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¿Final de Belorado (en Belorado)?

Enfermedades del siglo XXI

No me refiero al sida; ni siquiera al terrorismo ni a los accidentes, plaga de la juventud.

Maribel es una chica normal: morena; de 23 años; quería sentirse independiente y sale de su pueblo de León y, con los pocos recursos que le han dado sus padres, marcha a Madrid a buscar un trabajo. Recorre calles; ansía juntarse con gente. Cuando no tiene ninguna perspectiva de trabajo, después de haberse alojado tres o cuatro días en un albergue de transeúntes, tan sólo se le ofrece una salida: la prostitución. Afortunadamente consigue reaccionar, y, triste, regresa a su pueblo, de donde no debiera haber salido sin unas pistas bien concretas de encontrar una forma honesta de vivir. Hoy ni en Madrid ni en cualquier otra ciudad, se consigue un puesto laboral por el solo hecho de ser decidido y abandonar con arrojo la casa paterna.

Conocemos decenas de jóvenes con brillantes carreras que, después de haber terminado sus estudios y haber completado su preparación, con aprendizaje de lenguas y diversas técnicas, han pasado tres o cuatro años y todavía no han conseguido su primer puesto de trabajo.

Algunos caen en la depresión; otros "pasan" de la vida, que también es una manera de enfermar. Fuertes, sí, como torres, pero débiles al sentirse marginados y engañados por una sociedad que les prometía ganancias sin cuento y les regala marginación, o lo que es peor, un trabajo de esclavitud con escasa remuneración y sin ningún tiempo libre; entre diez y trece horas de jornada laboral.

De esta enfermedad se ocupan los más espabilados: algunos concertadores de trabajo temporal, dando sueldos disminuidos hasta en un sesenta por ciento.

Esta juventud sufrida, honrada, callada, siente en su propia carne el desgarro de una enfermedad atípica, que no necesita de suyo ni médicos ni medicinas. Sí precisa levantar el corazón a Dios para no perder la esperanza. Y, sobre todo, precisa una vigilancia eficaz, (leyes ya existen) que impida la esclavitud camuflada. Que de una vez se detecte y sancione a quienes abusan del necesitado, y lo someten a condiciones laborales superadas ya hace ya más de medio siglo.

José María Lorenzo Amelibia

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