Fiesta grande: El Corpus Christi
¡ Para Él lo mejor de mi vida!
En un pueblecito de nueve casas acompañé a Jesús en la procesión del Corpus. Antorcha de sol encendido era la mañana. Silencio y pájaros la música ambiental. La misa fue solemne: volutas de incienso puro llenaron el recinto sagrado.
Doce niños, veinte mayores y el sacerdote acompañaban a Jesús. Tres mozos volteaban las campanas, y uno lanzaba cohetes por los aires, como flechas de amor sencillo de los hombres de mi aldea.
Mi alma se llenó de cielo. Mis ojos se centraron en la blancura de Cristo hecho pan. Mis labios cantaban con las personas humildes: "Hostia pura, Hostia santa, Hostia inmaculada, seáis por siempre, bendita y alabada." Adorar a Dios en la Eucaristía. ¿Por qué muchos acuden al Señor tan sólo como remedio de sus males?
Hoy es el día de alabarle, de adorarle. ¿Por qué ansiaremos siempre pedir?
Procura, amigo, dedicar tiempos a la adoración. Nuestro Dios merece el obsequio de la total entrega. Repite despacio el himno de los ángeles: " Gloria a Dios en el cielo...por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te glorificamos..." Brote de lo íntimo de tu ser: "Te adoro sagrada Hostia; pan vivo y alimento de los ángeles."
Detén a menudo el camino de tu vida. No busques nada para ti. Entrégalo a Dios todo en adoración. Verás cómo, aunque no pidas ni siquiera ser bueno, El cubrirá tu alma bajo capa de santidad, como el aire envuelve a las aves que trinan sus arpegios en la mañana del Corpus.
Ver página web del autor: http://web.jet.es/mistica