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Evangelizar, sí

Evangelizar es algo que todo cristiano hemos de llevar dentro del alma. “Ay de mí si no evangelizare”. La jerarquía de la Iglesia siempre se ha preocupado de esto. A lo largo de la historia se van presentando nuevos modos de evangelización por todas las partes. En mi ya larga vida voy conociendo muchos. Aquí enumero los que me vienen ahora a la memoria:

-La acción Católica.

-La misión continua de la Iglesia en lugares donde nadie ha predicado.

-Los Ejercicios espirituales.

-Los cursillos de cristiandad.

-Las ejercitaciones por un mundo mejor.

-Los coloquios.

-Los distintos movimientos obreros, de patronos, de seglares…

-La Nueva Evangelización.

Este último es el más moderno. Lo inició Juan Pablo II poco antes de comenzar el siglo XXI. Hasta el momento presente se ha hablado mucho de ello; incluso ha habido uno o dos sínodos de obispos dirigidos a darle un impulso.

Pero todavía no he visto grande entusiasmo masivo, ni siquiera a nivel del clero, en ello.

Mayor ha sido la ilusión mundial por los cursillos de cristiandad, por las Ejercitaciones del mundo mejor, por los Ejercicios espirituales y la Acción Católica. ya en decadencia todo ello. Y sería muy bueno potenciar todas estas grandes empresas apostólicas e involucrarlas en la Nueva Evangelización. Y aumentar toda su influencia a todos los niveles.

He visto algún conato de salir por las calles a evangelizar, pero muy tímido. Algo también de marchar por las casas a dialogar; muy poco. Siguen, hasta el momento en que esto escribo, nuestros obispos muy apoltronados en sus rutinas canónicas, jurídicas, legislativas y de gobierno, pero no los veo mojarse dando ejemplo de evangelizar a los pobres, en las calles, en los pueblos… y dejar a seglares y ancianos tareas más de tipo burocrático. Comprendo que es difícil.

El papa Francisco mucho se está empeñando en todo. A ver si pasamos de admirarlo a seguirlo, de alabarlo a lanzarnos en la viña del Señor. Porque todo que se reduce a reuniones y diálogo suele quedar en papel mojado. Necesitamos apóstoles de gran magnitud y aprovechar todas las fuerzas. Y no discriminar, sino potenciar.

Cuando salí del clero me entregaron un rescripto de secularización indigno de ser entregado a nadie. Enseñarlo causaba sonrojo. Parecía que el poseedor de él era poco menos que un réprobo, porque todo eran cautelas y prohibiciones para él. A nadie se le puede impedir evangelizar y menos a un sacerdote, con tal de que predique en el amor y dentro de la ortodoxia católica. Aprovechar todas las fuerzas y no despreciar ninguna. Y pidamos al Señor por que surjan en nuestra Iglesia Apóstoles de primera magnitud como los ha habido en casi todos los siglos.

José María Lorenzo Amelibia

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