Dominique Mathieu, el cardenal franciscano que teje la paz en la Teherán chiita

Frente a la lógica de Trump -presión máxima, sanciones, ataques selectivos-, el franciscano de Teherán reivindica la lógica del encuentro

Cardenal Mathieu
Cardenal Mathieu

Dominique Mathieu, franciscano conventual belga, cardenal desde 2024 y arzobispo latino de Teherán-Isfahán, es uno de los rostros más singulares del colegio cardenalicio: un hermano menor insertado en el corazón de la República Islámica, pastor de una pequeña comunidad católica esparcida por todo Irán y puente discreto entre el Vaticano y el islam chiita.

Vive su misión convencido de que los cristianos en Irán están llamados a ser, más que un lobby, "levadura en la masa" de una sociedad compleja, marcada por tensiones geopolíticas pero también por una profunda religiosidad.

Cardenal Mathieu
Cardenal Mathieu

¿Quién es el cardenal Mathieu?

Dominique Joseph Mathieu nació en Arlon (Bélgica) en 1963, ingresó en los franciscanos conventuales y fue ordenado sacerdote en 1989; Apasionado de la astronomía, pasó por varias misiones en Europa y Oriente Medio antes de que Francisco lo nombrara arzobispo de Teherán-Isfahán en 2021, después de años de vacancia en la sede latina de Irán.

El Papa Francisco lo elevó al cardenalato en diciembre de 2024, convirtiéndolo en el primer cardenal con diócesis en territorio iraní, un gesto que, según el propio Francisco, expresa su "cercanía y preocupación por la Iglesia en Irán" y honra al país entero. Mathieu pastorea un rebaño diminuto -unos 2.000 fieles, repartidos en cuatro parroquias, dentro de una población mayoritariamente chiita de más de 90 millones-, pero entiende su papel en clave de signo: "Permitir que un cardenal esté presente en la República Islámica da visibilidad a la Iglesia local y ofrece a la Iglesia universal un nuevo punto de apoyo para abrazar más culturas", ha explicado.

Formado en la espiritualidad franciscana de minoría, se define a sí mismo como un pastor "llegado por casualidad" a la púrpura, pero muy consciente de la responsabilidad: desde su llegada a Irán, dice, se siente llamado a ser "administrador de las puertas de nuestras iglesias", puertas que no siempre pueden estar abiertas a todos, pero que siguen siendo "entradas discretas de acogida".

Su biografía, marcada por años en El Líbano y otros países de la región, le ha enseñado a vivir en "situaciones de frontera", a reconocer la diversidad y a desconfiar de los estereotipos occidentales sobre Oriente Medio: "Irán es un país lleno de contrastes, muy lejos de las caricaturas que circulan", subraya.

Cardenal Mathieu con otros franciscanos
Cardenal Mathieu con otros franciscanos

Relación con el islam chiita

Mathieu se mueve en un terreno donde la relación entre la Santa Sede e Irán tiene larga historia y una "afinidad natural" basada en la fuerte impronta religiosa de la vida pública y en ciertas similitudes entre el catolicismo y el chiismo, que el Vaticano ha cultivado durante décadas a través de un diálogo estable con instituciones como la Universidad de Qom o la Organización de Cultura y Relaciones Islámicas.

Él mismo destaca que, a diferencia de otros países de la región, en Irán los cristianos pueden llevar hábito religioso y cruz pectoral en público, y que existe una apertura real en determinados centros de estudio musulmanes para conocer mejor el cristianismo.

Su método es el del Papa Francisco y el de Francisco de Asís: presencia, oración y amistad. "Estoy convencido, quizás reforzado por el hecho de ser franciscano, de la importancia de nuestro testimonio, que no es verbal", afirma; "el proselitismo no se puede hacer, pero no se nos impide vivir en la sociedad y dar testimonio". Repite a sus fieles la necesidad de "una vida virtuosa", de trabajar por la santidad cotidiana, porque solo así la pequeña comunidad católica puede ser "sal" y "fermento" en un entorno islámico mayoritario.

En entrevistas recientes ha insistido, además, en que la clave para la paz en la región es que todos -también Irán y Occidente- "pongan a un lado los deseos de supremacía" y renuncien a utilizar la religión como herramienta de dominación.

Francisco y Mathieu
Francisco y Mathieu

Qué piensa del ataque de Trump a Irán

Cuando en enero de 2020 Donald Trump ordenó el asesinato del general Qassem Soleimani y se disparó la tensión entre Estados Unidos e Irán, la diplomacia vaticana reaccionó con su realismo habitual y con una estrategia radicalmente opuesta a la lógica de los "ataques de decapitación", insistiendo en el diálogo y la contención; en ese marco se situó también la lectura de los pastores en la región, entre ellos el futuro cardenal de Teherán.

Aunque Mathieu ha evitado declaraciones estridentes sobre líderes concretos, se ha mostrado crítico con cualquier acción militar que alimente la espiral de violencia y ha recordado que los cristianos de la zona son siempre los primeros en sufrir las consecuencias de las aventuras bélicas.

En esa línea, ha subrayado que el camino no pasa por golpes unilaterales ni por demostraciones de fuerza, sino por "caminar juntos, a pesar de nuestras diferencias, como verdaderos testigos de paz" y por construirla "con acciones concretas de reconciliación y unidad". Y añade: "es imposible alcanzar la paz con ataques preventivos, en lugar de comprometerse a dialogar en la mesa de negociaciones".

Irán
Irán

Frente a la lógica de Trump -presión máxima, sanciones, ataques selectivos-, el franciscano de Teherán reivindica la lógica del encuentro: mantener abiertos los canales entre la Santa Sede y la República Islámica, reforzar el diálogo católico-chiita y apostar por una presencia cristiana que, sin renunciar a la propia fe, sea factor de convivencia en una región marcada por demasiadas guerras.

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