Cura de Ars, alma eucarística
Tal vez pasen de veinte las veces que he leído la biografía del Cura de Ars, la clásica y mejor, la de Trochu. Y de confesar que en algunos pasajes la leo siempre con suspiros de emoción.
¡Quién pudiera mantener aquel fervor constante delante de la Eucaristía!
Una de las páginas que más impresiona es cuando dice: "La inmensa presencia de Jesús sacramentado estaba allí, en aquella iglesia de pueblo, rodeada de la nada de las almas, de la falta de amor e indiferencia de la gente". Así era en los comienzos la estancia del reverendo Vianney en Ars. Después, todo cambió radicalmente.
¡Y pensar que ahora seguimos lo mismo! ¡Y pensar que ahora hemos retrocedido en el fervor eucarístico! En pueblos y ciudades, iglesias cerradas por ausencia de amor hacia Aquel que decidió quedarse entre nosotros.
Es más triste en ocasiones la indiferencia que el odio. Al menos el odio reconoce la existencia de alguien. Jesús sigue siendo - ¡y hoy más que nunca! - el gran ignorado, inexistente para la mayoría, incluso de los que comulgan. La rutina causa estragos. ¿Qué podríamos hacer todos los amigos del "Ameno Huerto" para aumentar esta devoción a Jesús sacramentado?
El santo cura de Ars permaneció horas interminables en adoración delante del Sagrario, antes de que el pueblo se entregara a su acción apostólica.
Nosotros, seglares o sacerdotes con cura de almas, no tenemos otro remedio, si deseamos ser efectivos en nuestra labor evangelizadora, que hincar las rodillas un día y otro delante del tabernáculo como nuestro cura de Ars.
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