Un arzobispo valiente frente a la inquisición digital: monseñor Prieto apuesta por Torres Queiruga

"Con su brutal ataque a Queiruga, lo que intenta Infovaticana es poner en la diana al arzobispo de Compostela, Francisco José Prieto"

Prieto y Queiruga
Prieto y Queiruga

La nota de Infovaticana sobre la conferencia que va a impartir Andrés Torres Queiruga en el seminario de Santiago de Compostela no es una información; es un auto de fe ideológico disfrazado de noticia. La operación es transparente: marcar como “heterodoxo” al más importante teólogo gallego –y uno de los más reconocidos del ámbito español e internacional– y convertir la decisión normal y valiente del arzobispo Francisco José Prieto en una supuesta “confusión doctrinal”. No estamos ante celo por la verdad, sino ante nostalgia de inquisición.

El método: colgar el sambenito antes de escuchar

La etiqueta de arranque lo dice todo: “El teólogo heterodoxo Andrés Torres Queiruga”. No se argumenta; se estigmatiza. No se entra en la obra; se coloca al autor fuera del campo católico desde la primera línea.

Captura de Infovaticana sobre Queiruga
Captura de Infovaticana sobre Queiruga

Se presenta, además, como alarmante que la conferencia del teólogo en la fiesta de Santo Tomás tenga “respaldo institucional” y se enmarque “en una celebración eclesial, no en un foro académico ajeno a la Iglesia”. Como si la teología de Queiruga solo pudiera tolerarse, a lo sumo, en una facultad laica y aislada del pueblo de Dios.

El remate llega con la acusación más gruesa: se habla de “ponente conocido por sostener tesis incompatibles con la fe católica” y se califica el acto como “caso grave de confusión doctrinal promovida desde la propia autoridad diocesana”. De nuevo, sin una sola cita seria, sin una sola página discutida, sin el menor esfuerzo por exponer fielmente lo que Queiruga piensa. Es el viejo esquema inquisitorial: generalidades, insinuaciones, acusaciones gratuitas y anatema.

Queiruga y su teología de altura

Frente a esa caricatura del susodicho portal, que produce vergüenza ajena, conviene recordar quién es el conferenciante invitado a la fiesta del seminario. Andrés Torres Queiruga no es una figura marginal del pensamiento religioso, sino el mejor teólogo gallego contemporáneo y uno de los grandes teólogos españoles, con una obra sólida, sistemática y reconocida fuera de nuestras fronteras, especialmente en Alemania y en otros ámbitos internacionales.

Es un autor que ha dialogado con rigor con la filosofía moderna, con la crítica bíblica y con las ciencias, intentando que la fe cristiana pueda ser pensada sin renunciar ni a la tradición ni a la honestidad intelectual.

Queiruga
Queiruga

De su trabajo han dicho sus colegas que es “una teología de alta densidad espiritual y filosófica”, una búsqueda obstinada de “un Dios creíble para mujeres y hombres de hoy”, una reflexión que “rehúye los atajos del fundamentalismo y el refugio del fideísmo para tomarse en serio tanto el Evangelio como la razón”.

Su insistencia en que “Dios no manda el mal ni necesita el sufrimiento para ‘probarnos’”, su esfuerzo por repensar la Revelación como “autocomunicación amorosa de Dios en la historia” y su lectura de la resurrección como “plenitud de vida y no como magia de cadáveres” son, justamente, intentos de hacer justicia al corazón de la fe frente a imágenes infantiles o crueles de Dios. Es lo que él llama ‘Recuperar la salvación’.

¿Se pueden discutir planteamientos suyos? Por supuesto. Como de cualquier otro teólogo. Porque, eso es la teología: búsqueda, debate, contraste. Lo inadmisible es usar esa discusión como excusa para demonizarlo y tratar de borrarlo de la vida eclesial, como si la única teología aceptable fuera la de “repetir de rodillas” lo que ya se sabe, sin pensar, sin arriesgar, sin hacerse preguntas.

El Papa, con Francisco Prieto
El Papa, con Francisco Prieto

La valentía de monseñor Prieto: formar adultos, no súbditos

Con su brutal ataque a Queiruga, lo que intenta Infovaticana es poner en la diana al arzobispo de Compostela, Francisco José Prieto, “bajo cuyo gobierno episcopal se permite” la conferencia.

Por eso, lo responsabiliza personalmente de este “caso grave” y subraya que él mismo presidirá la misa previa. Traducido: lo que se le reprocha es haber tomado en serio su misión de pastor y haber apostado por la mejor teología disponible para formar a sus seminaristas.

