Bajar el último peldaño...
"También nosotros, como Jesús, aprendemos a ser de todos, a lavar los pies de todos, a vendar heridas y enjugar lágrimas; nosotros, como Jesús, aprendemos a perder la vida, a dar la vida, a amar, también a los que no nos aman"
Hablamos de Cristo Jesús, de aquél que, “siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios”, sino que “se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo”.
Hablamos de aquél que “se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz”.
Hablamos de su descenso hasta nosotros… Y nos disponemos a contemplarlo mientras baja ese último peldaño de su vida que llamamos pasión y muerte, que llamamos cruz… Es el último peldaño en el camino del Hijo de Dios desde el Padre hasta nosotros. Y es también el último peldaño en su camino desde lo hondo de la condición humana hasta la gloria del Padre…
Si nos disponemos a contemplar ese misterio, no es por recordar cosas del pasado, sino por aprender lo que nos disponemos a vivir en el presente.
Contemplamos y aprendemos, porque el camino de anonadamiento de la Palabra de Dios es también nuestro camino. “Despojados de nosotros mismos, tomando la condición de esclavos”, también nosotros, como Jesús, aprendemos a ser de todos, a lavar los pies de todos, a vendar heridas y enjugar lágrimas; nosotros, como Jesús, aprendemos a perder la vida, a dar la vida, a amar, también a los que no nos aman, también a los que nos odian, también a los que nos crucifican; nosotros como Jesús, aprendemos a ser pan sobre la mesa de los necesitados de salvación.
Mientras contemplamos a Cristo Jesús en los días de su pasión y muerte, aprendemos que el amor no tiene medida, que nada se reserva para sí mismo, que a todos quiere llegar, y que todo lo puede sobrellevar.
También nosotros, como Jesús, “cada mañana” contemplamos y aprendemos, escuchamos como hijos y obedecemos, “para saber decir al abatido una palabra de aliento”.
Mientras nos disponemos a celebrar los misterios de la pasión del Señor y su resurrección, vienen a la memoria de la fe el día luminoso de la anunciación, la noche gozosa del nacimiento del Señor, los días de fatiga de Jesús en busca de ovejas perdidas, de ovejas heridas, de pobres para los que ser evangelio… Y si entonces hicimos fiesta, aunque la fe sabía ya de este último peldaño del camino de Jesús, hoy, mientras lo bajamos con él, dejamos que el corazón se llene con la memoria de aquella luz anunciadora, de aquella alegría recién nacida, que eran un preludio cierto de la luz, la alegría y la paz que es para todos Cristo resucitado.
Ofrezcamos con Jesús nuestra vida el Padre y a los pobres. Bajemos con Jesús a los caminos de la humanidad sufriente. Y no desperdiciemos, reservándola para nosotros, la vida que se nos ha dado para que la regalemos.
Somos el cuerpo de Cristo: somos de todos como lo es él; bajemos con él, también nosotros, el último peldaño.
Feliz comunión con Cristo.
LOCURA
Un día lo llenaste, Jesús mío,
mi cántaro de vida, y poco a poco
la fui dando, me dicen que por loco,
mas yo la di por no quedar vacío.
Mirando al sembrador que hace su entrega
de grano al campo, vida hacia la muerte,
de mi vida hice grano para verte
recogerme mañana en una siega.
Llora el que siembra, mientras da la vida;
y al final de mi entrega voy abriendo
dos surcos de llorar, amor amado;
y no es por la simiente repartida:
en el granero se me están pudriendo
los granos de mi vida que no he dado.
Feliz domingo de Ramos.
