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De Re a Tagle: el final de una época y la prueba de independencia de León XIV

La llegada del cardenal filipino al decanato del Colegio Cardenalicio supone un relevo generacional y geográfico de gran fuerza simbólica. No acredita una ruptura con la Curia, pero permite preguntarse qué equilibrios quiere construir el Papa León XIV

El Papa, el cardenal Re y el cardenal Tagle
El Papa, el cardenal Re y el cardenal Tagle

Hay relevos que cambian un nombre en el organigrama. Y hay relevos que parecen mover una época. La salida de Giovanni Battista Re, de 92 años, del decanato del Colegio Cardenalicio pertenece a esta segunda categoría. Le sucede Luis Antonio Tagle, de 69 años, filipino y proprefecto del Dicasterio para la Evangelización. El cambio fue anunciado el 9 de octubre, después de que León XIV aprobara la elección realizada el día anterior por los cardenales del orden de los obispos. Re pasa a ser decano emérito y su jubilación simboliza el final de una era.

Cardenal Re
Cardenal Re

Porque Tagle no ha sido escogido unilateralmente por el Papa para desalojar a Re. Ha sido elegido por sus pares y confirmado por León XIV. El procedimiento importa, porque impide convertir una transición institucional en una operación palaciega que las informaciones disponibles no acreditan. Pero el respaldo pontificio también importa y León acepta este relevo y le pone el sello de su autoridad.

El mensaje simbólico (en una Iglesia hecha de simbolismos) es potente. Un veterano italiano, identificado con la larga memoria de la maquinaria romana curial, entrega el testigo a un cardenal asiático vinculado a la evangelización. Cambian la generación, la procedencia y el horizonte desde el que se mira la Iglesia.

Re, la memoria del aparato

Re representa esa Roma que conoce los nombres antes de que aparezcan en los boletines, recuerda las conversaciones que otros han olvidado y sabe que, en una institución tan antigua, la información puede pesar tanto como un cargo.

Su paso por la Secretaría de Estado, de la que fue sustituto entre 1989 y 2000, lo situó en un lugar central de la administración durante el pontificado de Juan Pablo II. Después llegó al decanato en 2020 y permaneció en él durante la transición de Francisco a León XIV. No fue un actor secundario: tras la muerte del Papa argentino presidió las congregaciones generales previas al cónclave de 2025, aunque no pudo participar en este por superar los 80 años.

Cardenal Re, nuevo decano del colegio cardenalicio
Cardenal Re, nuevo decano del colegio cardenalicio

La trayectoria ayuda a comprender su peso. Una influencia de más de medio siglo de mando ininterrumpido sobre todo el aparato curial. La longevidad institucional, la capacidad de interlocución y el conocimiento de sus mecanismos no equivalen a un control absoluto, pero se le acercan.

Re encarna una forma de poder que no siempre necesita exhibirse. Es el poder de la continuidad, de los vínculos, de la experiencia acumulada y de saber cómo se hacen, se deshacen -o se detienen- las cosas.

La vieja máxima ‘los papas pasan, la Curia permanece’ expresa esa tensión. El pontífice puede marcar un rumbo, pero necesita una administración que lo lleve a la práctica. Y toda administración sufre la tentación de convertir su propia conservación en una finalidad, algo evidente en el aparato curial de la Iglesia.

Cuando un Papa despliega su liderazgo mayoritariamente hacia fuera, como fue el caso de Juan Pablo II, quienes administran la institución hacia dentro adquieren una responsabilidad enorme, porque filtran información, ordenan prioridades, tramitan decisiones y facilitan o dificultan el acceso al Pontífice.

Ahí reside el riesgo curial. No necesariamente en una conspiración permanente, sino en algo más ordinario y resistente, que consiste en que los procedimientos sustituyan a las prioridades, que los equilibrios internos pesen más que las necesidades pastorales y que el gobierno termine mirando antes a sus propios pasillos que a las comunidades a las que debe servir.

No se trata de negar la necesidad de la Curia. Una Iglesia mundial necesita coordinación, competencia y memoria. Se trata de preguntarse quién sirve a quién.

El cardenal Re besa la mano del Papa tras su saludo
El cardenal Re besa la mano del Papa tras su saludo | RD/Captura

Francisco y Re: una relación más compleja que el choque

El Papa argentino quiso reformar la Iglesia, pero eso no significa que tratara al veterano cardenal únicamente como representante de un poder que debía controlar. Fue Francisco quien aprobó su elección como decano en 2020 y quien prorrogó su mandato en 2025. Ese dato obliga a reconocer una relación de confianza institucional, aunque no excluya diferencias de criterio.

Por lo tanto, Re no fue sólo un símbolo de resistencia. Fue también un hombre al que distintos pontífices confiaron responsabilidades. Precisamente por eso su salida tiene tanta resonancia.

Tagle: otra generación, otro centro de gravedad

El sucesor introduce un cambio visible. Tagle se convierte en el primer asiático al frente del Colegio Cardenalicio. Su procedencia filipina y su responsabilidad en el Dicasterio para la Evangelización desplazan el foco hacia una Iglesia cuya universalidad no puede seguir confundiéndose con su administración romana.

Su llegada eleva igualmente su visibilidad en relación con un futuro cónclave, pero una mayor visibilidad no equivale a una candidatura asegurada ni a una sucesión prevista.

El decanato tampoco convierte a su titular en jefe del gobierno vaticano. Es una responsabilidad vinculada al Colegio Cardenalicio y especialmente significativa en los momentos de transición. La experiencia de Re en 2025 lo muestra: pudo presidir las reuniones preparatorias, pero no el cónclave, por razón de edad.

Conviene, por lo tanto, no confundir el valor simbólico del relevo con una redistribución total del poder.

Tagle
Tagle

¿Un Papa que no quiere dejarse manejar?

La confirmación de Tagle permite hacer otra lectura: León XIV acepta que una figura central de la continuidad romana entregue el testigo a un cardenal de otra generación, de otra procedencia y responsable del dicasterio de la Evangelización. Es una señal inequívoca de renovación y de control indirecto del aparato curial por parte del Papa.

Éste es el ‘recado’ que manda León XIV: No gobernar contra la Curia por sistema, pero tampoco quedar encerrado en ella. Aprovechar su experiencia sin someterse a sus inercias. Reconocer sus servicios sin dar por intocables sus equilibrios.

El final de una era, no el final del problema

Re se retira del decanato con un título emérito y con una larga historia institucional detrás. No desaparece esa historia, pero sí termina una etapa. La sustitución de un decano italiano de 92 años por un filipino de 69 hace visible que incluso las continuidades más largas tienen un final. Y que la Iglesia mundial puede reconocerse en rostros distintos de los que durante tanto tiempo ocuparon el centro.

Tagle, con León XIV
Tagle, con León XIV | @Vatican Media

¿Conseguirá León XIV impedir que el aparato condicione su pontificado? Todavía no hay respuesta. La elección de Tagle es una señal, no una garantía.Lo que está en juego es algo más hondo que un relevo: que la Curia recuerde que no existe para perpetuarse, sino para servir. Que su memoria no se vuelva cerrojo. Que su competencia no se convierta en tutela. Y que el Papa pueda gobernar una Iglesia universal sin que Roma termine reduciéndola al tamaño de sus pasillos y de sus ansias de poder.

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