AMOR AFECTIVO A DIOS

¡Qué maravilla la vida interior! Gozamos de los bienes de Dios como si fueran nuestros! Hablamos muchas veces de buscar a Dios, pero yo creo que quien desea a Dios poseyéndole por la caridad, por la gracia santificante, no le desea para buscarlo, sino para gozar de este afecto dentro del Bien mismo de Dios. Resulta consolador. Poco a poco comienza uno gozando de alabar a Dios, de que Dios sea Dios, de que su bondad sea infinita, de que sea eternamente feliz. Después resulta esto nuestro gran consuelo.


Tiene que ser maravillosa la vida como llegaron los santos; con esta idea: poco me importa vivir o morir, pues que mi Amado vive eternamente con la vida gloriosa. En los santos el deseo de aumentar la complacencia en Dios ha llegado a apartar todo otro placer para practicar con intensidad tan sólo el surgido de la contemplación de la bondad divina.


José María Lorenzo Amelibia
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