CONSTELACIONES. Confidencias al clero

Secularizados, mística y obispos: Josemari Lorenzo
12 jul 2017 - 19:18

La santidad rara vez se da aislada. Los santos son como las estrellas. Constituyen constelaciones.

Y es verdad. Lo estamos comprobando: cuando surge un hombre de gran virtud: alrededor aparecen otros varios con deseos vehementes de santidad. Muchos luego, perseveran. Otros se quedan en la estacada. El padre Nieto fue uno de esos santos estelares que atrajo y sigue atrayendo, en este siglo XX tan flaco en santidad, centenares de almas con afán continuo de entrega al Señor hasta la donación total.

Yo quisiera que nosotros fuéramos, dentro de este firmamento de la Iglesia, una pequeña pléyade de santidad. Vamos a unirnos y vamos a animarnos mucho.

Porque el ambiente es cada vez más de hedonismo y corrupción. Hemos de unirnos para superar esta tendencia. Estamos trabajando con esta ilusión. Todos los conventos de clausura de España se encuentran en una campaña de oración en favor de la santidad de los sacerdotes y de las personas

consagradas. El Señor nos tiene que escuchar. El hombre providencial que ha influido en este siglo XX de manera extraordinaria, el Padre Manuel García Nieto en proceso de Beatificación, es el protector y guía de esta campaña de santidad sacerdotal y religiosa.

Hay épocas y lugares en que la santidad aparece no como hecho aislado, sino como en grupo: constelaciones de santos. Creo que en la primera mitad de nuestro siglo así ha sucedido. Podemos comprobarlo en los procesos abiertos de canonización. En la segunda mitad nos da la impresión de una especie de recesión en la santidad heroica. Por eso ahora hemos de unirnos todos en el empeño común: lograr de Dios, por intercesión de Cristo, bajo el patronazgo de este hombre admirable contemporáneo, que haga surgir grandes santos en la Iglesia como lo hizo en las épocas más necesitadas.

El Padre Nieto fue una estrella refulgente dentro de la constelación. El se estimuló hacia las virtudes heroicas viendo a otros santos, y arrimado al horno del Amor, el Sagrario. A su vez él fue un torrente animando a sus seminaristas a la perfección y a la vida de oración. No descansaba. Nieto se veía en la necesidad de empujar a los grupos, recibir a 400 seminaristas cada quince días, multiplicar sus pláticas a más de doscientas al año. Apenas dormía.

Hemos de tener en cuenta que dos corazones fusionados se ponen a la misma temperatura, como el hierro y el fuego. Por eso cuando una persona arde en amor de Dios, propaga ese amor por todas las partes. ¡A la fuerza! Tal vez la crisis de hoy sea principalmente de hombres santos. A ver si nosotros vamos formando una constelación. El tiempo urge. La vida es breve. Unámonos a esta campaña de oración. Para hacer, Señor, más fecunda nuestra caridad, dadnos sacerdotes santos.

José María Lorenzo Amelibia

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