El prefecto Amato desacredita el postconcilio en España

Me habían hablado muy bien de Angelo Amato: un salesiano bien preparado, antes den Doctrina de la Fe y, ahora, prefecto de la Causa de los Santos. Y, con toda seguridad, próximamente cardenal. Me decían, además, que era un hombre moderado entre los "halcones" de la Curia. Como corresponde a un hijo de Don Bosco. Pero el pasado fin de semana, monseñor Amato estuvo en Sevilla, presidiendo la beatificación de la Madre María de la Purísima. Y allí aprovechó para despacharse a gusto contra el postconcilio en España.

¿Qué pensarían Rouco, Amigo, García Gasco, Asenjo y los demás obispos presentes, muchos de ellos auténticos "aplicadores" del Concilio en nuestro país? Porque el curial dedicó buena parte de su homilía (cuyo texto completo pueden leer aquí) a desautorizar el postconcilio. Sin venir a cuento. Con exageraciones y casi con rumores.

Estos son algunos de sus pasajes más llamativos:

Ella, en el difícil periodo postconciliar, perseveró en la sana tradición, indicando a sus hermanas aquel camino de santidad y de servicio querido por la santa Fundadora, rechazando la moda efímera de cambios externos, exentos de eficacia apostólica.


De un plumazo se cargó monseñor Amato a todas las congregaciones religiosas que, siguiendo las directrices conciliares, realizaron cambios (también externos) en su indumentaria y en sus reglas. Con la bendición del Papa de entonces y de la Curia de entonces y de sus respectivos ordinarios.

Como Superiora General visitaba cada tres años sus casas, escuchando con atención e interés a todas sus Hermanas, animándolas a ser fieles al espíritu de la Fundadora. De esta forma infundió en ellas una sólida formación doctrinal y espiritual, en tiempos en los que parecía debilitarse la fidelidad a la Iglesia. A propósito de esto, una hermana suya testifica: “Fue un periodo en el que en la vida religiosa se respiraba una gran corriente de cambio y en el que casi todas las congregaciones cambiaron no sólo el hábito, sino incluso el carisma de la congregación. Ella, sin embargo, se mantuvo en afirmar que a nosotras nada nos impedía continuar vistiendo como en tiempos de nuestra Santa Fundadora y en confirmar nuestra fisionomía, afianzando con fuerza nuestro carisma para no alejarnos del que nuestra Santa Madre quería que fuese nuestro Instituto. Esto lo defendió, luchó por esto y lo consiguió, a pesar de las sonrisas irónicas de otros institutos religiosos y de sacerdotes que nos ridiculizaban”.


¿Es más evangélico mantenerse que cambiar? ¿Por qué y a santo de qué? ¿Se mantuvo en contra de lo entonces urgido y solicitado por las autoridades de la Iglesia, Papa incluido? ¿Les ridiculizaban los sacerdotes de entonces o les pedían, con una sonrisa, la obediencia exigida a las normas vaticanas y al "aggiornamento" eclesial del Vaticano II? ¿La aplicación del Concilio era arbitraria?

Esta serena prudencia, en tiempos de gran turbulencia ideológica, contribuyó a reforzar el espíritu y el carisma de la Fundadora. A pesar de las corrientes demoledoras de la vida consagrada, ella supo mantener unidas a sus Hermanas mediante la exacta observancia de la Santa Regla y del espíritu de oración: “Cuidó la vida espiritual del Instituto como una madre con sus hijos, preocupándose de que la doctrina de los sacerdotes que venían a la Casa Madre a dar ejercicios y a confesar, fuera teológicamente sana y exigente en las virtudes, como está en nuestro espíritu”.


Amato dualiza y presenta la realidad de la vida religiosa en blanco y negro. Blanco, para las Hermanas de la Cruz. Y negro, para todas las demás congregaciones, que se dejaron arrastrart por "corrientes demoledoras". Simplista y falso.

Mientras que todo a su alrededor era un piadoso espectáculo de relajación en la doctrina y en las costumbres, ella fue heroica en incentivar la vida interior de sus Hermanas, dándole importancia a la vida espiritual alimentada de oración, de silencio, de obediencia, de caridad y de servicio a los pobres.


Y más buenos y malos. "Mientras a su alrededor todo era un piadoso (sic) espectaculo de relajación en la doctrina y en las costumbres". ¿El vestirse de calle, como hicieron la mayoría de las congregaciones religiosas, es una relajación? Pero resulta que sus Constituciones (con cambio de hábitos incluido) están aprobadas por la Santa Sede. ¿Se le puede llamar relajación a lo aprobado por la Santa Sede? Monseñor Amato sabrá, que para eso es curial.

Una hermana cuenta las humillaciones que debieron sufrir cuando asistían a clases de teología: “Llegábamos a clase con nuestra carpeta azul de cartón, con nuestros zapatos desgastados, con nuestro gran paraguas con algún roto. Mientras buscábamos un asiento, sentíamos las miradas de desaprobación de algunas religiosas que susurraban: “Ya han llegado las del Viejo Testamento”. Yo me sentía mal y la miraba a ella que, sin embargo, permanecía sonriente y serena ante estos comentarios”.


Y la guinda en forma de rumor melodramático. "Una hermana cuenta..." Que, en las clases de Teología (¿cuál, la sana o la enferma?), alguna otra monja le decía (con una broma muy habitual en aquella época, pero cariñosa, hacia las monjas que se negaban a cambiar y, por lo tanto, a obedecer a la Iglesia)que eran "del Antiguo Testamento".

Me sorprende, monseñor Amato. Por su intento de ensalzar una forma de vida consagrada en detrimento de otras. Y, sobre todo, por lo que sus comentarios encierran de significación profunda: renegar del postconcilio y convertirlo en chivo expiatorio de todos los males de la Iglesia actual. Eso se llama, monseñor, revisionismo puro y duro. Y simplista desautorización de generaciones de obispos y curas españoles que entregaron sus vidas para poner a nuestro catolicismo a la hora y al paso del Concilio. Y de ello se seinten (nos sentimos) orgullosos. Por mucho que monseñor Amato diga lo contrario.

Y si esto piensa Amato, un alto curial moderado, ¿qué pensarán los que pasan por marcadamente conservadores? Suena (no se atreverán a tanto) a que quieren "enterrar" el Concilio de Juan XXIII y de Pablo VI. De la Iglesia que, harta de los "profetas de calamnidades", quiso abrir las ventanas y puso en marcha la más floreciente primavera eclesial de los tiempos modernos. Porque, los que lo quieren enterrar, llevan ya más de 30 años en el "poder". ¿Cuáles son sus frutos? ¿Dónde están? Época de ilusión colectiva y de celo apostólico como aquella no la han conseguido...Al menos, por ahora. Cuando presenten una hoja de ruta como aquella, entonces podemos empezar a hablar de "relajaciones" y demás descalificaciones. Baratas. Y falsas.

José Manuel Vidal
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