El discurso del presidente del episcopado apuesta decididamente por una Iglesia sinodal, humilde y servidora ¿Omella y Osoro, dispuestos a echar el resto?

Omella y Osoro
Omella y Osoro Agencias

"Como es lógico, el escalafón eclesiástico español está dominado por los cuatro cardenales en activo: Omella, Osoro, Cañizares y Blázquez. La cúpula eclesiástica está, pues de salida"

"Si se confirma la hipótesis de que el Papa no suele ampliar más allá de los 80 la aceptación de la renuncia, la de Blázquez estaría al caer, mientras la de los ortos tres purpurados aguantaría 4 o 5 años más"

"A la cúpula cardenalicia española, especialmente a Omella y Osoro, como presidente y vicepresidente, respectivamente, de la CEE, les ha llegado el momento de echar el resto"

"Tenen, pues, todas las palancas de mando en sus manos. Sólo les queda pasar a la acción, sin tener en cuenta los dimes y diretes de la casta episcopal"

"Sin pensar en ellos ni en su carrera clerical (ya lo han conseguido todo), sino en el mayor bien de la institución: dejar sus diócesis (y, a ser posible, la CEE) encaminadas, con posibilidades de hacer cuajar el proceso de reformas"

Dice el Papa (y dice bien, como siempre) que “la Iglesia no es un Parlamento” y que “adentro no hay partidos”. La Conferencia episcopal española tampoco es un Parlamento y los obispos son un calco los unos de los otros. “No hay nada más parecido a un obispo que otro obispo”, decía un viejo fontanero de Añastro que se las sabía todas. Pero sí hay diversas sensibilidades.

Los ejes para agrupar las sensibilidades podrían ir desde el manido 'progresistas-conservadores' clásico al más actual de 'amigos-enemigos del Papa'. Sería un ejercicio relativamente fácil agrupar a los obispos españoles en base a esas diferentes sensibilidades, con uno u otro eje. Está claro, por ejemplo, que el cardenal Rouco no se sitúa en el mismo eje que el cardenal Omella. Ni por recorrido vital, ni por experiencia pastoral, ni por ideología o afinidad con el Papa Francisco.

Los cuartro cardenales
Los cuartro cardenales

Como es lógico, el escalafón eclesiástico español está dominado por los cuatro cardenales en activo: Omella, Osoro, Cañizares y Blázquez. La cúpula eclesiástica está, pues de salida, con una pequeña variación en el orden de la jubilación. Porque, mientras el cardenal Blázquez cumple los 80 el próximo mes de abril, a los otros tres, todavía les quedan unos pocos años más para esa cifra. No muchos. Osoro y Cañizares tienen 76 y Omella, 75.

Si se confirma la hipótesis de que el Papa no suele ampliar más allá de los 80 la aceptación de la renuncia, la de Blázquez estaría al caer, mientras la de los ortos tres purpurados aguantaría 4 o 5 años más.

En cualquier caso, con la jubilación a tiro de piedra y con el síndrome del pato cojo acechando, a la cúpula cardenalicia española, especialmente a Omella y Osoro, como presidente y vicepresidente, respectivamente, de la CEE, les ha llegado el momento de echar el resto.

Ambos están, pues, al final de su 'cursus honorum' y ya no tienen gran cosa que perder, pero sí mucho que ganar, no tanto para ellos cuando para el mayor bien de la institución. Ambos son reconocidos como 'los hombres de Francisco' en España. Pues ha llegado la hora de demostrarlo con hechos y con gestos y decisiones concretas que coloquen a la Iglesia española en actitud de salida real, no simplemente terminológica o de boquilla.

Osoro y Omella

Ambos dirigen las dos archidiócesis más importantes del país, asi como las riendas de la CEE, el órgano colegial del episcopado. Tienen, pues, todas las palancas de mando en sus manos. Sólo les queda pasar a la acción, sin tener en cuenta los dimes y diretes de la casta episcopal, que querrá seguir, como hasta ahora, apostando por la rutina, por la ya visto, por lo siempre se hizo así y por la sacrosanta prudencia, que es el barniz que, en los obispos, oculta el miedo y la desconfianza en la acción del Espíritu.

La CEE es un órgano democrático y las decisiones importantes se toman por votación, pero todo el mundo sabe que la influencia de la cúpula (presidente, vicepresidente y secretario) es decisiva, tanto a la hora de marcar agenda como a la de promover decisiones concretas. Por ejemplo, la puesta en marcha inmediata y urgente de una comisión de investigación externa e independiente sobre los abusos del clero, al estilo de la francesa. ¿A qué esperan? ¿No les da vergüenza ser los únicos 'remolones', junto a los italianos? Mientras, la credibilidad de la institución se pierde a borbotones.

Y lo mismo en sus respectivas diócesis, en las que, tanto Omella como Osoro, deberían utilizar estos años que les quedan para dejarlas empistadas en el proceso que lleva a estructuras más evangélicas, más samaritanas, más en sintonía con los anhelos actuales.

Apearse de la falsa prudencia y tomar decisiones rápidas y radicales, si hacen falta, que lo hacen. Aunque les critiquen. Los inmovilistas les van a poner a parir de todas todas. Aunque se compliquen la vida, porque tomar decisiones siempre es más arriesgado que no hacer nada. Sin pensar en ellos ni en su carrera clerical (ya lo han conseguido todo), sino en el mayor bien de la institución: dejar sus diócesis (y, a ser posible, la CEE) encaminadas, con posibilidades de hacer cuajar el proceso de reformas. Y, por lo tanto, con mayores facilidades para sus sucesores. Todo ello redundaría, evidentemente, en el mayor bien y la recuperación de la credibilidad eclesial, que buena falta hace.

Omella y Osoro

Hasta aquí lo ideal, el sueño, la utopía, que no lo será tanto, si el cardenal Omella activa a la CEE. Como hizo hoy en su discurso de apertura de la Plenaria episcopal. Un discurso realista, apegado al momento, humilde e, incluso, con una pizca de denuncia profética. Tan realista que comenzó con un claro gesto de empatía, recordando a los habitantes de La Palma afectados por la erupción del Cumbre Vieja. Y siguió recordando los efectos de la pandemia sobre los más pobres, los que no tienen vivienda, los que están en paro (especialmente los jóvenes) y los que sufren de soledad.

Tras el diagnóstico, la colaboración. Para ayudar a salir mejor de la crisis, Omella pone a la Iglesia en modo servicio, por ejemplo en el ámbito de la educación y, especialmente, de la FP, en el que la institución tiene una gran experiencia.

Al mirar hacia adentro, Omella también activó a la Iglesia para que se ponga realmente en modo sinodal, que implica, fundamentalmente, asumir la corresponsabilidad y las diferencias, que “no nos tienen que dar miedo”.

Un Sínodo, según Omella, para “modernizar la Iglesia, porque se está quedando atrás”. Básicamente, a su juicio, debido a dos causas. La primera, la pérdida de presencia de la fe “en la cultura ambiental de nuestro país”. Y la segunda, las incoherencias, divisiones y errores de los propios pastores. Mea culpa, pues, en toda regla.

Omella

Y un propósito de enmienda: promover en España una Iglesia “que camina decidida hacia el encuentro del otro, sin juzgarlo, sin condenarlo, sino tendiéndole la mano para sostenerlo, animarlo y acompañarlo en la vida”.

Así, sí, cardenal Omella. Con decisión y parresía. Con claridad y humildad. Con misericordia y ternura. Con prudencia y profecía. Que cunda el ejemplo entre sus pares. Amén.

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