Sin piedad con los Legionarios de Cristo
Será, para el Papa, la prueba del algodón de su tolerancia cero contra la pederastia. Empezando por uno de los máximso símbolos de ese y de otros terribles escándalos. Y de sus cómplices: Los Corcuera, Garza y demás...
Será también un aviso a navegantes. Para la galaxia de congregaciones y órdenes religiosas nacidas al socaire de una vuelta atrás en la dinámica conciliar y aupadas por obispos y por la propia Roma. Instituciones que, sin haber pasado por el decantamiento imprescindible del tiempo y de la Historia, se hicieron con las riendas de la Iglesia. Simplemente, porque le proporcionaban curas en época de invernía vocacional. Ahí están las consecuencias. Que deberían pagar no sólo las instituciones, sino también los obispos que se echaron en sus brazos con armas y bagajes. Sin discernimiento.
Y será, por último, un aviso "mayor" a esa jeraquía renuente todavía en adoptar la línea marcada por el Papa en torno a la pederastia. Porque los hay (y muchos) que siguen queriendo lavar los trapos sucios en el interior de la institución. Y los hay que siguen pensando que el obispo es padre y, por lo tanto, no debe denunciar a sus hijos sacerdotes pederastas. ¡Como si sólo fuese padre de los verdugos! Y cuando debería ser, especialmente, padre de las víctimas, que tamibén son hijas de Dios.
José Manuel Vidal