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El Papa, con las víctimas

EUCARISTÍA, LA NIÑA DE MIS OJOS

Estoy convencido de que Jesucristo nos ha de infundir una amor apasionado hacia El, como lo hizo con los santos. Hace falta que sigamos su inspiración, sus sugerencias. Siempre está pidiéndonos algo. Lo malo si no le hacemos caso. Entonces poco a poco nos entra la sordera. ¡Cuántas veces lo experimenté en mi vida! Ojalá de una vez aprendiera a hacer caso a Jesús.

Me admira el amor de los santos. Estoy leyendo esos folletos que salen en Vida Nueva cada mes con la vida de algún santo. Me estimulan mucho. Ellos sí tenían amor apasionado a Jesús. Jesús también nos ama con pasión en la Eucaristía. Si no lo hubiese experimentado, me parecía que hablaba de memoria. Supongo que tú también lo has notado muchas veces.

Todo es cuestión de fidelidad a la oración, a la Misa o comunión bien preparada. Comprendo la dificultad de la misa con fervor cuando un cura tiene que celebrar tres o más misas en un día. Sé de alguno que celebra casi mil Eucaristías cada año.

Hace falta mucho temple para prepararse bien. Pero es posible. Y creo que, si lo hace, nadie habrá con amor más apasionado a la Eucaristía que él. Merece la pena. Vamos a decirle juntos ahora al Señor: Es preciso que te visite con fe, que te ame con pasión, lo demás vendrá por añadidura. Te lo voy a pedir todos los días. ¡Como el cura de Ars que derramaba lágrimas todos los días al repartir la comunión.

Me impresionó una frase del San Pedro Julián Eymard, apóstol de la Eucaristía. La copié y la tengo ahora encima de la mesa: "Allí donde la Eucaristía es olvidada, la Iglesia no tiene sino hijos infieles, cuya ruina no tardará en llegar." Por eso me preocupa el estado actual de nuestra tierra. Cada vez más Iglesias cerradas; menos gente que va a Misa; mayor abandono de los sagrarios. Merece la pena volver a aquel fervor eucarístico de antaño. Hacer campaña, ambiente, apostolado. La Eucaristía es la salvación del mundo.

Cuántas veces nos suele suceder: por la mañana en la comunión promesa de fidelidad, de unión de sacrificios, luego, a lo mejor, ni siquiera media docena de pensamientos sobre Jesús durante toda la mañana. Y el amor que Jesús nos muestra, quiere verse siempre correspondido. Y hemos de tener en cuenta que al no serlo, puede ir cerrando poco a poco las puertas e irse. Hemos de ir huyendo cada vez más de la tibieza que nos suele dominar durante el día, si no estamos sobre aviso. Parece que la vida propia es una lucha constante del amor de la Jesús en la Eucaristía y la propia rutina en estas cosas santas. Ha de ganar El. Vamos a ponernos a tiro.

José María Lorenzo Amelibia

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