La Iglesia es involucionista: la plasticidad no pertenece solo a la infancia, es evolución
"Hay personas, partidos políticos o instituciones como la Iglesia que se niegan a realizar cambios en su forma de pensar y actuar. Tienen mentes conservadoras que se niegan a desarrollar el cerebro, el órgano más importante de nuestro cuerpo"
Cambiar la forma de pensar
Nuestro cerebro está dotado de neuroplasticidad, que consiste en que es posible cambiar las conexiones neuronales por otras que desarrollen nuevas formas de pensar y actuar. Esos cambios pueden producirse durante toda la vida. ¿Cuándo hay que realizar un cambio en las redes neuronales? Cuando intentamos mejorar. Ejemplos de cambios beneficiosos: dejar de fumar; dejar de beber excesivo alcohol; hacer ejercicio, sobre todo si uno tiene un trabajo sedentario; cambiar de carrera o de trabajo si a uno le gusta más; cambiar de amigos ; dejar de conducir de forma temeraria; pasar del estado clerical al laico o viceversa. Y así una serie de cambios inabarcables.
Ampliar la forma de pensar y actuar
Conseguir otra forma de pensar y actuar no supone eliminar las conexiones neuronales que ya tenemos, como en el caso anterior, sino de ampliarlas.
Explico este ejemplo personal: Siempre he sido reacio a leer novelas, centrado como estaba, por mis estudios, en libros de psicología, geografía e historia. Un día se acercó a mi casa un amigo que trabajaba en el ayuntamiento de mi pueblo y me informó de que la biblioteca municipal iba a organizar una tertulia literaria mensual con un grupo, dirigido por un moderador, para comentar entre todos la misma novela. Me propuso que podría interesarme asistir a esa reunión. Le agradecí que me lo comunicara.
Me lo estuve pensando. ¿Por qué no probar otro tipo de lectura que desconocía? Al final me decidí, fui a la biblioteca y el encargado me apuntó para la primera sesión, entregándome una novela para leerla y luego participar en el grupo para comentarla. Fue una experiencia desconocida para mí que me introdujo en el mundo novelesco y en la conversación interactiva con todos aquellos que habían leído la misma novela. Descubrí que la misma novela leída por todos presentaba opiniones e interpretaciones diferentes que enriquecían la apreciación de los personajes. Asistí a la tertulia mensual. Gracias a mi decisión modelé mi cerebro para desarrollar una nueva actividad que desconocía. Es así como conseguí que mi cerebro generara nuevas redes neuronales. No por eso dejé de apreciar las lecturas que siempre me habían gustado y me siguen gustando. Como consecuencia de esa nueva experiencia, escribí una novela histórica titulada “La décima víctima de la Flotilla de la Libertad” , editada por la editorial Caligrama.
Inmovilizar la forma de pensar y actuar
Otra forma de comportarse consiste en perservar inalterables las conexiones cerebrales, manteniéndose los mismos pensamientos y acciones. Así se genera una personalidad conservadora que imposibilita nuevas formas de pensar y actuar, que podrían mejorar nuestra forma de ser y de estar en el mundo. Sin cambios no hay progreso, sino estancamiento. Solo con cambios se hace posible el desarrollo de una personalidad más dotada para pensar y actuar de una forma más ética, más hábil, más humana, más social , más eficaz o avanzada, o más cristiana.
Ese desprecio a desarrollar el cerebro, el órgano más importante de nuestro cuerpo, es una grave ofensa no solo contra nuestra personalidad sino contra Dios, que nos proporcionó un órgano para ir mejorando
Hay personas, partidos políticos o instituciones como la Iglesia que se niegan a realizar cambios en su forma de pensar y actuar. Tienen mentes conservadoras que se niegan a desarrollar el cerebro, el órgano más importante de nuestro cuerpo. Considero que esas mentalidades infravaloran la capacidad del cerebro para realizar cambios de mejoría, que afecten a la salud, a la educación, a la sociedad o a los creyentes. Ese desprecio es una grave ofensa no solo contra nuestra personalidad sino contra Dios, que nos proporcionó un órgano para ir mejorando.
Nuestro objetivo como seres humanos es la evolución hacia metas elevadas, con alturas de miras. Gracias a la evolución, nuestra especie existe. Gracias al progreso en todos los campos, gozamos de un alto bienestar.
