DIOS NUESTRO GRAN AMOR

Espiritualidad

DIOS NUESTRO GRAN AMOR 

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Dios, nuestro gran amor

Amigo mío, hemos de amar a Dios con todas nuestras fuerzas, de todos los modos posibles, ser los enamorados de Dios. Y esto no es para que nos volvamos con "manía religiosa" como algunos dicen. Es una lógica pura de quienes deseamos cumplir bien la primera exigencia de nuestra fe. Este amor al Señor reclama dolernos de nuestras faltas, pero no por el amor propio fracasado, sino por el gran amor a Él profesado.

Este amor nos exige cumplir bien con nuestra profesión, con nuestro ministerio, con el gran amor a nuestros semejantes. Este amor nos exige que, si fuera posible, le proporcionemos algún nuevo bien y felicidad, y como esto no puede ser intrínsecamente, nos esforzaremos en buscar su gloria extrínseca, trabajando en difundir el reino de Dios. Sobre todo, esta hambre de Dios nos va llevando poco a poco al amor más puro, sin mezcla de interés personal. Por este amor nos complacemos en las infinitas perfecciones de Dios: "gratias agimus tibi popter magnam gloriam tuam".

Llego a comprender el entusiasmo de los santos. Se extasiaban ante las perfecciones de Dios, aunque yo no llegue ni mucho menos a ello. Y lo siento. Lo siento más porque ya mi vida va para adelante y quisiera cumplir del todo, con toda fidelidad, con la voluntad de Dios, dándole la gloria por El dispuesta. Eso es ya imposible. Y es para llorar. Menos mal que es Padre...

En nuestras conversaciones de antaño hemos hablado algunas veces del hambre de Dios. Esto va muy unido con el deseo de Dios, esa ansia de perfección, ese aspirar al adelantamiento en la santidad hasta llegar al final.

La santidad es el supremo bien, el gran tesoro escondido de este mundo, el que nos llevaremos después de la muerte. Los santos han estado firmes en este deseo. Nos consta de Santa Teresa: llevaba siempre en su ánimo esta decisión. San Valentín de Berri Ochoa llegó a decir: Yo seré el primer santo vizcaíno. El Señor permite grandes obstáculos para probar nuestra confianza en El. Muchos se alejan. Otros caminan - o caminamos - a paso de tortuga, con pequeños avances y a veces con grandes retrocesos.

Este deseo de perfección ha de ser constante. Y sobre todo eficaz. No hagamos como el estudiante que quiere aprobar y luego no estudia. Vivir en tensión espiritual es fundamental y exige un esfuerzo continuo. A veces para lanzarnos con eficacia, para quitar un mal hábito, vamos retrasando la decisión a: "otro día".

Aquello de Lope de Vega ¡cuántas veces ha tenido su realización en mí: "Mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana." No sé si a ti te habrá sucedido algo parecido. Lo importante es cambiar de actitud. El tiempo es breve.

José María Lorenzo Amelibia  

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