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Que acabe ya la guerra

Borran el tuit, no el daño: la CEE aún debe una reparación a Jesús Bastante

"Si Magán y Argüello optan por el silencio público y se limitan a dejar que el tuit retirado caiga en el olvido, asumirán de hecho la autoría política del linchamiento"

Tuit borrado por la Oficina de Prensa de la CEE
Tuit borrado por la Oficina de Prensa de la CEE

Que la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal haya retirado el tuit dirigido a Jesús Bastante es algo positivo…, pero totalmente insuficiente. El hecho de que el mensaje ya no esté en la cuenta oficial significa, en la práctica, que el secretario general y el presidente del episcopado (Magán y Argüello) admiten que o era falso, o era imprudente, o ambas cosas.

Pero borrar no es arreglarlo. Mientras no haya repercusiones profesionales y laborales para el director de la Oficina de Prensa, el sacerdote Josetxo Vera, y una disculpa clara al periodista atacado, la CEE seguirá siendo responsable de un intento de linchamiento público contra uno de los periodistas religiosos más importantes y prestigiosos del país.

Post de Instagram posteriormente eliminado
Post de Instagram posteriormente eliminado

Retirar no es suficiente: la rectificación es implícita, el ataque fue directo

La sucesión de eventos es clara. Primero, la Oficina de Prensa acusa, con nombre y apellidos, a Jesús Bastante de “falsear” la nota ‘Cor ad cor loquitur’ de la CEE,  al relacionarla directamente con movimientos como Hakuna, Effetá o Emaús.  Y lo hace desde la cuenta oficial de la CEE, con toda la fuerza simbólica que eso implica.

Después, sin explicación ni disculpa, el tuit desaparece. Nadie asume públicamente la culpa, nadie repara el daño a la reputación del periodista, nadie admite abiertamente que aquella acusación era injusta.

Un mensaje borrado dice mucho: es un reconocimiento tácito de error. Pero la descalificación inicial fue directa, amplificada y difundida; la rectificación, en cambio, es silenciosa y apenas dejará huella. Cualquiera que recuerde el ataque verá reforzada la sospecha sobre Bastante; casi nadie sabrá que la CEE ha dado marcha atrás.

En términos de justicia básica, un procedimiento inaceptable. Un simple “eliminar” no compensa un intento de desacreditar a un profesional ante toda la opinión pública del país.

García Magán, con Josetxo Vera, hoy
García Magán, con Josetxo Vera, hoy

Si Vera actuó solo, debe responder con su puesto

El escenario más favorable para Magán y Argüello es que realmente no supieran nada del tuit y hayan ordenado retirarlo, al ver el ‘jardín’ en que les había metido su jefe de prensa.

Si ese es el caso, el problema es Josetxo Vera: un director de la Oficina de Prensa que se permite lanzar acusaciones personales, desde la cuenta oficial, sin informar a sus superiores, los ha ignorado y dejado de lado en un asunto extremadamente delicado sobre la profesionalidad de un periodista.

Cualquier organización seria consideraría esto motivo de despido o, al menos, de una sanción clara y pública.

Porque la a acusación de Vera, además de falsa y atribuible a toda la tribu de los informadores religiosos (todos concretamos en los mismos términos la nota del episcopado), es una falta de ética profesional contra un periodista específico, reforzada por la autoridad moral de la Conferencia Episcopal. Si sus jefes le han obligado a retirar el tuit, es que consideran que no debía haberse publicado.

La consecuencia lógica es doble: una disculpa pública de Vera a nuestro redactor-jefe y una medida profesional acorde con la gravedad del error. Lo contrario equivale a encubrir la maniobra. Es decir, se quita el tuit para apagar el fuego, pero se mantiene intacto el cortafuegos que lo provocó.

Y si no actuó solo, la complicidad es compartida

El otro escenario es aún más grave: que Magán y Argüello sí supieran del tuit desde el principio, lo respaldaran de hecho y solo hayan dado marcha atrás ante la evidencia del error, el prestigio consolidado de Bastante y la incomodidad interna.

En ese caso, no basta con señalar a Vera, porque el problema sería de gobernanza y de cultura institucional. Habrían utilizado conscientemente la maquinaria comunicativa de la CEE para intentar marcar a Bastante, y solo después, al ver que la acusación no se sostiene -Incluso Infovaticana ha reconocido que el artículo no falsea la nota-, habrían optado por borrarlo.

En este supuesto, la exigencia de responsabilidades aumenta. Porque si no hay sanción ni gesto reparador, el mensaje al resto de periodistas es claro: podemos usar la cuenta institucional para intentar desacreditarte; si luego se demuestra que nos hemos excedido, lo borramos y aquí paz y después gloria.

Y el mensaje a los propios fieles es peor, porque proclama a los cuatro vientos que el organismo que proclama que “la verdad os hará libres” no está dispuesto a asumir en público sus propias mentiras o injusticias.

Sin disculpa ni medidas, la CEE se hace corresponsable del ‘linchamiento’

La única forma digna de cerrar este episodio es clara:

- Una nota o tuit oficial reconociendo que el mensaje anterior fue inadecuado e injusto con Jesús Bastante.

- Una disculpa explícita de la Oficina de Prensa y de la propia CEE al periodista.

- La adopción de medidas internas que garanticen que algo parecido no vuelva a ocurrir, empezando por la revisión del papel de su responsable.

-El despido inmediato de Josetxo Vera.

Si Magán y Argüello optan por el silencio público y se limitan a dejar que el tuit retirado caiga en el olvido, asumirán de hecho la autoría política del linchamiento. Porque quien no corrige de manera visible una injusticia que se ha cometido en su nombre, la hace suya.

Y eso, en vísperas de la visita del Papa a España, no es un detalle menor: erosiona la credibilidad de la CEE, erosiona la fuerza moral de documentos como ‘Cor ad cor loquitur ‘ y envía a los fieles un mensaje devastador sobre la relación de la Iglesia con la prensa libre.

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