¿COMO AGRADECER LOS BUENOS DESEOS?

Yo agradezco a Dios todos mis deseos de perfección y de santidad. Desde mi juventud no ha cesado el Señor de enviarme gracias actuales de buenos deseos. En mí está el convertir esos deseos en verdaderas resoluciones. Esa es la lucha constante con nosotros mismos. La única solución que se me ocurre es caldear nuestra alma en la oración y de allí salir con esa resolución que tanta falta nos hace.


Muchas cosas que leo en la vida de los santos no las deseo, ¿cómo podemos querer el dolor la humillación? Por otra parte cuanto más profundizo en el tema, más claro veo que, al avanzar en el amor a Jesucristo, forzosamente hemos de tratar de imitarle y de purificarnos. Por eso le digo al Señor: Deseo desear la humillación, el dolor, como los santos. No me atrevo a pedírtelo, porque me parece temerario. Pero, de verdad, deseo desearlo.

Hemos de alegrarnos cuando otros hacen el bien tanto como cuando lo hacemos nosotros. Eso es de verdad querer la gloria de Dios. Sentir celos por el bien obrado por otros, no es sano desde el punto de vista cristiano. Cuando los sienta me humillaré ante Dios y procuraré rectificar mi intención. Y pienso que estos buenos deseos y resoluciones debiéramos sembrarlos por todos los ambientes donde nos movemos. Yo en mis clases, en mi familia, con mis niños. Tú en el ambiente en que te mueves. Dios nos quiere a nosotros buenos, perfectos, santos. Y desea que vayamos animando a esto mismo. Es cuestión todo de llenarnos en la oración del verdadero amor.

José María Lorenzo Amelibia

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