León XIV en el paraíso fiscal monegasco: Un viaje incómodo y muy calculado

Las razones abiertas y ocultas de una visita entre el ‘privilegio del blanco’ y la denuncia de la riqueza que mata

Visita del Papa a Mónaco
Visita del Papa a Mónaco

El 28 de marzo, el Papa León XIV dedicará su segundo viaje internacional a un destino tan pequeño como simbólicamente explosivo: el Principado de Mónaco, ese kilómetro y medio de roca convertido en refugio de superricos, plaza financiera opaca y escaparate de una catolicidad oficial que convive con el lujo más ostentoso.

No es una parada casual en la agenda papal, dado que Mónaco es el único país europeo -junto con Malta- donde el catolicismo sigue siendo religión de Estado. Allí, el Papa tiene la oportunidad (y el riesgo) de mostrar hasta qué punto su discurso sobre una Iglesia pobre, ética en la economía y creíble en bioética resiste, cuando pisa la alfombra roja del casino.

Mónaco
Mónaco

Un viaje histórico a una monarquía católica de manual

Como recuerdan CathoBel  y La Croix , será la primera visita apostólica de un Papa a Mónaco en época contemporánea. Oficialmente, el viaje responde a la invitación del príncipe Alberto II y del arzobispo Dominique-Marie David, y se inscribe en la estela de los “vínculos seculares” entre los Grimaldi y la Santa Sede, y en un país donde la Constitución de 1962 consagra que “la religión católica, apostólica y romana es la religión del Estado”.

En Mónaco, casi el 90% de la población se declara católica, la instrucción religiosa está presente en las escuelas y muchas ceremonias oficiales incluyen ritos litúrgicos.

Además, el Principado es uno de los pocos lugares donde el catolicismo sigue ocupando un lugar institucional elevado, en un momento en que a la Iglesia se se le ha apartado del espacio público en buena parte de Europa occidental, en base a una sana laicidad.

El viaje, en este sentido, se empapa también en la lógica de “confirmar en la fe” a una Iglesia local pequeña, con apenas 40.000 residentes, pero muy visible, y de apoyar a un príncipe que se presenta como garantía de una identidad católica fuerte (resíduo de otras épocas) frente a presiones secularizadoras imperantes.

Cartel del Papa a Mónaco
Cartel del Papa a Mónaco

Finanzas opacas y ética económica: la otra cara del decorado

Pero León XIV no viaja a un país cualquiera, sino al corazón de una plaza financiera que los medios de todo el mundo suelen describir como “marcada por escándalos financieros recurrentes” y que “sufre para alinearse con las exigencias internacionales de transparencia”.

Visita un territorio que, pese a los avances de los últimos años, sigue asociado en el imaginario colectivo al secreto bancario, a la optimización fiscal agresiva y a la economía de casino.

Que el Papa que ha hablado de “economía que mata”, de “sistemas financieros que generan descartados” y de paraísos fiscales ("vemos crecer élites de ricos que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común") dedique un día entero al microestado de los superricos llama la atención e invita a intentar bucear en las claves ocultas de la visita.

Según fuentes de la Curia romana, el viaje ofrece al Pontífice una plataforma para “llamar a una visión ética de las finanzas”, justo donde el contraste entre el lujo ostentoso y el discurso sobre justicia social resulta más chocante.

No está previsto que León XIV vaya a repartir cifras ni a denunciar directamente al principado como paraíso fiscal, pero su mera presencia, a pocos días de la Pascua, puede convertirse en ocasión para recordarle a un país construido sobre la acumulación de riqueza que la fe que dice profesar exige transparencia, solidaridad y cuidado de los más vulnerables, también en materia económica.

Visita del Papa a Mónaco
Visita del Papa a Mónaco

Catolicismo de Estado, aborto bloqueado y “privilegio del blanco”

Mónaco ofrece, además, un raro laboratorio de catolicismo político. En 2025, el Consejo Nacional aprobó por amplísima mayoría un proyecto de ley para legalizar el aborto, pero el príncipe Alberto II decidió no ratificarlo, bloqueando de facto la reforma pese a que las encuestas indicaban un apoyo social cercano al 80%.

El gobierno defendió la decisión invocando el “equilibrio” propio de un Estado donde la IVG está despenalizada en parte y es fácilmente accesible en hospitales franceses, pero donde la religión católica sigue marcando la identidad institucional.

En ese contexto, el viaje del Papa puede leerse también como un gesto de respaldo a un soberano que ha hecho valer explícitamente su conciencia católica en una cuestión bioética clave, en plena hola conservadora en Europa.

León XIV, que ha mantenido la doctrina tradicional sobre la vida pero con un tono menos beligerante que el que le piden los sectores más ultras, se va encontrar en Mónaco ante una prueba delicada: cómo sostener su defensa del no nacido sin convertirse en coartada de un sistema político que, al mismo tiempo, se beneficia de la circulación global de capitales con escasa redistribución.

La dimensión cortesana del viaje añade su propio capítulo. Todo apunta a que la princesa Charlene, convertida al catolicismo en 2011, hará uso del “privilegio del blanco”, reservado a soberanas católicas europeas, y podrá vestir de este color en la audiencia con el Papa, en lugar del negro de protocolo para el resto de mujeres.

El Papa y el Príncipe de Mónaco
El Papa y el Príncipe de Mónaco

La imagen, sin duda fotogénica y muy comentada, servirá de recordatorio visual del estatus singular de Mónaco dentro del mapa católico, pero también correrá el riesgo de reforzar la impresión de un catolicismo de élites, más cómodo en los palacios que en las periferias.

Un viaje de equilibrios en un escenario incómodo.

En definitiva, las razones del desplazamiento dibujan un viaje de equilibrios delicados e inestables. León XIV acude a un país minúsculo, pero estratégicamente cargado de símbolos: Estado confesional católico, aliado del Vaticano en cuestiones bioéticas, punto de fricción permanente entre ética económica y finanzas reales, y escaparate mediático de una monarquía que gusta de mezclarse con estrellas y multimillonarios.

Si el Papa se limita a dejarse fotografiar con Alberto y Charlene, a celebrar una misa multitudinaria en el estadio Louis II y pronunciar homilías inofensivas, muchos verán en el viaje una claudicación y la confirmación de que la Iglesia sigue fascinada por el brillo de los poderosos, incluso cuando viven de un modelo económico que ella misma crítica.

Charlene, de blanco
Charlene, de blanco

Si, en cambio, aprovecha cada gesto para recordar que el Evangelio no se deja domesticar por ninguna constitución -por muy católica que se proclame-, que la riqueza sin justicia es pecado estructural y que la defensa de la vida no puede separarse de la lucha contra los descartados, el día monegasco de León XIV podría leerse como “un viaje breve, pero cargado de símbolos”, que interpela tanto a los superricos del Principado como a la propia Iglesia, tentada siempre de confundir el oro del templo con la gloria de Dios.

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