Casi ciego, pide su relevo, pero, incomprensiblemente, ni el Nuncio ni Roma lo escuchan El grito de dolor y de impotencia del arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo

Juan José Asenjo
Juan José Asenjo

"¡Cuánto ha debido sufrir monseñor Asenjo! Tanto que su sufrimiento se palpa en su misiva"

"No hay derecho a que un obispo casi ciego tenga que implorar públicamente y pedir a gritos que le acepten cuando antes la renuncia"

"Dos responsables directos: El Nuncio del Papa en España, Bernardito Auza, y la Congregación de Obispos, que dirige el cardenal Ouellet"

"Una vez que has conseguido la mitra, te conviertes en un funcionario de lo sagrado intocable. El sistema clerical te defiende. No tienes nada que temer"

Ante la lentitud y la insensibilidad de la burocracia vaticana, el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo (siempre tan timorato y tan prudente) se ha visto obligado a lanzar al público su queja en forma de carta. Una carta que es como un grito desgarrado de angustia y de dolor. Una carta nada habitual entre el alto clero, que prefiere siempre ocultar sus enfermedades y achaques. Sobre todo si los obispos están (como en este caso) a las puertas de la jubilación. En esos casos, los prelados suelen ocultar sus problemas de salud todavía más, no vaya a ser que les aceleren la aceptación de la renuncia.

¡Cómo debe estar monseñor Asenjo, para romper todos estos tabúes y reglas no escritas, pero que marcan la rutina episcopal! ¡Cuánto ha debido sufrir! Tanto que su sufrimiento se palpa en su misiva. Tanto que, desde hace meses, tenía que leer públicamente con un apuntador dictándole los textos. Algo conocido por todo el clero y por muchos de sus colegas obispos. Y ni por ésas.

Ante tanta desidia y tanto dolor, sólo cabe decir que no hay derecho. No hay derecho a que un obispo casi ciego tenga que implorar públicamente y pedir a gritos que le acepten cuando antes la renuncia. No hacerlo de inmediato es antihumano y anticristiano. Y denota una escasísima sensibilidad y una falta total de entrañas de misericordia en los responsables de su relevo.

Asenjo

Dos responsables directos: El Nuncio del Papa en España, Bernardito Auza, y la Congregación de Obispos, que dirige el cardenal Ouellet. El prefecto de Obispos vive en su mundo, más preocupado por el próximo cónclave que por la provisión de las sedes episcopales. Además, Sevilla le queda lejos, a pesar de ser una de las principales archidiócesis de España.

No cabe duda que el principal responsable es el Nuncio Auza. ¿Qué le esta pasando a Don Bernardito, en el que la Iglesia española había puesto tantas esperanzas, después del 'duro invierno' representando por su antecesor, el Nuncio Fratini?

Vino a Madrid con la consigna papal de remodelar el episcopado español y ponerlo a la hora de Roma. Y con el mandato de hacerlo rápido y bien. Pues resulta que, tras meses estudiando el panorama epscopal, no acaba de centrar su labor. Por un lado, la vieja guardia le sigue colando obispos, que estaban en las anteriores ternas y que no representan los aires de la nueva Iglesia en salida de Francisco.

Por poner algún ejemplo. Aquí, el Nuncio Auza todavía no ha nombrado obispos de la talla de monseñor Castillo, en Lima, de monseñor Zuppi, en Bolonia o el más reciente de monseñor Battaglia, en Nápoles.

Nuncio Auza

Además, sigue tardando meses y meses, para aceptar renuncias y realizar todos los nombramientos que tiene pendientes. Hay obispos gravemente enfermos. Hay obispos que arrastran sus pontificados bajo mínimos desde hace años, sin celo pastoral y como meros burócratas. Hay obispos depresivos o cercanos a la depresión. Hay prelados con fobia social o con tanta timidez que son incapaces de relacionarse con la gente. Y hay obispos malqueridos. Obispos a los que no quiere ni la gente ni sus propiso curas.

¿Por qué se mantienen a estos obispos en el cargo? Simple funcionamiento de la burocracia clerical. Una vez que has conseguido la mitra, te conviertes en un funcionario de lo sagrado intocable. El sistema clerical te defiende. No tienes nada que temer, a no ser que cometas una 'barrabasada' tan enorme y tan notoria que el sistema no tenga más remedio que 'escupirte', para preservar su propio funcionamiento. Y los obispos lo saben. Saben que nadie les puede pedir cuentas y que, por lo tanto, son inmunes.

Es labor del Nuncio vigilar aunque sólo sea los excesos del sistema. A monseñor Auza se le acaba el tiempo de gracia que se le concede a todo el que accede a un puesto de responsabilidad. Nombrado el 1 de octubre de 2019, tomó posesión de su cargo el 4 de diciembre de ese mismo año. Lleva, pues, más de un año en el cargo. Monseñor, póngase las pilas y recupere la enorme dosis de esperanza que la Iglesia española tenía puesta en usted. Y, por favor, releve a monseñor Asenjo cuanto antes. Su caso clama al cielo.

Nuncio Auza

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