MUCHOS CREADORES ENFERMOS
Ser rico, listo, guapo, buen deportista, triunfador. Parece el no va más de esta vida; la aspiración de todos los humanos. Pero a mí me da qué prensar y no sé si será tan buena suerte.
José Guimón es catedrático de psiquiatría. En una conferencia afirmaba : “Existe una relación entre la depresión y la manifestación artística. Es evidente que crear exige un cierto grado de frustración”.
Conocemos el caso de varios pintores famosos impresionistas que nunca hubieran llegado al cenit del arte sin ciertas taras de tipo psicológico e incluso fisiológico. Basta recordar a Lautrec y a Van Gogh. Parece ser que los genes que provocan la angustia dan lugar a una especie de vibración en el sistema nervioso que impulsa al artista a proyectarse en la obra.
En literatura ocurre algo parecido. Se ha comprobado en un taller de escritores norteamericano la incidencia de problemas maníaco – depresivos con una producción literaria rica en imaginación, belleza y calidad en todos los sentidos. Basta asomase a los estudios profundos realizados por los autores Nancy Andresen y Kay Jamison.
A veces da la impresión de que las personas felices no sienten esa euforia necesaria para la realización de grandes creaciones literarias y plásticas.
Y en los anales de la santidad, también en muchos casos se comprueban las grandes frustraciones psicológicas, afectivas, de tipo depresivo o fisiológico que han estimulado a pacientes venerables hacia las cumbres de la santidad. De todos es conocido el caso de San Francisco de Borja, San Telmo, Santa Gema Galgani y otros muchos que nunca hubieran llegado a las cumbres de la santidad sin las grandes taras, malformaciones o desengaños que sufrieron.
A lo largo de mi vida me ha tocado tratar con personas de una gran talla espiritual. En varias ocasiones he comprobado que el inicio o el estímulo principal de su virtud ha comenzado con ocasión de una enfermedad o accidente. En otros, ante la infidelidad de su cónyuge. Con frecuencia, al no poder conseguir lo que para ellos era la suprema ilusión de su vida, se han entregado a una profunda vida interior.
En muchas ocasiones las desgracias aparentes son verdaderos dones de Dios que nos impulsan a las alturas. “Quien tiene colmadas todas sus necesidades o aspiraciones, muchas veces no pasa en lo humano de ser una medianía” (José Guimón).
Cuando llega la frustración es preciso sentarse tranquilo en la presencia de Dios y pensar confiados por qué senderos querrá llevarnos.
José María Lorenzo Amelibia
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