Buzón del montañero

Sugerencia a montañeros

Iniciativa feliz

José María Lorenzo Amelibia
19 jul 2019 - 11:00

Buzón del montañero

Estimado compañero de montañismo: Te envío la tarjeta que depositaste en el buzón de Artich y junto a ella mi cordial saludo.

Yo también, desde hace 4 años tengo gran afición al monte y me vas a permitir que te diga algo de mi experiencia personal por si te puede servir.

Recuerdo que contaba a un amigo lo bien que viene la natación para hacer algo de ejercicio. Y él me comentaba: -Además, una vez que te echas al agua, quieras o no, a la fuerza debes moverte. No hay quien deje de hacer ejercicio dentro del agua.

Con el monte a mí me sucede lo mismo, pero en otro sentido. No me extraña que los grandes orantes de la historia hayan gustado de la soledad de las montañas.

Yo podría decir: nada más pisar el monte, todo invita a la oración y unión con Dios.

¡Qué hermoso poder disponer una mañana semanal para dedicarla del todo a Dios en la soledad del monte!

Es el encuentro con Dios más inmediato después de la Eucaristía. Allí me uno al Señor con una experiencia religiosa inigualable. Llevo en mi mochila varias cosas. Entre ellas algún salmo que me inspira.

Leía en el salmo 112: "¿Quién como el Señor que se asienta en lo alto y desde allí mira el Cielo y la Tierra?" Imaginaba al Señor sentado en aquel castillo desde el que yo contemplaba el gran horizonte. Con paz. Sin prisa. Cerca de Él. "Del polvo eleva al necesitado y del estiércol rescata al pobre".

Si en alguna ocasión te han venido dudas de fe, piensas: ¿Qué le cuesta al Señor resucitarnos para llevarnos a su gloria; a El que crea todas las cosas por millones y millones y millones...

Todo me habla de Dios o de su amor, poder y fuerza. De todo saco consecuencias de tipo de profundización interior.

Hace ya bastante tiempo vi un árbol gigante caído, mientras subía al monte. Me extrañó, pero nada pude deducir. Al regreso me fijé en un detalle. En la base de aquel árbol se veía ceniza y carbón de brasas quemadas. Observé todo al detalle. El gigante tenía un hueco en la parte inferior. Algún despreocupado hizo fuego en ese hueco. Al quemarse, destruyó la base del árbol y éste cayó desplomado arrasando ramas y arbustos en todo el diámetro de su extensión.

Así es nuestra vida. Si quemamos la base de nuestra convicción personal, poco a poco se desmoronará toda nuestra existencia. Vale la pena mimar como la niña de nuestros ojos esta convicción profunda de fe.

Recibe un saludo y mis mejores deseos para ti.

José María Lorenzo Amelibia

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Mi blog: https://www.religiondigital.org/secularizados-_mistica_y_obispos/ Puedes solicitar mi amistad en Facebook pidiendo mi nombre Josemari Lorenzo Amelibia

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