Prieto no se limita a tolerar; invita de manera explícita y calurosa, y no es la primera vez. Ya al inicio de su mandato compostelano llamó a Queiruga a pronunciar una conferencia. Eso no es despiste, es opción. Es la decisión consciente de un obispo que entiende que formar presbíteros para Galicia implica ponerlos en contacto con quienes han pensado más y mejor la fe en este contexto.

O dicho de otra forma, es preferir la buena teología a “la teología de reclinatorio”: aquella que se hace solo de rodillas y sólo con la mochila de la Doctrina a cuestas, sin pasar por la cabeza, sin hacerse cargo de la historia, del sufrimiento, de la ciencia y de la cultura contemporánea.

Algunos de los libros de Queiruga
Algunos de los libros de Queiruga

Lejos de “poner en peligro la fe de los seminaristas”, invitaciones así les evitan un futuro choque frontal con el mundo real. Un cura que ha escuchado, leído y discutido a Queiruga estará mejor preparado para acompañar las preguntas de creyentes inteligentes que viven en un mundo secularizado, plural, herido; no se quedará sin palabras ante el problema del mal, ante la experiencia del silencio de Dios, ante las dudas sobre la oración o la resurrección. Un cura formado solo en manuales blindados, sí.

Pasó la época de la inquisición (aunque algunos la añoren)

El tono de la pieza de Infovaticana transpira nostalgia de aquellos tiempos eclesiales (no tan lejanos) en los que bastaba un leve indicio de sospecha para silenciar a un teólogo.

Es somo si la Iglesia no hubiera aprendido nada de los errores cometidos con figuras como Congar, de Lubac, Rahner, Boff o tantos otros, primero perseguidos y luego rehabilitados, e incluso, algunos de ellos convertidos en peritos del Concilio Vaticano II.

Afortunadamente, el Papa Francisco puso fin a esa época. Hoy, al menos oficialmente, ya no hay Índice de Libros Prohibidos, ni teólogos puestos en la picota por blogs o portales convertidos en difusores de listas negras.

Que algunos añoren la inquisición es revelador de su esencia ultracatólica y rígida, pero su actitud no puede ser eclesialmente vinculante. La Iglesia posconciliar ha reconocido que necesita a los teólogos, también a los que incomodan, para “progresar en la inteligencia de la Revelación”.

Queiruga
Queiruga

Eso implica aceptar que habrá obras discutidas, propuestas que requieran matices, incluso correcciones; pero el camino no es la caza de brujas, sino el diálogo serio y la clarificación paciente.

En ese camino, un arzobispo que abre el seminario mayor al mejor teólogo de su tierra está del lado de la Iglesia adulta; quienes gritan “escándalo” desde una web que reparte excomuniones simbólicas por cuenta propia, no.

Al final, el contraste es nítido. Por un lado, una diócesis que, en la fiesta de Santo Tomás de Aquino, patrono de los teólogos, invita a un pensador que ha dedicado su vida a preguntarse cómo decir hoy “Jesús de Nazaret, pionero y culminación de la fe”.

Por otro, una plataforma que convierte esa invitación en delito y que, bajo capa de ortodoxia, transmite miedo al pensamiento, desconfianza hacia la razón y alergia a cualquier intento de actualizar el lenguaje de la fe.

Monseñor Prieto apuesta por una formación que pasa por la Escritura, la tradición, el magisterio… y también por la mejor reflexión teológica actual. Apuesta por que los futuros sacerdotes aprendan a dialogar, a discernir, a separar oro de escoria, en vez de vivir en una burbuja donde solo suena eco de consignas. Eso no es “confusión doctrinal”; es confianza en el Evangelio y en la inteligencia de la Iglesia.

León XIV y Prieto
León XIV y Prieto

La verdadera confusión se produce cuando se identifica fe con cerrazón, fidelidad con miedo, ortodoxia con inquisición. En ese sentido, la conferencia de Queiruga en el seminario de Santiago es una buena noticia: porque normaliza que los grandes teólogos vuelvan a pisar aulas eclesiales, y porque recuerda que el pensamiento no es enemigo de la fe, sino uno de sus mejores aliados.

Quien no lo entienda, como los rígidos de todo pelaje y condición, seguirá viendo herejes por todas partes. La inmensa mayoría del ‘pueblo santo de Dios’ agradecerá que, en Compostela, la teología se siga haciendo de pie, con la cabeza despierta y el corazón en el Evangelio.

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