Cuidado con el miedo de los niños
Enfermos y debilidad
Cuidado con el miedo de los niños
Parece una exageración el título, pero puede llegar a realidad. En la edad infantil, preadolescencia e incluso en plena pubertad, el miedo constante o periódico degenera en trauma e incluso en enfermedad mental.
A mí me ha ocurrido; por eso lo afirmo junto con los psicólogos modernos. De pequeño era muy miedoso, pero me cupo en suerte un padre que ahuyentaba de mí el temor. Su profesión militar era para la familia un seguro, y más en la década de los cuarenta. Pero no me fue suficiente su protección; años más tarde, en plena adolescencia, un nefasto profesor, cuyo nombre no cito por respeto a mí mismo, se encargó de meterme el miedo hasta el tuétano con sus amenazas, vituperios y escarnios, por el terrible delito de no conseguir aprender de carretilla las reglas que él nos exigía. Me costó superarme, y ha sido la única época de mi vida de baja autoestima. Espero que el Señor le haya perdonado, porque pienso que el pobre hombre quería acertar.
Se me ocurren unas sencillas orientaciones para conseguir que el niño no caiga en el miedo, y menos aún en el terror, que todo es posible. Padres y educadores hemos de transmitir siempre seguridad y confianza; y nunca han de vernos asustados ni atemorizados. También les ayuda constatar que otros compañeros no temen la oscuridad ni la presencia de animales.
Es preciso mostrar a nuestros hijos o educandos la verdadera información en todo, sin tapujos ni mentiras; requisito indispensable para que su imaginación no corra por los senderos del miedo. Supervisar siempre el contenido de cuanto ven en televisión y cine; darnos cuenta de que pueden hacer interpretaciones erróneas, y para ello es preciso explicarles bien, y no caerán en fantasías nocivas.
¿Y los castigos? Cuantos menos, mejor. Sustituirlos por la prevención de faltas y por el estímulo a la virtud con pequeñas recompensas. Hoy está muy de moda premiar a los niños con puntos, canjeables por premios en un tiempo determinado.
Con los más pequeños conviene mantener las rutinas; disminuyen el miedo hacia lo desconocido; se sienten más seguros en esos primeros meses de vida. Y cuando ya entienden, es aconsejable prepararlos para los cambios.
Un principio muy bueno, evitarles disgustos y situaciones estresantes, por ejemplo las causadas por discusiones entre mayores; les proporcionan estas actitudes gran inseguridad. Y mucha comprensión con ellos, y un gran interés por cuanto les está ocurriendo. Estas normas sencillas pueden ayudar a alejar de nuestros pequeños el fantasma de la enfermedad mental.
José María Lorenzo Amelibia
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