Que queremos acompañar y “repicar” en todos los ambientes en los que nos movemos la frescura y la riqueza de este pontificado de la misericordia y de la paz.

-Que nos queremos subir a la oleada de ilusión que, de la mano de Francisco, recorre la Iglesia e, incluso, el mundo. Remar con el Papa.

-Que queremos ayudarle, para que la barca de Pedro se dirija, decidida y alentada por el Espíritu, por la fuerza del Concilio y por el proceso sinodal y colegial, hacia una reforma profunda de la Iglesia y de sus relaciones con el mundo.

-Que estamos dispuestos a “hacer lío” y “andar adelante”, como nos pide continuamente el Papa Francisco.

-Que estamos preparados para apoyarlo y seguirlo por el camino del 'aggiornamento' eclesial, por la senda de la conversión, que nace en los corazones y se contagia a personas e instituciones, para transformar el mundo y luchar por el Reino. Amén.

Primavera

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