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Dar una mano a Dios para que no muera...

Al menos 139 migrantes mueren, entre ellos 15 niños, en un naufragio entre Yibuti y Yemen… Me pregunto dónde está 'la actividad de nuestra fe', si dejamos que mueran los pequeños de la tierra

Dolor

El salmo que vamos a leer, si las vidas de los creyentes no lo hacen verdadero, queda reducido, más que a un insulto a la inteligencia, a una blasfemia contra Dios.

Esto es lo que cantaremos en nuestra celebración dominical:

“Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones”.

Y esto es lo que dice la noticia -es del día 11 de octubre de 2026-:

“Al menos 139 migrantes mueren, entre ellos 15 niños, en un naufragio entre Yibuti y Yemen”.

Nuestro salmo seguirá diciendo cosas maravillosas del Señor:

“Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza… Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor; aclamad la gloria del nombre del Señor”.

Un par de zapatos de uno de los migrantes de la embarcación siniestrada entre Yibuti y Yemen | International Organization for M (Via Reuters)

Y la noticia continúa poniendo delante de nuestros ojos una espantosa realidad:

“Alrededor de 84 personas permanecen desaparecidas, después de que una embarcación, con más de 300 a bordo, naufragara mientras navegaba de Yibuti a Yemen”. 

Me pregunto dónde está “la actividad de nuestra fe”, si dejamos que mueran los pequeños de la tierra; me pregunto dónde está “el esfuerzo de nuestro amor”, si abandonamos a su suerte a los excluidos del bienestar; me pregunto dónde está “la firmeza de nuestra esperanza”, si sólo pensamos en nuestra seguridad, en nuestros intereses, en nosotros mismos; me pregunto qué ha sido de la fuerza del Espíritu de Dios en nosotros; me pregunto qué hemos hecho de su unción y de la misión que nos confió, cuando, como hizo con Jesús, nos envió a “evangelizar a los pobres”, a curar a los enfermos, a liberar a los oprimidos. Me pregunto si, escandalosamente, en la Iglesia, no estamos dando al César lo que corresponde a Dios, si no nos hemos hecho esclavos del único dios que se apone al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, a ese ídolo, que devora a millones de hambrientos, y que Jesús llamó dinero -Mammona-.

Si no damos la vida por los pobres, nuestra fe es sólo cinismo, es una burla macabra, es una mentira sarcástica, es una evidencia del desprecio con que miramos a Cristo crucificado

Hemos traicionado el evangelio para hablar de seguridad, de fronteras, de prioridades nacionales, para hablar de muerte… y no me refiero a la nuestra, a nosotros, que, como creyentes en Cristo, hemos de dar la vida por todos -hemos de morir a nosotros mismos-, sino que me refiero a esos condenados a muerte que son los pobres: a los inmigrantes de todas las rutas de la clandestinidad, a los hambrientos de la tierra, a todos esos hijos de Dios que necesitan de nuestra fe, de nuestro amor, de nuestra esperanza.

Si no damos la vida por los pobres, nuestra fe es sólo cinismo, es una burla macabra, es una mentira sarcástica, es una evidencia del desprecio con que miramos a Cristo crucificado.

La fe verdadera consiste en “dar a Dios lo que es de Dios”, en amar lo que él ama, en que le demos una mano para que él no muera en los pobres, tampoco en quienes los empobrecen, en quienes los oprimen, en quienes los matan, 

Sólo hombres y mujeres llenos de fe, esperanza y amor, pueden hacer verdaderas y creíbles las palabras del salmista: “Aclamad la gloria y el poder del Señor”.

Esperanza

“Demos una mano a Dios para que no muera” (algo así dejó escrito Etty Hillesum en su Diario) 

Feliz domingo a todos los pobres.

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