Rodé en 2008: "Permaneced fieles al carisma del P. Maciel"
Era ya el año 2008. Tres años después del "castigo" impuesto por el Papa Ratzinger a Marcial Maciel. Pero ese mismo año, el prefecto de la Vida Religiosa, cardenal Franc Rodé, dedica una homilía al fundador de los Legionarios de Cristo en estos términos: "Maciel deja en herencia una congregación floreciente y próspera y un movimiento que está dando magníficos frutos a la Iglesia".
La Legión estaba ya en el punto de mira del Vaticano, pero Rodé habla así de ella, como si de una milicia militar se tratase de jóvenes sanos y guapos: "Lo que más admiración suscita en mí, y lo siento siempre que me encuentro entre vosotros, es una atmósfera sana que domina en la Legión de Cristo. Una salud corporal, física, psíquica y espiritual que percibo en estos muchachos con los que me encuentro por el mundo. Además de, evidentemente, el fervor y el amor por Cristo, por la Virgen, por la Iglesia y por el Papa".
Sanos, guapos y apasionados por la música: "Al hablar de salud, de esta atmósfera sana que reina entre vosotros, debo mencionar la pasión por la música y por el deporte, que amplía los horizontes, que genera una silenciosa alegría y un real entusiasmo por las obras a las que os dedicáis".
Y para rizar el rizo, el cardenal con vista de lince dice más. Da el paso decisivo y pasa de la Obra al fundador. La guinda: "Todo esto es fruto del genio del P. Maciel, que supo estar por encima de su tiempo. Trascendía el tiempo. Era soberano, era libre, no estaba condicionado por las corrientes momentáneas de opinión. Y por eso fue uno de los pocos capaces de evitar los errores cometidos después del Concilio. Tuvo la perspicacia de ver los peligros y las trampas de la secularización, y evitarlas".
"Siempre se os ha reconocido por vuestra abundancia de seminaristas y sacerdotes. Éste es un gran mérito. Y por eso, el Señor os ha bendecido en estos últimos años con tantas vocaciones, y os seguirá bendiciendo si permanecéis fieles al carisma que os legó el P. Maciel".
Ni corto ni perezoso, el purpurado se pregunta: "¿Dónde hay que buscar el origen, la fuente de esta sabiduría y de esta independencia de espíritu del P. Maciel?".
Y con toda la "cara" del mundo, se contesta a sí mismo: "En su amor por Cristo, en su amor por la Iglesia. Ahí reside el secreto de su vida y el secreto de su obra. Fue esto lo que le permitió crear una obra de dimensiones mundiales".
Y esta 'eminencia' sigue siendo cardenal y presidiendo el dicasterio de la Vida Religiosa. Y, por supuesto, no presentó su dimisión. Y tampoco se la han pedido. ¿A qué esperan?
José Manuel Vidal