PARA CRECER EN EL AMOR DE DIOS

A curas, frailes, monjas, diáconos y seminaristas

La experiencia me lo va demostrando: los años que pasé entretenido en mil placeres pequeños me fueron del todo anodinos y estériles; los apetitos sensibles cansan al alma y la atormentan. Son como hijos inútiles y mal criados. Entonces la única solución que veo es la fuerza del amor de Dios. El es quien me ha de ayudar a salir del atolladero del placer sensible.


Mientras estemos a merced de nuestros gustos o repugnancias sensibles, no seremos libres y el Espíritu de Dios no influirá en nosotros de la manera total y eficaz. Esto lo afirman todos los que hablan de temas espirituales.
El que es incapaz de hacer lo que le repugna, aun cuando sabe que le conviene, ¿cómo va a poder amar a Dios de verdad?

¡Cómo llego a comprender al P. Nieto que había decidido no procurarse nunca un placer! Así le fue en su vida. Y no lo dudo que ha sido una de las personas más felices que hemos podido conocer.

La liberación del placer de los sentidos ha de ser poco a poco
total, progresivamente, sin estridencias, pero sin pausa.
Leía en Tissot que el espíritu de penitencia está en el gozo animoso que se tiene en sufrir algo por Dios. ¿Verdad que en temporadas de fervor se experimenta? Yo quisiera estar siempre en esa disposición de ánimo, en ese estado de alerta percepción, a la escucha siempre de estos silbidos amorosos del Pastor.
¡Señor, dadnos el don de abnegación!
La felicidad o el placer de los bienes de este mundo, si nos agarramos a ellos, borran poco a poco de nuestra memoria la ilusión, y preocupación por la virtud y por los bienes eternos. Nos alejan de Dios. El ansia de placer es inagotable. Y nuestra naturaleza se agarra al placer de tal manera que, si eliminamos uno al que nos sentimos muy adheridos, enseguida nos agarramos a otro.

¿Cómo crecer en el amor de Dios y darnos todos los gustos
naturales?
Por eso, la mortificación en la vida espiritual debe estar
siempre presente.
Ahora envidio los tiempos de mi primera conversión; cuando sacrificarme era para mí algo continuo. Pero a eso pretendo llegar otra vez. No sé cuál será tu experiencia en este sentido.
José María Lorenzo Amelibia
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