La Iglesia es involucionista
Mientras Jesús predicó con sus palabras y hechos un cambio en la forma de pensar y actuar de las personas y de la sociedad, la Iglesia todavía mantiene una postura conservadora desde hace siglos, sin plantearse cambios relevantes propuestos por el Evangelio y los signos de los tiempos. Los pequeños cambios no son despreciables, siempre que se pise el acelerador en vez del freno. Quedarse en pequeños cambios sin avanzar sería un engaño, un lavado de cara. La Iglesia debe tener una actitud firme en no escudarse en la Tradición, e ir dando pasos hacia la clerecía de las mujeres: diaconisas, sacerdotisas y obispas; hacia el celibato opcional; hacia el divorcio de un matrimonio sin amor; hacia el aborto terapéutico; hacia la eutanasia cuando los dolores son insoportables; hacia una iglesia no patriarcal, ni jerárquica, ni autoritaria ,ni inmisericorde; hacia una Iglesia democrática en manos del pueblo de Dios y no de un Papa con poder absoluto .
Jesús es un modelo de cambio y de conversión que deben seguir todos aquellos que creen en él. La Iglesia comete un grave pecado al no seguir radicalmente a Jesús, por no realizar, en el pasado y en el presente, los cambios que él propone. No se trata de un pecado temporal, sino permanente . Solo realizando esos cambios, podrá transmitir con dignidad el Evangelio. No cambiar va contra la naturaleza humana y contra el proyecto de Dios, que envió a su Hijo precisamente para proponernos con sus palabras y sus hechos cómo debemos comportarnos para mejorar nuestra forma de pensar y de actuar.
Jesús es un modelo de cambio y de conversión que deben seguir todos aquellos que creen en él
Documento
El cerebro no es un órgano estático: es una estructura viva que puede transformarse a lo largo de la vida en respuesta a las experiencias, al aprendizaje y al entorno. Esta capacidad de cambiar y reorganizarse recibe el nombre de neuroplasticidad.
Así que tu cerebro nunca está realmente “terminado”: incluso cuando algo se ha consolidado con el tiempo, existe una posibilidad de cambio.
Las evidencias más recientes confirman que el cerebro se modifica de manera continua también en la edad adulta, lo que sostiene la capacidad de aprender, adaptarse y reorganizarse a lo largo de la vida (Gazerani, 2025).
La plasticidad, por tanto, no pertenece solo a la infancia: no tiene fecha de caducidad. Esto no significa que podamos cambiar cualquier cosa con solo esforzarnos, sino que el cerebro conserva durante toda la vida una cierta capacidad de modificarse en respuesta a lo que vivimos y aprendemos.
Ejercicios y hábitos que estimulan el cambio
Saber que el cerebro puede cambiar es un punto de partida importante. Pero ¿cómo se traduce todo esto en el día a día? ¿Cuáles son, en concreto, los ejercicios para la neuroplasticidad que la investigación considera más eficaces?
Algunas prácticas han demostrado ser especialmente útiles para estimular el cambio:
- Mindfulness y meditación: incluso unos pocos minutos al día de práctica meditativa pueden modificar la densidad de la materia gris en áreas ligadas a la atención y a la regulación emocional. No hace falta convertirse en un experto: basta con la constancia.
- Escritura expresiva: poner por escrito pensamientos y emociones, incluso de forma libre y no estructurada, ayuda al cerebro a procesar las experiencias y a construir nuevas perspectivas sobre ellas.
- Movimiento físico: la actividad aeróbica favorece la producción de factores neurotróficos, sustancias que, de manera literal, nutren y apoyan el crecimiento de nuevas conexiones neuronales.
- Pequeños hábitos cotidianos: cambiar de ruta, aprender algo nuevo, reducir el piloto automático en las actividades rutinarias: cada pequeña variación es un estímulo para el cerebro.
Lo que hace eficaces estas prácticas no es algo extraordinario, sino algunos principios fundamentales: repetición, intensidad, especificidad y constancia. El cerebro tiende a modificarse en respuesta a lo que hacemos con regularidad, atención e intención.
El cambio, por tanto, es una posibilidad biológica concreta, escrita en el funcionamiento de nuestro cerebro, a cualquier edad.
